Sobre médicos y ginecólogos en la atención de nacimientos durante secuestros de mujeres gestantes en tiempos de terrorismo de Estado

Escribe el Prof. Dr. Leonel Briozzo.

Paradójicamente, en los albores de la década del 70´ del siglo pasado, mientras que en el prestigioso “Centro de Perinatología y Desarrollo Humano” (CLAP) en Montevideo se descubría y promovía una nueva perspectiva de atención del trabajo de parto y nacimiento humanizado, en el Uruguay y buena parte de América Latina, las dictaduras militares y los médicos que las respaldaban, habían hecho de la atención de los nacimientos en cautiverio ilegal, una parte central de la “guerra sucia”. Lo hacían mediante una triple estrategia atroz. En primer lugar, la atención como forma de tortura a la gestante y su entorno de pareja y familia, en segundo lugar, la toma de rehenes o botín de guerra mediante el secuestro de los recién nacidos y en tercer lugar mediante una planificada y perversa táctica de exterminio ideológico, rompiendo el lazo materno-paternal, ubicando a los recién nacidos en hogares de represores o afines a los mismos.

La humanización de la atención del parto y el nacimiento, ideada por el Profesor Caldeyro Barcia y su equipo, se basaba en evidencias científicas con respecto a los mejores resultados y las menores complicaciones para la madre y el recién nacido al momento, siempre estresante, siempre maravilloso, del nacimiento. Mejora la adaptación a la vida extrauterina del feto, mejora el apego y prepara mejor a la madre para la lactancia entre múltiples beneficios. Contrariamente, a pocas cuadras de la sede del CLAP en el Hospital de Clínicas de Montevideo, los seudo médicos, personeros de las dictaduras, deshumanizaban en las sombras, escondiéndose cobardemente, la atención de las embarazadas y sus recién nacidos, imponiendo el trato cruel, inhumano y degradante.

Los miembros del cuerpo médico y en especial quienes formamos parte de los equipos de salud sexual y reproductiva y tenemos el privilegio de acompañar el maravilloso proceso del embarazo y los nacimientos, jamás debemos olvidar las graves faltas éticas y legales en la que incurrieron quienes tenían los mismos títulos de las mismas Universidades, que los que nosotros/as orgullosamente ostentamos hoy. 

Y no lo debemos olvidar por al menos dos motivos. 

En primer lugar, como gesto perenne de humildad y recogimiento, previniendo siempre el pensar que, con la obtención de un título universitario, automáticamente, se es un profesional. No se debe omitir jamás del desarrollo profesional continuo y el control deontológico permanente de nuestra actividad en cada momento de nuestra peripecia clínica. Las credenciales se deben renovar todos los días y se es profesional si se desarrollan los valores del profesionalismo médico un día y cada día. En Uruguay, tenemos para eso al Colegio Médico (CMU). Debemos fortalecerlo, dotarlo de densidad en valores y contribuir a erradicar los espurios intereses de la política partidaria.

El CMU y los valores del profesionalismo son el cerno en el cual se deben apoyar las presentes y futuras generaciones para la permanente tarea de profesionalizarnos.

En segundo lugar, como recordatorio y homenaje permanente, a las víctimas y sus familias. Para hacerlo debemos hacer explicito en la memoria de las diferentes instituciones que nuclean a nuestra profesión, sindicatos, sociedades científicas etc., que existieron estos deleznables sujetos que, amparados en el terrorismo de Estado de entonces, estaban dispuestos a actuar sin el más mínimo reparo ético, en pos de su ideología política de imponer la dictadura militar a la democracia, el autoritarismo fascista a la libertad y la violencia a la paz. 

Los gérmenes de estos comportamientos extremos que describimos, no se dan de un día para el otro. Son más bien un proceso individual de desprofesionalización y barbarización paulatinas. También de deshumanización y auto justificación cobarde.

La profesión tiene el deber de estar alerta. Los comportamientos anti éticos deben ser detectados, denunciados y sancionados como corresponde, dentro de la concepción de la autorregulación profesional y a través de los organismos correspondientes del CMU entre otros.

Porque quien olvida su pasado está condenado a repetirlo, recordar nuestro pasado es un paso indispensable para impedir que estos corrompidos comportamientos puedan repetirse en el presente y en el futuro. Nuestra profesión implica compromisos y riesgos y por lo tanto debemos reafirmar el compromiso por una profesión pro vida y pro derechos, siempre y en todas las circunstancias.

 

*Médico Ginecotocólogo

Profesor titular de la Clínica Ginecotocológica A. FMED- UDELAR 

Ex Integrante del comité de ética y profesionalismo de la Federación Internacional de Ginecotocología y Obstetricia (2015- 2021)

Ex consejero nacional del Colegio Médico del Uruguay  y Ex presidente del Consejo Arbitral del Sindicato Médico del Uruguay  

viernes 20 de mayo de 2022