
Montevideo, 26 de abril de 2000
Al director de Redacción del SMU:
Continúo en esta sección con la publicación de la carta enviada a Diario Médico, la que no pudo publicarse completa por razones de espacio.
En este sentido la mayoría de los usos mencionados por el colega no se ajustan a esta definición y no pueden considerarse telemedicina, aunque otros sí: la utilización de la tecnología aplicada a la comunicación (inmager, videos, sonidos) en educación médica continua, la intercomunicación entre colegas dentro y fuera del país (tele y videoconferencias), el almacenamiento y reenvío de datos clínicos, con ofrecer un invalorable aporte al ejercicio de las ciencias de la salud no tendrían que ser considerados telemedicina in sensu strictus, sino procedimientos de formación e información médica, más cercano a lo "administrativo" que al ejercicio médico clínico práctico.
Distinta es la situación en relación al uso de la tecnología aplicada a la comunicación para la atención primaria de salud (y no sólo como apoyo), o en medicina comunitaria (aunque prefiero los términos prevención y promoción de salud) o para la realización de ECG a distancia, donde se sustancia más cabalmente un acto médico completo (historia, diagnóstico, indicaciones terapéuticas, etcétera). Pero de todos modos aquí predomina la función transmisora de información. Donde la telemedicina alcanza su máxima expresión es cuando además de la transmisión de información o de permitir la comunicación posibilita un acto médico incluida la terapia. Y esto se logra preponderantemente en salud mental (telepsicoterapia), aunque también en las pequeñas cirugías ayudadas por robots o endoscópicas, como habla en su artículo el colega.
Y en este sentido, la "primera consulta médica" y el primer proyecto de la telemedicina se produjo en salud mental en el año 1992. Fue una experiencia corta, de pocos meses, fracasada por razones que escapan a lo estrictamente médico-tecnológico. Se trató de un servicio privado de acción masiva, del cual yo no participé directamente pero que recogía mis reflexiones sobre la utilización de estos medios en medicina durante mi estadía y viajes de estudio en Europa en el período 1981-1989. (En este sentido, le envío un ejemplar de un artículo de mi autoría en Informe Médico.) Esta experiencia además de trunca fue rudimentaria puesto que se limitó a la atención primaria en el apoyo y puesta en marcha de un programa de salud mental. Pero de cualquier manera, esta fue la "primera consulta" de la telemedicina. Y aun aceptando la amplitud del término a todos esos usos y acepciones que se mencionan en el artículo y que hoy por hoy se han generalizado, esta "primera consulta" y primer proyecto en telemedicina es cronológicamente anterior a todos ellos, y este sería el origen del término y esta disciplina.
Para finalizar, donde toma cuerpo definitivamente la telemedicina, es en un proyecto llamado Servicio Médico Telemático (SMT), ideado y dirigido en 1996 por quien suscribe, algunas de cuyas consideraciones pueden leerse en un segundo artículo de la mencionada publicación cuya fotocopia envío.
Coincido en que en Uruguay se han producido importantes avances en la puesta en práctica de esta materia, pero con respecto a las actividades, personalidades e instituciones que allí se mencionan las desconozco en su mayoría, a excepción del SUIS, del cual fui socio fundador en el año '97, aunque sólo concurrí a las primeras actividades, desvinculándome prontamente por entender que sus esfuerzos se volcaban a aspectos "administrativos" de la telemedicina en el sentido antes mencionado, desdibujándose así la esencia de esta actividad médica.
A modo de conclusión diré que hoy por hoy estos servicios de telemedicina han proliferado en todo el mundo, modificando la práctica médica y sus posibilidades aún no se han agotado, coincidiendo nuevamente con usted en que esta rama de la medicina puede alcanzar ribetes de ficción.
En mi última estadía en Europa (abril-octubre de 1998) ya se hablaba abiertamente de "medicina del futuro" hacia la cual se vuelcan muy buena parte de los médicos y se le destina una voluminosa inversión.
PD: El nombre comercial del SMT fue "teléfono amigo @", prontamente abandonado por ser similar a otros servicios (religiosos sobre todo) de Europa y América, lo que podría llamar a confusiones.
Sin más le saluda muy cortésmente,
Dr. Giuseppe Ciancimino Tortorici
Sindicato Médico del Uruguay - 2006-2007
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