Obituario
Dr. Federico Acosta y Lara
Palabras pronunciadas por el Prof. Pablo V. Carlevaro en el sepelio del Dr. Federico Acosta y Lara el día 11 de marzo de 2004.
En una clarísima usurpación de responsabilidades institucionales, podría hablar en nombre del Sindicato Médico del Uruguay, de la Asociación de los Estudiantes de Medicina, del Ministerio de Salud Pública, de la Facultad de Medicina de la Universidad de la República, pero sólo diré cosas que provienen de los amigos y los admiradores de su decencia, bondad, responsabilidad, cordialidad y caballerosidad y de tantos atributos nobles que parecería no caben en un solo hombre.
También podría hablar en nombre de los innumerables pacientes a los que atendió de manera ejemplar y devota.
Tuve el privilegio de compartir toda su vida, desde los tiempos del liceo y pantalón corto, el tiempo de la Facultad y los Hospitales, del viejo Hospital "Pasteur", de la clínica del querido Prof. Plá y también de los Prof. Larghero y Chifflet.
El tiempo de los gremios y los desvelos, tiempos de camaradería, compañerismo, alegrías compartidas, solidaridad, aficiones deportivas.
Del tiempo gremial recuerdo de él - muy especialmente - la forma admirable, silenciosa - según su estilo de ser - sobria y responsable, en que organizó el trabajo y las charlas de extensión universitaria en escuelas y liceos nocturnos, sindicatos obreros y clubes deportivos, tan por encima y por delante de lo que la cátedra era capaz de hacer, y no podía siquiera advertir que lo que Federico organizaba era lo que se podía y se debía hacer.
Los que no tenemos la suerte de creer en la vida eterna y el "más allá" y la trascendencia de la vida humana, tenemos la necesidad de reflexionar sobre la trascendencia, el significado y el valor de esta vida humana del más acá, de esta vida social cotidiana, fatigosa, a ratos bellísima y alegre, tantas veces triste e injusta.
Somos apenas una partícula fluyente en un río caudaloso e incesante que nos contiene y nos arrastra pero, con la pequeñez de la existencia individual de cada uno se asocian:
La grandeza de la ejecutoria de este oficio de vivir.
La belleza de la entrega generosa al todo trascendente que apenas nos pertenece.
¡Qué hermosa lección nos dio, en esta materia esencial, el ejercicio que hizo con su vida, nuestro Federico!.¡Qué importa que las instituciones de la sociedad - a las que sirvió como pocos - no lo adviertan!
El no vivió - a su modo y a su estilo - para ser reconocido.
El no fue decente para que lo juzgaran así, para ser premiado por su
decencia, que, en rarísima unanimidad, fue reconocida por todos.El no fue médico cabal - como lo fue - en todas las múltiples dimensiones como médico, para recibir la gratitud de sus pacientes - que no obstante, la recibió - sino que él vivió y fue así porque ése era su modo natural de ser y de vivir, ésa era su forma de transitar el tramo de la posta que le tocó correr.........
Hoy vivimos con tristeza el final de su vida - y abrazamos solidarios a su familia, que fue de las mejores cosas que la vida le dió, y necesitamos sentir que quedan abiertos el tiempo y el espacio de evocar y celebrar la alegría que este querido amigo nuestro haya existido y vivido entre nosotros y nos haya dado generosamente - con su ejecutoria - tanta belleza humana y tanta bondad.
El queda metido allí - indestructible - en lo mejor que poseemos.
Pablo V. Carlevaro.
Montevideo, 11 de marzo de 2004.
