En esta recopilación trataremos de hurgar en esa realidad enigmática, inaprensible y cada vez más olvidada y desvalorizada que llamamos silencio. Según la Real Academia española, la palabra tiene seis acepciones y varias combinaciones más. Por motivos de tiempo leeré solamente algunas, las que me voy a referir.
1. m. Abstención de hablar.
2. m. Falta de ruido. El silencio de los bosques, del claustro, de la noche.
3. m. Falta u omisión de algo por escrito. El silencio de los historiadores contemporáneos. El silencio de la ley. Escríbeme cuanto antes,
porque tan largo silencio me tiene con cuidado.
4. m. Der. Pasividad de la Administración ante una petición o recurso a la que la ley da un significado estimatorio o desestimatorio.
5. m. Mil. Toque militar que ordena el silencio a la tropa al final de la jornada.
6. m. Mús. Pausa musical.
perpetuo ~.
1. m. Der. Fórmula con que se prohíbe al actor que vuelva a deducir la acción o a instar sobre ella.
~ administrativo.
1. m. Der. silencio (pasividad de la Administración).
en ~.
1. loc. adv. Sin protestar, sin quejarse. Sufrir en silencio.
entregar alguien algo al ~.
2. loc. verb. Olvidarlo, callarlo, no hacer más mención de ello.
imponer alguien ~.
3. loc. verb. Hacer callar a otra persona.
4. loc. Verb. Reprimir una pasión.
Lo que inicialmente nos llama la atención es que “la abstención de hablar” es la definición que aparece en primer lugar. Es el concepto de los estudiosos de la lengua. Quizás lo interpreten como lo más común o lo más importante. Personalmente voy a comenzar por la definición que aparece en segundo lugar es, decir: ”La Falta de ruido, a quien considero primero por ser lo más antiguo, por existir primero, no por importancia.
Siguiendo al filósofo español José Luis Ramírez hablaré de este “Silencio”, un sustantivo singular y con mayúscula, como de una “sustancia” por llamarla de alguna manera, como una fuerza cósmica presente en el inconsciente colectivo desde los mitos del origen del mundo.
Este “Silencio” se produce:
Este es el silencio que existe en nuestro hábitat, la Tierra, siempre que manifestaciones de la propia naturaleza u otros seres vivos, entre ellos los humanos, no se ocupen de llenarlo con sus ruidos y sus sonidos, entre otros, sus palabras.
De él se han ocupado y lo valoran en toda su importancia todas las personas que piensan o meditan, que crean o que oran: los teólogos, los filósofos, los escritores, los artistas, y también los científicos, ya que es muy difícil, casi sería imposible, la concentración necesaria para la creación, inmersos en el ruido. Generalmente al igual que Firmín la inefable rata que creara Tim Savage, que se vio obligada a pensar como humano debido a las circunstancias y a su inteligencia superior, “necesitan el silencio de los pensamientos cayendo interminablemente por el agujero de la memoria...” (textual).
Es a ese Silencio al que se han referido los hombres desde sus pensamientos mas antiguos de los que tenemos datos, en que aparece como una fuerza cósmica en los mitos del origen del mundo: por ejemplo “La luz Oscura” del judaísmo, (oximoron que se refiere al mundo oscuro que precede a ésta realidad que está transcurriendo), donde está toda la verdad ante la cual solo cabe la humildad de dejar hacer a Dios. O el OUM budista a través del cual sus seguidores buscan conectarse con los orígenes. O esa especie de fuerza sideral misteriosa de profundo carácter existencial para el indio hispanoamericano que habla de “El Gran Silencio” como algo sobrenatural a la vez sobrehumano e intrahumano presente constante en la vida de los mismos, al que le ha cantado Atahualpa Yupanqui en distintas oportunidades (recordemos a su abuelo indio lleno de Silencio) e incluso es al que se refiere la masonería cuando inicia sus rituales diarios con una orden “Silencio Hermanos Míos” con lo cual quieren expresar que lo primero que existe es el Silencio y el Vacío.
Es el que transmiten las grandes obras de la naturaleza pero también lo hacen grandes creaciones de los hombres, desde las pirámides o los inmensos monumentos estatuarios y aun muchos de utilidad para la vida actual que nos impactan y nos sumen en un mundo inaprensible.
Otras de las funciones del silencio es ser receptáculo de otros sonidos, los cuales lo pueden enfatizar todavía más, por ejemplo el estampido de un trueno inesperado en una noche calma en la cual aun no nos hemos percatado que se está organizando una tormenta donde el sonido lejos de entorpecer la sensación de silencio, lo hace todavía más audible. O como decía el genial Behetoven que él podía escribir música siendo sordo porque tenía el silencio de su mente lleno de las notas musicales más armónicas que existen.
Al final y solamente para dejarlo planteado, ya que no son teorías comprobadas y por lo tanto aun no son aceptadas por todos los científicos, y en una síntesis muy elemental diremos que según las concepciones de la física cuántica el universo conocido estaría formado por infinitos cúmulos de nada, de vacío, de silencio, cúmulos a los que denominan “cuantum” los cuales podrían ser simples vibraciones con la capacidad de convertirse en materia. Para los filósofos metafísicos que han tomado el concepto, no existe el sonido a menos que una conciencia lo configure, y serían las funciones más elevadas de la conciencia humana las que interactuarían con la realidad de manera específica en ese mundo cuántico el que sería la matriz del mundo material donde la energía se convierte en materia. Para ellos sólo “El Silencio” es sustancia y es más poderoso que la palabra y el pensamiento. Éstos, pensamiento, palabra y los posibles diálogos, surgirían de aquél, siempre y cuando haya calidad en los escuchas y donde el primer escucha sería uno mismo.
Es esta una apretada síntesis sobre este primer Silencio: Sustancia o fuerza cósmica que nos rodea a la que tenemos cada vez más olvidada, quizás porque nos engendra un miedo que no queremos aceptar y por ello lo tapamos con el ruido que nosotros mismos generamos, entre ellos también los acúfenos los cuales aparecen aunque no los queramos y que nos roban definitivamente la posibilidad de disfrutarlo. Pero al mismo tiempo también es cierto que, así como no toleramos el exceso de ruido, excepcionalmente lo hacemos con un exceso de silencio. Para la vida, se hace necesario un equilibrio entre ambos.
Pasamos a la segunda acepción, primera en la definición de la RAE: abstención de hablar.
Serían los silencios en plural y con minúscula donde es una acción y no una sustancia, puede ser el decir no diciendo, o puede ser el no
querer decir, sutil dialéctica de aproximación y distanciamiento.
Pero también es el silencio necesario para poder escuchar al otro.
Son los silencios que se pueden apreciar en la comunicación no verbal, ya sean éstos de motivación consciente o no. Son conscientes los que
se producen por la abstención voluntaria de hablar, los que se deben a una negativa de dejar conocer el verdadero sentir del hablante ya sea
por temor, vergüenza, o simple deseo de mantenerse alejado de su interlocutor. Inconscientes son los que aparecen sin que conozcamos su
motivación.
Decir y callar o sea sonidos y silencios se consideran fenómenos complementarios en la comunicación no verbal y son objeto de estudio de
la semiótica. Nos basamos para este resumen en los trabajos de Fernando Poyatos de 1994.
Primero estudiaremos los silencios que forman parte de la comunicación no verbal, los que son interdependientes con ella y pueden llegar a
tener más significación que los propios mensajes verbales, pero en ésta civilización de occidente en que habitamos llena de ruido y confusión
el silencio es difícil de aceptar. Cuando éste se instala aunque sea por breves momentos no sabemos que hacer, nos sentimos incómodos y aún
puede invadirnos la angustia y el miedo. Nadie quiere callar, porque callar se percibe como un fracaso. Todos queremos persuadir al otro,
acercarnos al otro a través de una palabra casi nunca escuchada, casi nunca sentida y por lo tanto poco comprendida o valorada. Sin embargo
es el silencio el que otorga sentido a la palabra, igual que a la música.
Y necesitamos de él no sólo para comunicarnos con los demás sino también para comunicarnos con nosotros mismos.
Seamos o no consientes de ello siempre manifestamos, incluso cuando callamos, pero su mensaje silencioso necesita ser interpretado para
poder ser entendido. Quienes se han ocupado en profundidad de estos silencios son los psicoanalistas ya que ellos operan sobretodo en el
ámbito de lo inconsciente. Estos terapeutas dominan tanto lo gestual como lo enunciado, donde el silencio tiene una importancia básica tanto
del punto de vista del paciente como de el especialista que lo interpreta. Conocer los artificios tanto del lenguaje verbal como del no verbal
ayuda a la comprensión del otro, así como también facilita la siempre difícil tarea de hacernos entender.
Un largo silencio no unido a gestos comunicativos puede llegar a hacerse tenso y a deteriorar una relación. La significación del mismo
depende de las relaciones con los actos comunicativos previos, pero a su vez un silencio bien interpretado es capaz de modificar
razonamientos y conductas.
El silencio puede hacerse todavía más angustiante si va acompañado de contacto visual por lo cual, entre otras razones, los psicoanalistas
clásicos se colocaban detrás del paciente en sus entrevistas. Actualmente en general las psicoterapias se realizan de frente porque las
personas han ido exigiendo un contacto mayor con su terapeuta y porque además de esta forma se puede estudiar por ejemplo la postura y los
movimientos del cuerpo, los gestos, la sonrisa, aunque para el técnico sean sin lugar a dudas entrevistas más difíciles de sostener. De
cualquier manera hay que ser muy cautos en las interpretaciones ya que la comunicación humana no tiene reglas fijas y claras y es necesario
tener mucha experiencia para dilucidarlos.
Diferentes creadores de diferentes disciplinas se han ocupado específicamente sobre el tema. Recordaremos, entre otros a Ingmar Bergman
brillante director de cine que en sus películas se ocupó de los grandes temas metafísicos. En “El silencio” expone de manera magistral su
interpretación de cómo sería el mundo cuando el abandono de la creencia en Dios, a su decir, el silencio de Dios no se compensa con el amor.
En esta circunstancia si los hombres no establecen una conexión por el amor entre ellos, sólo resta la incomunicación y la alineación.
En esta atmósfera, para el autor, Dios sería el gran ausente.
O el escritor japonés Shusaku Endo donde en su novela “el Silencio” trata de la aceptación por parte de los primeros cristianos en Japón de
las torturas a que fueron impuestos a pesar del Silencio de su Dios, silencio que fue interpretado por el autor, como similar al que se
sometió Cristo en el Monte de los Olivos y que le permitió aceptar su martirio como designio de su padre para la salvación de los hombres.
Otros autores como Simon y Garfunkel valiéndose de la música crearon aquella hermosísima canción que disfrutamos en nuestra juventud “los
sonidos del Silencio” donde entre otras cosas expresaban:
“gente hablando sin conversar, gente oyendo sin escuchar, gente escribiendo canciones que las voces jamás compartirán y sólo harán eco en los
pozos del silencio..."
con lo cual quieren expresar que estamos viviendo en un “amontonamiento de individuos” de hecho incomunicados, olvidando
que para la realización de los seres humanos, son necesarias las relaciones interpersonales y en especial una íntima y recíproca comunicación
y que no puede haber comunicación sin el silencio del escucha.
En la medida que pasan los años, generalmente el estar en silencio alcanza mayor importancia para las personas. Se lo siente como una
necesidad para evadirse del mundo y estar en mayor contacto con uno mismo o con los hechos de su fe o sus creencias.
Sería, para algunos, como una preparación para el silencio definitivo.
Pero otros nunca pueden llegar a tolerarlo y continuamente están buscando aturdirse para no sentir, porque manejar el silencio les continua
resultando más difícil que manejar los ruidos.
Se puede guardar silencio por una necesidad íntima, o por pudor, por respeto o por dolor, y porque no podemos hacer otra cosa nos mantenemos en silencio en el consultorio odontológico, pero en otras ocasiones más dolorosas, el ser humano puede guardar silencio por imposición, por temor o por vergüenza: por simple complicidad con pensamientos o conductas que personalmente sabe indignas.
Para terminar quiero leerles un poema de uno de nuestros más valiosos y originales novelistas y poetas: Felisberto Hernández, el cual seguramente por su doble condición de músico y escritor hace un notable manejo de los silencios a lo largo de toda su obra y a los cuales dedica esta pequeña joyita:
Debajo de un árbol y encima de un césped vivía un silencio
De cuerpo de aire y de vestidos de luz, que el sol le hacía todos los días
Y la luna le regalaba todas las noches.
Siempre que iba a visitarlo lo encontraba con vestidos distintos
y me abrazaba tan fuerte que en seguida yo me quedaba
Lleno de silencio.
Dra Zoe Valdomir
Montevideo 21 de julio del 2008