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Jornada en Homenaje a José Verocay (1876 - 1927)

Martes 10 de diciembre hora 19. Salón del SMU

LOS ESTUDIANTES Y VEROCAY 
por el Prof. Eduardo Wilson

La actuación de Verocay como médico en su país fue, como lo señalara el Dr. De Armas, breve, accidentada, y con muy poca incidencia en su especialidad, la anatomia patológica.

Tuvo un breve pasaje por Montevideo en 1906, cuando, al crearse la cátedra de Anatomía Patológica en nuestra Facultad, se presentó como aspirante a Profesor. Permaneció poco tiempo y retornó a Europa antes de definirse el nuevo profesor, lo que probablemente haya incidido en la designación de su oponente, el Dr. Caffera.

Varios años después, en 1918, luego de finalizada la Gran Guerra, retornó al país por razones familiares, radicándose en el departamento de Río Negro, donde se encargó de los bienes familiares y ejerció como médico de campaña. A partir de 1921 pasó a residir en Montevideo y fue nombrado médico de Sanidad Militar. En 1922 pasó a ser médico anátomo-patólogo jefe de dicha dependencia. Dos años después fue nombrado profesor de Anatomía Patológica de la Escuela de Odontología y el mismo año aspiró nuevamente al cargo de Profesor de Anatomía Patológica, que dejara libre el Dr. Caffera. Luego de un informe que despertó críticas y protestas, se nombró al Dr. Eugenio Lasnier. Una vez más quedaba relegado Verocay.

Este episodio originó una serie de reacciones en la comunidad estudiantil, de medicina y odontología, que revelaban tanto la disconformidad con el nombramiento de Lasnier como la reprobación de un evidente desconocimiento de los méritos adquiridos por Verocay en el exterior.

Repetidamente El Estudiante Libre, periódico de la Asociación de Estudiantes de Medicina, hizo mención a estos hechos, con artículos conteniendo una honda carga afectiva. En diciembre de 1925 se publicó un artículo titulado ”Incorrecta actitud del Dr. Lasnier. Bochornoso espectáculo” que dice así: “En la reciente visita que el ilustre histólogo español Río Hortega hizo a nuestra Facultad, para desarrollar en ésta un ciclo de conferencias, ocurrió un lamentable suceso del que fue causante y actor principal el doctor Eugenio Lasnier y que ha dejado muy mal parada nuestra mentada cultura universitaria delante del ilustre visitante que presenció el bochornoso espectáculo a que hacemos referencia.”

“ Los hechos ocurrieron de la manera siguiente: Habiendo ido a visitar el doctor Verocay al profesor Río Hortega en su residencia, el doctor Verocay fue invitado por el histólogo español a concurrir a la conferencia que éste dictaría instantes después en la Facultad de Medicina, en el Instituto de Anatomía Patológica, que las autoridades habían puesto a su disposición. Accedió a la invitación el doctor Verocay y acompañó al doctor Río Hortega a la Facultad. Había comenzado ya a dictar su curso el conferencista español, cuando entró en el salón el doctor Lasnier, quien al ver allí al doctor Verocay, y olvidando el respeto que debe inspirarle la alta personalidad científica del doctor Verocay, prorrumpió airadamente contra éste profiriendo toda clases de ridículas amenazas e intentado expulsarlo del Instituto, en medio de gritos e interjecciones destempladas, por no haber cometido el doctor Verocay otro delito que haber pedido el concurso de oposición para la Dirección del Instituto de Anatomía Patológica.”

“El doctor Río Hortega que en ese instante estaba observando al microscopio las fibrillas nerviosas periféricas coloreadas por nueva técnica, levantó la vista para observar las interesantes reacciones medulares del Director del Instituto de A. Patológica del Uruguay cuando le colocan frente el reactivo de esa personalidad científica eminentemente superior y de la misma nacionalidad.”

“No poco hizo avergonzar el doctor Lasnier con su incorrecta actitud a los demás profesores de nuestra Facultad que estaban allí presentes y el doctor Río Hortega que, como hemos dicho, presenció tan deslucida actitud debe haberse formado un concepto harto inferior de nuestra cultura universitaria.”

“Como tal vez recuerden todavía nuestros lectores, este doctor Lasnier es aquel mismo doctor Eugenio Lasnier que, en mala hora para la causa estudiantil ocupó la banca de delegado de los estudiantes en el Consejo de la Facultad, y que después de su fructífera gestión, en la que desvirtuó totalmente los ideales estudiantiles, fue nombrado, por “sus méritos y trabajos” Director en Jefe de los Laboratorios de las Clínicas en el Hospital Maciel, Director del Instituto de Anatomía Patológica y Catedrático de esta asignatura…”

“Creemos que el Consejo de la Facultad está en la obligación de pasar un severo apercibimiento a este señor que con su prepotente incorrección ha dejado tan mal parada a nuestra cultura universitaria ante el ilustre visitante español que se retiró muy desagradablemente impresionado.” “Recklinghausen”

En enero de 1926, otro artículo titulado “Verocay y Lasnier. Sus respectivos méritos” destaca los méritos europeos de Verocay, las opiniones favorables de Hans Chiari y transcribe argumentos escritos por el propio Verocay reclamando contra lo que consideraba una decisión injusta. En los 2 números siguientes se volvió sobre el tema: “Sobre el concurso de la Dirección del Instituto de Anatomía Patológica. Inmensa arbitrariedad cometida contra el Dr. Verocay” y “De la protesta del Dr. Verocay. Enérgicos conceptos”, transcribiéndose nuevos conceptos de Verocay expuestos en su pedido de reconsideración de la decisión del Consejo de la Facultad de Medicina, y apoyando tal reclamación.

Al mes siguiente, febrero de 1926, aparece otro artículo: “La protesta del Dr. Verocay. Sobre la actitud del Decano de la Facultad”. En este nuevo escrito se analiza otra nota de Verocay reclamando contra la conducta del decano Manuel Quintela, quien después de haberse pronunciado públicamente a favor del Dr. Lasnier, pasó a integrar el tribunal luego de la renuncia del Dr, Caffera, en carácter de presidente del mismo. Agrega el artículo que el decano había evitado a Verocay dictar un curso libre de Anatomía Patológica en 1922 al no haberlo anunciado, en forma supuestamente intencional. Más adelante, otro artículo titulado “El Dr. Scremini y el asunto Verocay” transcribe otras partes de la nota de protesta de Verocay, en la que rechaza las afirmaciones del Dr. Scremini respecto a la inactividad del Dr. Verocay.

En agosto de 1927, cuando Verocay había decidido partir hacia Europa agobiado por su enfermedad y por la falta de apoyo local, la Asociación de Estudiantes de Odontología, respaldada por la AEM, le organizó un homenaje. Este se realizó en el Salón de Actos de la Facultad de Medicina, repleto de público, e hicieron uso de la palabra el Ministro de Instrucción Pública Enrique Rodríguez Fabregat, los Dres. Mussio Fournier y Capurro y los estudiantes Pagano de Odontología, Segovia y Aguerre. Este último expresó lo siguiente:

            “Cuando la Comisión Directiva de la AEM fue invitada a adherirse a este justo homenaje, un vivo sentimiento de simpatía se manifestó unánimemente entre sus miembros. Tan espontáneo fue ese movimiento que inmediatamente se lamentó el no estar más ligados al Profesor Verocay que lo que lo están actualmente nuestros compañeros de Odontología, para poder tomar la iniciativa del homenaje justiciero a la fecunda actuación del sabio Maestro.”

“He dicho señores, que se lamentó el no estar más ligados al profesor Verocay, pero se me ocurres que, tal vez, no es esa la verdad. No es necesario que un maestro ocupe la Cátedra, para enseñar; ni que los discípulos se agrupen en las gradas del Anfiteatro para sentirse ligados mutuamente por el afecto y la correspondencia que debe existir entre el que enseña la Verdad y los que ávidos de ella reciben las enseñanzas; no, no es necesario.”

“El Profesor Verocay seguramente pensó en nosotros los estudiantes y en particular los de Medicina, cuando rehusando una brillante carrera de la que ya había recorrido victoriosamente las primeras etapas, volvió a su patria ansioso de sembrar la semilla de sus enseñanzas y de cosechar abundante fruto para la ciencia uruguaya. Pues bien, los estudiantes de medicina han contraído una deuda con el doctor Verocay y tratan hoy de saldarla, al menos en parte”

“Las circunstancias, la injusticia, la ingratitud, la envidia, conspiraron contra la generosa resolución del noble patriota. El doctor Verocay al ostentar el título de profesor, no puede decir que lo sea de la Facultad de Medicina, pero sí, puede decir muy alto, que si no es profesor oficial, lo es por aclamación de la masa estudiantil que lo reconoce como tal y honra hoy sus méritos con este magnífico acto”.

“Sí, profesor Verocay, estad seguro que sois profesor de los Estudiantes de Medicina. Y al designárseme para usar de la palabra en representación de la Asociación de Estudiantes de Medicina también me fue confiada la misión de transmitiros que por parte de mis representados se quiere haceros un desagravio. Y bien, en ese carácter, es que yo, un estudiante, que os habla en nombre de estudiantes os proclama en esta Asamblea, Maestro insigne de la generación médica actual, a pesar de todo y contra todo.”

En enero de 1928, ya producida la muerte de Verocay, publica el Estudiante Libre bajo el título “El Profesor Verocay” lo siguiente: “El telégrafo nos ha traído la infausta nueva del fallecimiento del querido Profesor Verocay, acaecido en Austria a donde recurriera, cerca de personas amigas, en busca de un descanso para su cuerpo quebrantado. Está aún clara en nuestra mente la visión del homenaje realizado no ha mucho en su honor, por la juventud estudiosa. Fueron los jóvenes quienes se impusieron la tarea noble y grata de reparar en cierto modo, las injusticias cometidas con el eminente hombre de ciencia a quien se desconoció, conscientemente, en nuestro país, negándosele participación oficial en nuestra vida científica tan necesitada de valores positivos. El Profesor Verocay partió, tal vez vislumbrando una posible reparación a su vuelta dado las muestras calurosas que había recibido. No ha sido así: su físico ya socavado anteriormente por un mal moral, cayó ante los embates de una milar, acordó por unanimidad, su adhesión al homenaje póstumo que se le tributará al sabio doctor José Verocay, a la vez que felicita a esa H. Comisión por tan encomiable iniciativa. Entiende esta Directiva, que no puede permanecer impasible a tan trascendental acto, ya que nuestros compañeros han tenido y tienen deudas de gratitud para el extinto sabio y profesor.”

En todas estas manifestaciones estudiantiles es posible reconocer, al principio, una marcada antipatía hacia el Dr. Lasnier que facilitaba tomar parte a favor de Verocay en la pugna por el cargo de Profesor de Anatomía Patológica. Sin embargo, al pasar el tiempo, esa actitud aparentemente se transformó en una sincera admiración por el sabio sanducero, que incluía sus obras, aunque ninguna de ellas fuese escrita en español, y su capacidad docente, aunque sus clases se limitaron a la Escuela de Odontología. Es posible que esta admiración fuera reflejo del respeto que internacionalmente había ganado Verocay, sin dejar de lado la simpatía por su actitud de retornar al país natal luego de triunfar en el exterior, simpatía reforzada por el rechazo de Verocay por parte del poder médico del momento. Fuera cual fuera la motivación de los estudiantes, la historia, una vez más, les dio la razón.



 




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