Julio 2007
Dr. Peter Sprechmann
El origen del sentimiento de culpa es un fenómeno complejo que se inserta sobre un substrato biológico. Por lo tanto su aparición posee componentes vinculables a la teoría de la Evolución Orgánica tal cual fuera formulada por Charles Darwin y ampliada por sus múltiples seguidores.
Es bien sabido que el Homo sapiens pertenece al orden de los Primates. Los Primates se caracterizan por un marcado desarrollo del comportamiento social, el cual surgió y se consolidó como una conducta adaptativa a los condiciones del ambiente, en lo principal por el mecanismo de la selección natural darviniana.
El comportamiento social implica un buen conocimiento recíproco entre los individuos que constituyen una población de primates, así como el desarrollo de mecanismos que aseguren la estabilidad social y el control de conflictos y agresiones en el seno de cada especie. Existen varios comportamientos adaptativos que contribuyen a la homeostasis social, o más específicamente a la allostasis, como ser el comportamiento jerárquico, el acicalamiento, o el despioje. El acicalar y el despiojar proporciona un estrecho contacto entre los individuos así como un mejor conocimiento recíproco entre ellos. Además, produce bienestar por la liberación de endorfinas.
Desde hace unos 7 a 6 millones de años se acelera un proceso evolutivo de diferenciación que culminará con el advenimiento de nuestra especie hace 150.000 años. Esta evolución se caracterizó por la aparición de la posición erecta o bipedismo, el incremento del volumen cerebral, el cual se triplicó, y un aumento exponencial de la complejidad anatómica y funcional cerebral. Esto se tradujo por la aparición del lenguaje verbal, la música y el desarrollo de la inteligencia predictiva. Sucesivamente se introducen innovaciones culturales, como ser la fabricación de instrumentos de piedra, el uso del fuego, la aparición del arte, etc. La evolución biológica es paulatinamente desplazada por la cultura y la memética, sensu Susan Blackmore. Los memes pasan a sustituir a los genes, según lo formulara Richard Dawkins.
Esta evolución se acompasó con cambios en la homeostasis del comportamiento social. Así el despioje perdió relevancia al disminuir la cobertura pilosa. El incremento de la complejidad, producto de la evolución cerebral y del “big bang” cultural que acompañó a la sapientización, con la consiguiente aparición de nuevos niveles de conflictos, no pudo ser adecuadamente neutralizado por el acicalamiento. A tales efectos surgen sofisticados mecanismos reguladores, entre ellos el lenguaje verbal. Este posee la potencialidad de regular los vínculos sociales por medio de negociaciones y la mediación de terceros.
En este contexto también se desarrollan diversos mitos, ritos, protoreligiones y religiones. El sentimiento de culpa forma parte de estos elementos homeostáticos sociales. La negación representa otro ejemplo de estos mecanismos allostáticos.
El sentimiento de culpa se enraiza con diversas manifestaciones de la cultura humana o de la memética, tales como el mito, la religión, la filosofía, la legislación, la ética y la moral. Todas ellas alcanzan su máxima expresión en el Homo sapiens. Forman parte del citado “big bang” cultural o sapientización, que surgió hace unos 65.000 años, potenciándose desde aquel entonces.
Durante la evolución humana no sólo se incrementó el número de componentes biológicos que optimizaron al comportamiento social, sino que ellos se potenciaron entre si alcanzando una nueva dimensión por retroalimentación positiva favorecida por la selección natural. El sentimiento de culpa constituye un elemento paradigmático de este nuevo nivel cognitivo que generó otro ciclo de retroalimentación positiva, tal cual lo indica la figura adjunta. En este nuevo nivel prevalecen los memes sobre los genes.

Al analizar el surgimiento del sentimiento de culpa parece razonable mencionar al Homo neanderthalensis, especie que surgió hace unos 170.000 años y vivió hasta al menos unos 28.000 años. Esta especie no dio origen al Homo sapiens; trátase de una línea evolutiva paralela. El último antecesor común a ambas especies vivió entre 800.000 y 600.000 años antes del presente. Todo parece indicar de que, aunque en menor medida, también dispuso de varios de los mecanismos homeostáticos de regulación citados supra. El hombre de Neandertal poseía un lenguaje verbal, aunque menos perfeccionado que el del hombre actual, e incluso un comportamiento altruista, como lo demuestra el hecho de cuidar a congéneres con graves minusvalías. También enterraba a los muertos, lo cual indica que buscaba trascender a la muerte. Asimismo existen indicios de práctica de rituales. Todas estas manifestaciones constituyen testimonios arqueológicos de la existencia del sentimiento de culpa.
Los nuevos mecanismos homeostáticos de regulación social que aparecen en las estadios tardíos de la evolución humana poseen las ambivalencias que caracterizan a muchas otras manifestaciones del comportamiento humano. Tanto el exceso como la falta del sentimiento de culpa resultan ser desadaptativas desde el punto de vista darwiniano, en tanto que su presencia -dentro de parámetros homeostáticos adecuados- constituye una manifestación adaptativa. La dificultad reside precisamente en definir las características de estos parámetros “adecuados”. Hacerlo constituye un desafío que debe ser encarado desde una óptica transdisciplinar.
Aclaración: La terminología empleada se define en base a sus connotaciones biológicas, etológicas o psicobiológicas.
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