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Día Internacional de la no Violencia contra la Mujer

Cuando la invisibilidad rompe los ojos

Las integrantes de la Comisión de Género y Políticas de Salud del SMU sostuvieron que el gremio en conjunto debería interrogarse sobre cómo poder visualizar y no reproducir, en la propia dinámica de los servicios de salud, la violencia contra la mujer. A la vez que llamaron la atención sobre prácticas concretas tales como las cesáreas, histerectomías y los trastornos menopáusicos, enfatizaron que la invisibilidad de la problemática de género requiere una lucha ideológica a fondo.

por Ana Marta Martínez

El pasado 25 de noviembre se conmemoró el Día Internacional de «No más violencia contra la Mujer». Por dicho motivo, Noticias dialogó con las doctoras Stella Cerruti, Victoria Szuchmacher y Azucena Triacca, integrantes de la Comisión de Género y Políticas de Salud del SMU.


Jean Arp: "Torso de mujer" - 1953

Pandemia ideologizada

Al hablar de violencia contra la mujer, lo primero que viene a la mente es la violencia doméstica o la violencia sexual; esta asociación es, en sí misma, la prueba fehaciente de que las desequivalencias de género continúan invisibilizadas. La violencia contra la mujer se expresa, además, en otras formas más veladas tales como el acoso sexual en los lugares de trabajo, la violencia en los medios de comunicación y la violencia institucional. La violencia contra la mujer representa una pandemia social, tal como el sida u otras enfermedades extendidas a nivel mundial, pero, según explicó la Dra. Szuchmacher, cuando se relaciona con aspectos ideológicos son más difíciles de ver.

Si bien las entrevistadas no abundaron en torno a la violencia doméstica y sexual, vale la pena recordar algunos datos a nivel nacional. En nuestro país cada nueve días muere una mujer víctima de violencia sexual o doméstica. Según datos del Ministerio de Salud Pública, en 47% de los hogares de Montevideo y Canelones existen situaciones de violencia doméstica. En cuanto a la violencia sexual es preciso recordar que existe un enorme subregistro ya que las mujeres y niñas violadas en un gran porcentaje no denuncian a sus agresores. Dentro de la violencia sexual es necesario incluir la violación conyugal.

Violencia comunicacional e institucional

La violencia en los medios de comunicación incluye desde el lenguaje ofensivo hasta las expresiones estereotipadas con que se retrata a las mujeres en la prensa, radio y televisión, todo lo cual constituye un respaldo para otras formas de violencia.

La violencia institucional se refiere a las distintas formas de violencia política o ejercida por el Estado contra las mujeres encarceladas, conductas discriminatorias e inclusive la violencia en los servicios de salud.

«Hay una serie de prácticas médicas, dijo Szuchmacher, donde se ejerce un alto grado de violencia contra las mujeres. No hay que olvidar que en el disciplinamiento de las mujeres tuvo mucho que ver la medicina.

Toda salida de la media hizo que la mujer fuera susceptible de ser diagnosticada psiquiátricamente». Fundamentalmente, destacó dos prácticas: la histerectomía y la cesárea. En base a un documento de la OMS-OPS, sostuvo que un análisis realizado en Estados Unidos sobre doce millones y medio de mujeres, demostró que más del 30% de las operaciones no se justificaban por razones médicas.

En cuanto a las cesáreas, sostuvo que tanto a nivel privado porque se paga más, o a nivel público porque permite el adiestramiento didáctico, existe un abuso de este procedimiento. La Dra. Cerruti, por su parte, agregó el manejo de los trastornos menopáusicos como otro tercer emergente concreto de la violencia en los servicios de salud contra la mujer.

OMS: «El sistema de salud se asienta sobre los roles de género»

Pero más allá de estos emergentes, Szuchmacher sostuvo que «la medicina en sí misma como está organizada es un acto de violencia hacia las mujeres».

La integrante de la Comisión de Género y Políticas de Salud continuó leyendo el documento de OMS-OPS. «Las mujeres contribuyen con casi la totalidad de los servicios de atención informal y no remunerados y ejercen una influencia decisiva sobre la conducta de la salud de los demás.

La OMS ha reconocido a las mujeres como las principales proveedoras de atención primaria, son ellas las que recogen el agua, preparan la comida, cuidan a los enfermos, los niños, los ancianos y los discapacitados.

Por ejemplo, en Canadá se ha estimado que 90% de los cuidados de la salud se refieren a este cuidado informal y que las tres cuartas partes de todas las enfermedades se atienden fuera del sistema formal de atención.

Muchas intervenciones de salud dependen esencialmente de la participación de las mujeres y son ellas quienes soportan la carga de tecnologías que cuestan poco, pero resultan muy costosas en función del tiempo que requieren.

No obstante del papel central que indiscutiblemente han desempeñado las mujeres a través de la historia y el desarrollo de la salud su contribución a la calidad de vida permanece sin valorar, invisible, porque se considera una función intrínseca a la función natural de su sexo.

Podría afirmarse, sin exagerar, que en gran parte como resultado de desigualdades preexistentes, el sistema de salud se asienta en el trabajo, el tiempo y los roles de género de la mujer.

En el sistema formal, las mujeres constituyen el 80% de todos los trabajadores de la salud de la región y representan sólo una minoría en términos de poder y capacidad de decisión dentro del sistema de salud».

La salud de la mujer más allá de lo materno infantil

La Dra. Cerruti indicó que si bien los sistemas de salud son siempre violentos para hombres y mujeres porque no respetan la categoría humana del enfermo como ser, esta agresividad es particularmente acentuada para las mujeres ya que históricamente la mujer paciente ha quedado en general relegada a la madre paciente.

«Hubo que hacer un trabajo para rescatar lo que era la salud de la mujer, porque siempre la salud de la mujer se atendía dentro de la salud materno-infantil.

La entidad mujer no se percibió y así pasaban inadvertidos modos de enfermar femeninos y toda una cantidad de aspectos de su cotidianeidad que constituyen, sin duda, elementos patologizantes que no se percibían como tales y el no reconocer desigualdades es una forma de violencia».

La Comsión de Género y Políticas de Salud invita a reflexionar sobre los alcances de esta situación, para disminuir la violencia que se ejerce contra la mujer desde los servicios de salud, donde a la violencia externa se suma el manejo de la propia violencia.

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