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La "flexibilidad laboral" en acción

"Ni el título nos pidieron"


Se recibieron hace menos de un año y medio. La más joven tiene 28 años, y las otras dos, 30. Su primer trabajo estable fue este que hoy denuncian, en la filial de Nueva Palmira de la Cooperativa de Asistencia Integral de Salud (CAISA). Dicha institución le promete a sus afiliados un servicio integral, tal como impone la legislación vigente, lo que incluye obviamente servicio de urgencia. Pero la realidad es muy diferente. Las doctoras Laura Balbi, Andrea Incoronato y Lucía Rivero nos cuentan cómo es.

 

por María Urruzola

 

 

¿Quién las contrató?

Rivero: Teníamos un contrato verbal, nunca firmamos nada.

Balbi: En realidad nos contactó un colega nuestro que trabajaba ahí, nos preguntó si queríamos empezar a trabajar y así comenzamos. Hacíamos guardias de 24 horas, como médico general. Viajábamos desde Montevideo.

¿Pero quién les indicó sus tareas o las características del lugar o de los socios?

Incoronato: El compañero que nos llevó allí y un enfermero de apellido Correa, que era el encargado de la filial de Nueva Palmira. También había una funcionaria administrativa. Pero, por ejemplo, jamás presentamos nuestros títulos de médico.

¿Las contrató un colega y cuando llegaron los otros trabajadores -enfermero y administrativa-, les dijeron qué había que hacer?

I: Tal cual.

¿Cómo les pagaban?

R: La idea era que nos empezaban a pagar a partir de los 60 días. En realidad a mí empezaron a pagarme a los 90 días. De ahí en adelante nos pagaban en la mano, contado, por guardia realizada, y lo único que hacíamos era firmar un recibo de que habíamos recibido el dinero. Recibos de esos que venden en las librerías. Jamás nos dieron una copia. Nunca tuvimos en la mano ni siquiera una hoja con la firma aunque sea de la administrativa. Ni siquiera del reembolso de los boletos de ómnibus. No tenemos comprobantes de nada. La administrativa ponía que nos pagaban en tal fecha, tal cantidad, por tal mes, y el duplicado se lo quedaba ella misma.

¿Hasta cuándo trabajaron?

 

 

 

B: Hasta setiembre del 99. Nos fuimos porque se empezaron a atrasar en el pago como tres o cuatro meses. Reclamamos, reclamamos, y al final decidimos no volver, al terminar un período que nos habíamos tomado para preparar una prueba. Conseguimos gente que nos supliera en las guardias, y luego no volvimos.

¿Suplentes que eligieron ustedes?

R: Sí, igual que sucedió con nosotras, que nos contactó un colega, hicimos nosotras con otras colegas para que nos suplieran. Eran dos muchachas recibidas hacía más o menos un mes.

¿El colega que las llevó a trabajar a ustedes, sigue allí?

B: No, también él abandonó.

I: Nosotras vinimos al SMU porque nos interesaba cobrar lo que trabajamos, sin duda, pero sobre todo porque nos interesaba denunciar la situación. Nos parece una vergüenza que existan mutualistas que funcionen así. Sobre todo porque después nos enteramos que esa institución le hizo lo mismo a muchos colegas.

¿Qué significa que hicieron lo mismo?

I: Al parecer es la forma de trabajo de ellos: al principio te pagan, después empiezan a retrasarse, vos aguantás un tiempo y luego abandonás. Y ahí contratan a otro. Los tres, o cuatro, o seis meses que no te pagaron, se los quedan. Se van quedando con el trabajo de la gente por turno.

¿Es una institución de qué envergadura?

R: Es chica. Es una casa. Durante el día había un enfermero que se quedaba con nosotras, aunque había ratos que estaba en el hospital y si lo necesitábamos lo llamábamos. Y estaba la empleada administrativa. Eso al principio. El último mes, el enfermero estaba siempre. Pero los primeros ocho meses teníamos enfermero hasta las 18, yluego quedábamos solas.

¿Una sola persona?

I: Una sola. Sola en ese caserón y punto. En un día, como mucho, veíamos diez pacientes, pero el problema es que podían venir con cualquier situación, y eso era verdaderamente estresante.

¿Una sola de ustedes podía hacer frente a cualquier situación médica?

I: Al contrario, no solo no podíamos hacer casi nada, sino que además estábamos solas. Si te tocaban la puerta tenías que abrir, fuera quien fuera, socio o no socio. Y socio o no socio, cualquiera podía llegar con cualquier cuadro.

¿Ustedes tenían que verificar además la parte administrativa?

Sí. Todo.

O sea: una casa, en la que de 8 de la mañana a 6 de la tarde estaban la administrativa y el enfermero, y de 6 a 8 estaba el médico de guardia solo.

B: Tal cual. Éramos nosotras tres, más el compañero del que te hablamos, y otra doctora. En total éramos cinco médicos.

¿No había especialistas?

B: Sí, a veces sí. Dos mañanas por mes había pediatras, y una por mes, ginecólogo. Alguna vez también iba el cardiólogo.

R: Por otros especialistas había que coordinar con CAISA de Colonia, que era donde tenían dermatólogo, reumatólogo... que no sé con qué frecuencia estaban, pero nosotros derivábamos los pacientes hacia allí.

¿Y el equipamiento?

B: En cuanto a material médico era pobrísimo.

I: La casa era preciosa, con muchas comodidades como casa, pero no estaba equipada para urgencias importantes ni para situaciones serias.

R: Desde el momento que estás sola, aunque tengas el equipo mejor del mundo, es muy difícil que puedas hacer algo.

B: Tal vez, pero ni siquiera teníamos el equipamiento. Muchas veces el cardiofibrilador estaba roto, así que... sola o acompañada, podías estar segura de que si pasaba algo, el paciente se te moría igual.

I: Nosotras nos cuestionamos moralmente trabajar ahí y en esas condiciones. Porque en realidad aceptamos una situación que después nos cuestionaba mucho. Pero la necesidad al final tiene cara de hereje.

R: Hubo cosas que nos dimos cuenta estando ahí, que no las habíamos pensado.

I: Nos dimos cuenta que si venía un paciente complicado se nos moría, no podíamos hacer nada. En teoría el lugar no ofrecía emergencias, pero era muy ambiguo, porque en realidad se lo vendían a los usuarios como emergencia. Ellos nos habían dicho que si venía un paciente no teníamos la obligación de atender emergencias. Pero es absurdo: si viene una emergencia es una emergencia, y si nos venía un paciente con un paro, por ejemplo, sabíamos que no lo íbamos a poder atender.

B: Se suponía que nosotras teníamos que tomar las primeras medidas de emergencia, y que después se lo trasladaría a Colonia, en la ambulancia que había. No era especializada, pero estaba ahí.

R: Salvo cuando estuvo embargada, que en realidad estaba en la puerta de la comisaría. Si teníamos llamados a domicilio los teníamos que hacer en taxi.

¿Hacían además llamados a domicilio?

R: Sí, teníamos dos horas para hacerlos. Y cuando nos íbamos a hacer domicilios, no quedaba ningún médico. Llamábamos a una enfermera para que quedara en la sede.

¿Cuántos enfermeros había?

B: Había uno hasta las 18 horas, y había otra que estaba en retén en la casa.

¿Quién dirigía ese centro asistencial?

I: Hay una comisión directiva, de tres personas, porque se supone que es una cooperativa. Nosotras llegamos a reunirnos con esa comisión, porque pasó algo que nos llevó al límite.

¿Qué cosa?

I: Cuando yo estaba de guardia llamó una paciente y nos demoramos en llegar. La paciente terminó internada porque tenía una arritmia. Nosotros fuimos a Colonia a plantear que en esas condiciones no se podía trabajar, que quedara claro que el lugar no ofrecía emergencia a domicilio, que teníamos dos horas para llegar y que eso no era una emergencia móvil. Podíamos ir a domicilio, pero no era una emergencia. Planteamos también que si nos llegaba una emergencia y estaba un médico solo, no podía hacer nada.

¿Fueron las tres?

R: Fuimos las tres y ni siquiera planteamos la situación económica nuestra. Nos dijeron que teníamos razón, que ellos no lo vendían como un servicio de urgencia, que iban a comunicar a los socios, con cada talón de pago, que no había un servicio de urgencia. A la semana siguiente sacaron un boletín promocionando el lugar...

I: ... que decía que era una emergencia móvil para adultos y niños. Eso, además de promocionar tantos otros servicios como laboratorio, internación, etcétera. O sea que nosotras estábamos atendiendo como si fuera una emergencia.

R: Fue como una tomadura de pelo, porque sucedió a la semana o dos de haber ido las tres especialmente a Colonia, fuera del horario de nuestras guardias, fuera de nuestros días, en un ómnibus que nadie nos pagó, para hablar de todo eso.

¿Quiénes son esas tres personas de la comisión directiva?

El doctor Carlos Pepe, quien fue uno de los que fue citado por el SMU, y la doctora Helena Longinotti. La tercera persona no es médica.

¿Qué pasó cuando vinieron al SMU?

R: El doctor Pepe reconoció la deuda que tiene con nosotras tres; dijo que la situación de CAISA era bastante crítica, que la filial de Conchillas se autoabastecía, como que era totalmente autónoma, pero que Palmira y Colonia estaban en una situación muy difícil. Sobre todo Palmira, porque cada vez tenía menos socios.

¿El doctor Pepe explicó por qué la forma de pago era totalmente en negro?

I: El doctor Pepe vino con un enfermero, Correa, que era el encargado de Nueva Palmira. El problema es que Pepe se presentó en calidad de director técnico de CAISA, y por otro lado, Correa es enfermero, por lo que no se planteó siquiera el tema del dinero, ni temas administrativos. Supuestamente no vino nadie con potestades de resolución en términos empresariales. Lo que resultó de esa reunión fue que el doctor Pepe iba a intermediar entre nosotros y la comisión directiva de CAISA. De hecho, el SMU intentó ubicar nuevamente al doctor Pepe y no lo ha logrado. Fuimos al Ministerio de Trabajo, pero no le compete al de Montevideo, sino que tenemos que ir a la oficina de Nueva Palmira.

¿Nunca se les ocurrió que esto podía pasar?

B: Claro que sí, era obvio. Siempre pensamos que esto podía pasar. Y mira que estamos hablando de 25 pesos la hora. No creas que íbamos por fortunas. Sacábamos 600 pesos por guardia.

I: Sin embargo, una deja y hay gente que agarra en esas condiciones. Y eso que nosotras le avisamos cómo era la situación a una de las médicas que quedó en lugar nuestro.

R: Yo supe de por lo menos cinco médicos a los que les sucedió lo mismo que a nosotras en CAISA. Después que empezamos a trabajar allí nos enteramos de otros casos.

¿Alguna vez se les presentó una emergencia grave?

R: No, pero podía pasar. No pasó porque Dios es grande. Pero pudo pasar cualquier cosa.

I: En el caso de esa mujer que tuvo problemas de arritmia, por suerte llegó la emergencia móvil antes. Cuando vieron que no íbamos, llamaron a una emergencia móvil. Llegamos enseguida detrás. No fuimos muy bien recibidos. Me acuerdo de ese día y es horrible. Pienso en volver a trabajar en el interior y espero que nunca más sea así. Esos meses se me hicieron eternos.

¿Fue la primera experiencia laboral que tuvieron?

R: Yo había hecho alguna guardia en algún hospital, pero fue la primera experiencia estable, si se puede decir así.

B: Para mí también fue la primera experiencia. Hubo una época en que estábamos sin monitor, sin desfibrilador, con la ambulancia embargada. El equipo de laboratorio era demasiado elemental. Si necesitabas algún estudio de diagnóstico inmediato lo tenías que mandar a Colonia, y tardaba más de 24 horas. Sólo tenían convenio de radiología con el hospital del lugar, por el resto había que mandar a Colonia, y las demoras eran de más de 24 o 48 horas. No se podía esperar nada inmediato. Ofrecían más de lo que podían dar. Vendían todo tipo de servicio, pero no lo tenían.

I: Es una situación horrible. Sabés que estás haciendo las cosas mal, sabés que tenés que trabajar, sabés que no tenés otro trabajo, pero te sentís mal cada día. Vas a cada guardia como apostando que no pase nada y como no pasó nada en la anterior, seguís. Como si nada fuera a pasar. Íbamos tirando, como convenciéndonos a nosotras mismas de que nada iba a pasar. Pero cuando me pasó lo de la señora de la arritmia, en realidad yo quedé encantada de que hubiera llegado la móvil. En ese momento no teníamos ni la ambulancia, ni el desfibrilador. Lo único que tenía era alguna intravenosa en el maletín. Menos mal que la móvil llegó antes con lo necesario. Cuando vi la ambulancia, agradecí a Dios. Y a los dos días estábamos las tres en Colonia planteando que así no podíamos trabajar. Cada guardia íbamos temblando de que no pasara nada. Hasta el día que realmente pasa, y es como una cachetada.

 

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