A 42 años del asesinato del Dr. Vladimir Roslik: una conmemoración especial

A 42 años del asesinato del Dr. Vladimir Roslik: una conmemoración especial

jueves 16 de abril de 2026

Cada 16 de abril, el Sindicato Médico del Uruguay recuerda al Dr. Vladimir Roslik, el último asesinado de la dictadura cívico-militar uruguaya. Pero este año, la conmemoración tiene otro temple:  El 22 de diciembre de 2025, el juez Claudio de León leyó una sentencia de más de cinco horas en el Juzgado de Fray Bentos y condenó a nueve militares retirados por los crímenes cometidos en los operativos de 1980 y 1984 en San Javier (departamento de Río Negro). Las penas más altas fueron de 15 años y seis meses de prisión. El magistrado pidió perdón en nombre del Estado por lo ocurrido durante la dictadura.

El asesinato en sí del Dr. Roslik no pudo ser juzgado en esta causa: la Suprema Corte de Justicia había determinado que existía cosa juzgada en el ámbito de la Justicia Militar, cerrando esa vía penal. Aun así, la condena constituye un hito histórico para las víctimas, sus familias y para quienes durante décadas exigieron verdad y justicia.

Un médico de pueblo

Vladimir Andrés Roslik nació el 14 de mayo de 1941 en San Javier, la pequeña localidad del departamento de Río Negro fundada a principios del siglo XX por familias de inmigrantes rusos. Hijo de esa comunidad, estudió medicina en la Universidad Patrice Lumumba de Moscú gracias a una beca, y regresó a su pueblo con el título revalidado. Sin apoyo de ningún tipo, fue la propia comunidad la que lo ayudó a instalar su consultorio.

El 29 de abril de 1980, un gran operativo de las Fuerzas Armadas “invadió” San Javier. Vladimir fue detenido junto a un grupo de vecinos, lo que lo llevó a estar un año en el Penal de Libertad. Mientras estuvo preso, murió su madre. Cuando salió en libertad en julio de 1981, muchos vecinos y amigos le sugerían que emigrara, pero siempre respondía que no se iría de su localidad.

La madrugada del 15 de abril de 1984

Su hijo tenía apenas cuatro meses cuando en la madrugada del 15 de abril de 1984 golpearon la puerta de los Roslik. Su esposa, María Cristina Zabalkin (Mary) recordó ese momento, en declaraciones publicadas por el semanario Jaque, el 27 de abril, apenas días después:

“Copan toda la casa. Alrededor de la casa y adentro con metralletas. Cuando yo veo a mi esposo –yo estaba en el dormitorio– me dice ‘no te asustes, porque son soldados’. Yo primero pensé que era un accidente, porque era tanto el ruido de autos, portazos, y que corrían, que pensé en un accidente. Incluso lo ayudé a vestirse y a prender la luz rápido; golpeaban tanto y con tanta insistencia, pero no decían nada quién era. Entonces fue cuando fue a abrir la puerta y entraron. Eran todos soldados. Entran a la cocina y ya en la cocina mi esposo se puso a llorar. Él abrió la puerta y entraron. Eran todos soldados. Entran a la cocina y ya en la cocina mi esposo se puso a llorar.

Yo pregunté que qué pasaba, que si era mi padre que le había pasado algo, porque está un poco enfermo del corazón. Ahí me dijo ‘no, no te asustes que son soldados’. Entonces pidió si lo dejaban despedirse de mí y lo llevaron al dormitorio. Ya estaba esposado. Iba uno con un revólver y otro con metralleta. Mi esposo lloraba y pide para despedirse de mí”.

Vladimir fue trasladado a la comisaría de San Javier y luego al Batallón de Infantería N° 9 de Fray Bentos. A las 6 de la mañana del 16 de abril, el padre de Mary llegó a la casa con el mensaje de que debían ir a Fray Bentos a retirar el cuerpo.

La segunda autopsia y la valentía de Mary

La versión oficial habló de un “paro cardiorrespiratorio”. El médico militar Eduardo Saiz firmó un certificado de defunción sin datos de hora, fecha exacta, firma del médico tratante o indicación de si se había practicado autopsia. Mary no lo aceptó y exigió una segunda autopsia, solicitud que hizo en plena dictadura. Viajó con el cuerpo a Paysandú en una ambulancia tras convocar a otros médicos, que hallaron lesiones orgánicas letales en Vladimir: marcas de tortura, el hígado desgarrado por los golpes, evidencia de asfixia por “submarino”. Los médicos que practicaron la segunda autopsia, conscientes del peligro, se juramentaron a no hacer declaraciones públicas.

La postura del gremio

Tras llegar la verdad a la opinión pública a través de una investigación periodística del semanario Jaque, el Sindicato Médico del Uruguay expulsó de sus filas al médico Eduardo Saiz, que había firmado la autopsia falsa. Fue la primera vez en la historia que el gremio médico uruguayo denunciaba públicamente a colegas que habían participado en torturas o las habían encubierto.

Durante más de cuatro décadas, María Cristina Zabalkin no claudicó. Recorrió juzgados, convenció vecinos para que declararan, juntó pruebas, recopiló material escrito y testimonios y mantuvo viva la memoria de su esposo hasta que en noviembre de 2025, por primera vez en 41 años, Mary pudo declarar ante la Justicia, frente a los militares acusados.

Hoy, 42 años después, el SMU recuerda al Dr. Vladimir Roslik con la misma convicción de siempre: la medicina tiene una dimensión ética que va más allá de la profesión. Callar ante la injusticia también es una decisión. 

Fuentes: información disponible en la web del Sindicato Médico del Uruguay, incluyendo notas institucionales, comunicados históricos, el ensayo del Dr. Andrés Banchero Ciliberti (segundo premio en concurso del SMU) y entrevistas publicadas en la Revista Noticias del SMU.