Ser digno de ser

Marzo 2007.

Dr. Carlos Melogno

Ante todo está el gran dilema ontológico del género humano: ser o no ser, tal como ya lo expresara el gran Shakespeare por boca de Hamlet. Y ser no es sólo estar presente en el tiempo, tener una apariencia visible, porque igualmente los objetos inanimados que nos rodean también son, también existen. Pero el hombre además no puede homologarse a un vegetal o a un animal, que realmente viven, aunque en forma pasiva el primero, mientras que el otro si bien lo hace en forma activa, autonómica, responde a instintos primarios, no reflexivos

¿Qué es ser por tanto, sino vivir plenamente, conscientemente? Porque vivir no es otra cosa que participar del juego de la vida, no ser tal como el simple espectador de una obra teatral. Y ser y vivir es tomar decisiones, ya que todos estamos llamados a desempeñar un rol individual que tendrá inevitable repercusión sobre el resto de la sociedad.

Ya lo expresaba Camus: “si (el hombre) quiere ser algo, tiene que serlo en esta vida” y también: “No se puede imaginar una vida privada de toda elección”

(“El Mito de Sísifo”)

Debemos partir del punto de vista que todo ser humano, excepto en los mayores extremos de abyección o invalidez mental, es capaz de tener aspiraciones, se ha propuesto en determinado momento una meta. Ésto es lo que ha dado en llamarse tener un proyecto de vida. Empeñarse en concretarlo es ir en pos de la realización personal. Y dicho objetivo por más que sea utópico y difícil de lograr, cabe la posibilidad de alcanzarlo si uno se esfuerza en conseguirlo. “Porque el individuo no puede nada y sin embargo lo puede todo”, volviendo a Camus.(obra citada).

Condiciones ineludibles para el éxito: una voluntad indeclinable, el tesón y la

perseverancia.

Mas no siempre se obtiene el bien esperado, pero vale la pena haberlo intentado y todo el camino recorrido en dicho sentido. Bien lo ha dicho Camus: “el esfuerzo mismo para llegar a las cimas basta para llenar un corazón de hombre”

(“El Mito de Sísifo”)

En los distintos órdenes de la vida, siguiendo con el tema que nos ocupa, debemos desempeñar distintos roles. Y los mismos deben dar razón cabal de nuestra integridad moral, y ejercerse con el propósito de ser cumplidos satisfactoriamente.

En el terreno del relacionamiento, y primariamente en lo afectivo, deberemos aprender a ser sucesivamente, buenos hijos, hermanos, novios, esposos, padres y abuelos. Tendremos que cultivar la amistad leal y generosamente, sin retaceos.

En otras esferas tendremos que comportarnos como buenos compañeros en nuestro trabajo, ser buenos vecinos y rivales honestos y no tramposos.

Como integrantes de una colectividad, la patria o la nación nos convocan

a ser fieles y consecuentes, sin renegar de nuestra condición ni avergonzarnos de la misma.

Se habrá elegido un oficio, una profesión, y se deberá dar de sí todo lo que corresponda para cumplir con ese cometido.

Tal vez alguien pueda ser llamado a ocupar un cargo jerárquico, gran

responsabilidad que exigirá el mayor esfuerzo para un buen desempeño.

Siempre habrá una circunstancia en la vida que nos enfrente al imperativo ético de hacer honor al papel que uno debe cumplir. No podemos defraudar a nuestra conciencia y tampoco a nuestros semejantes. Si logramos actuar en la forma debida, nos alcanzará la satisfacción de haber hecho lo que corresponde y estaremos en paz con nosotros mismos

Pero finalmente y antes que todo es imprescindible que seamos buenas personas.

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Si particularizamos, el progenitor es el espejo en que el hijo se mira, su modelo

primigenio. Debe tener el papel de educador, de guía, de conductor. Afectuoso y

comprensivo, también debe ser capaz de imponer límites. Como modelo podríamos escoger a la madre de aquellos excepcionales tribunos de la antigua

Roma, los Graco, de quienes ella decía que eran sus joyas. No dejaría de recordar la leyenda citada por Henri Bordeaux en su libro “El Miedo de Vivir”, en la cual para demostrar la abnegación y el amor a que puede llegar una madre, nos relata como un hombre al serle exigido por su amante mata a la suya y le quita el corazón, y mientras corre con el mismo en busca de su querida, tropieza y cae, y en dicho instante escucha la voz de su madre diciéndole: “¿Te has hecho daño hijo mío?”. Prefiero con todo volviendo al presente y a la realidad, rendir homenaje a esos padres inmigrantes o de hogares modestos que con grandes sacrificios obtuvieron lo mejor para sus hijos. Como negativo, recordaría el cuento magistral de Mario Benedetti: “Aquí se respira bien” en el cual al hijo se le revela inesperadamente la venalidad de su padre.

¿Qué es ser buen hijo, sino ser amante, respetuoso, agradecido, dar de sí lo mejor posible para gratificar a sus padres? Me permito recordar en especial el ejemplo del Pequeño Escribiente Florentino”, del libro “Corazón” de Edmundo De Amicis.

Recuerdo también aquel conmovedor episodio de la batalla de Sardes en el cual Creso derrotado por Ciro, estando a punto de ser ultimado por un soldado que no lo conoce, salva su vida cuando su hijo mudo (o tal vez autista) exclama: “No lo mates, ese es Creso”. El ejemplo opuesto: Absalón levantándose contra su padre el rey David, para citar un ejemplo bíblico.

Hablando del vínculo de pareja, se parte del amor, lazo indispensable, relación que se cultiva con la convivencia, indisoluble del respeto sin el cual no es compatible. La lealtad es también condición excluyente. ¡Quién no recuerda en relación con la vida de pareja ese hermoso cuento de O’ Henry en el cual dos esposos paupérrimos, se sacrifican para sorprenderse el uno al otro ofrendándose mutuamente un humilde obsequio por el otro anhelado. No dejo de emocionarme siempre al recordar la lamentación de un pobre de solemnidad, el cual al fallecer su esposa se lamentaba así: “ ¡Pensar que eramos tan pobres que

nunca pude darte un hijo! Como ejemplo negativo, el desprecio y rechazo de Mikal, hacia su esposo el rey David.

Asimilo a hermanos con amigos. El afecto y la solidaridad son atesorados

recíprocamente entre aquellos de quienes estamos hablando. Como ejemplo

paradigmático, el vínculo de Theo con su hermano Vincent Van Gogh, a lo largo de toda su vida. Como negativo, los bíblicos: Caín matando a Abel, y José vendido como esclavo por sus hermanos.

El abuelo es un ser entrañable que vierte su cariño sobre los retoños de sus hijos. ¡Milagrosa conjunción en que conviven los extremos opuestos de la vida! Experiencia inigualable de revivir el recuerdo de la infancia de los hijos, y sentir todo el encanto del contacto con esa etapa de la inocencia de la vida. ¡Ser padre suplente a menudo y alguna vez sustituto! ¡Poder brindar más adelante apoyo y consejo a los nietos! Como ejemplo positivo, la novela de Héctor Malot: “En Familia”.

El nieto con buena enseñanza, debería ser el solaz y la alegría del abuelo, respaldo y sostén de su ancianidad y vehículo para saciar su hambre de cariño. Evoco aquí un cuento: “Sangre Romañola”, incluído en “Corazón” de Amicis.

La profesión u oficio que uno elige, debe comprometernos a desempeñar nuestras tareas con responsabilidad, con amor por lo que se hace, sin mancillar jamás el mandato ético en su ejercicio. Recuerdo aquí a “La Ciudadela” de Cronin.

Reservo un comentario final para la noción de colectividad, patria o nación. Quienes tenemos una misma identidad, un mismo credo o un mismo cielo y límites geográficos nos cobijan, es legítimo que poseamos un sentimiento de solidaridad y vínculos afectivos “inter pares”. Será sensato que además aceptemos integrarnos por encima de razas, límites y fronteras, para además dar razón de nuestra esencial condición humana. No podemos menos que sentir profundo rechazo y pesar al recordar hechos tan reprobables como la persecusión y el genocidio de los judíos por los nazis, la masacre de los armenios en Turquía o la más reciente guerra de los Balcanes, por no abundar más en pasados y actuales crímenes de lesa humanidad que conmueven y abruman.

Como última cita en relación con el tema recurro otra vez a “Corazón” de De Amicis con su cuento: “El Pequeño Patriota Paduano”, en el cual el niño rechaza la limosna de quienes denigran a su patria.

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