Acto de homenaje al  Prof. Dr. Kempis Vidal Beretervide


04 DE JUNIO DE 2003

Sr. Fernando Butazzoni:

Encargado de Prensa y Relaciones Públicas del SMU.

Gracias por estar aquí presentes. Nos reunimos en esta noche para realizar el acto de homenaje del Sindicato Médico del Uruguay, al Profesor Doctor Kempis Vidal Beretervide, que fue un destacado hombre de ciencia y distinguido maestro de la Facultad de Medicina. El Presidente del SMU, el Dr. Barrett Díaz Pose me pedía que recordara que este homenaje se sucede con muy pocos días de diferencia al que se le tributara en la localidad de Migues, al Dr. Juan Carlos Macedo, que fuera Presidente del SMU y una destacada personalidad de la Medicina y de la Literatura uruguaya. También precede a algunos homenajes con los que el SMU va a honrar a otras personalidades de la Medicina Nacional.

Está presidiendo este homenaje el Presidente del SMU, el Dr. Barrett Díaz Pose, el Dr. Raúl Ruggia, la Dra. Carolina Seade, el Dr. Carlos Gómez Haedo. Para comenzar voy a leer algún mensaje que ha llegado. La Decana de la Facultad de Medicina, Ana María Ferrari, señala que agradece la invitación para participar en el acto y que por coincidir con la sesión semanal del Consejo de la Facultad, no podía confirmar de antemano su asistencia y dice textualmente: “...haremos los mayores esfuerzos, tanto quién suscribe, como los integrantes del Cuerpo, para estar presentes en este justo reconocimiento a la figura de quien fuera una destacado docente de esta Facultad y un universitario ejemplar.” Firma Ana María Ferrari, Decana.

Otro mensaje es de la Comisión Directiva de la Sociedad Uruguaya de Cardiología, que dice lo siguiente: “…Estimados colegas, la Sociedad Uruguaya de Cardiología se hace presente en el homenaje al Prof. Dr. Kempis Vidal, justo es recordar quien en vida fue uno de los maestros más distinguidos de nuestra Facultad de Medicina, con una larga trayectoria, expresada a través de innumerables y valiosos trabajos científicos de la Farmacología, así como su innegable capacidad docente. Reciban nuestros cordiales saludos, Comisión Directiva de la Sociedad Uruguaya de Cardiología.”

El otro mensaje es un telegrama: “...al no poder concurrir por razones personales al acto que se realizará en homenaje al Dr. Kempis Vidal Beretervide, me adhiero a él recordando al exime profesional y al inolvidable compañero.” Firma la Dra. María Julia Abril de Barreneche.

Ahora le damos la palabra al Presidente del SMU, el Dr. Barrett Díaz Pose.

Dr. Barrett Díaz Pose:

Apreciando la calidez de esta presencia de todos ustedes, en esta fría noche, muestra de lo que es capaz de convocar Kempis Vidal, en un día que hubiera sido de su cumpleaños número ochenta y uno, como me recordaba el Administrador General de nuestra institución el Dr. Antonio L. Turnes. Yo voy a hacer solamente la introducción, porque aquí hay expositores que realmente tienen mejores credenciales para analizar la personalidad, el rol, la huella dejada por el Dr. Kempis Vidal. De todas maneras, coloquialmente, quisiera cumplir este rol -probablemente en esta última presentación que haga como presidente en ejercicio de nuestra institución- de reflexionar lo que representa para nosotros este homenaje a Kempis. Me decía el Dr. Antonio L. Turnes que no podía dejar de resaltar los grandes hitos: el premio Calzada, Claude Bernard, la síntesis y el estudio de la succinilcolina, etc. Yo siempre me guío de lo que el dice, en base al elemental refrán de: “que el diablo sabe por diablo, pero más sabe por viejo” y sin duda el Dr. Turnes tiene que serlo, porque tiene un año más que yo.

Les diré porqué comienzo así. Hace poco en el homenaje a Mendilaharsu se habló del humor ácido que animó su relación con Kempis Vidal y estamos un poco convocando al espíritu de Kempis, comenzando de esta manera. Se citaron muchas de las esgrimas intelectuales, humorísticas, de ese dúo, que en su momento realmente nos causó una viva impresión. Yo, en esta muy breve introducción, podría enfocar el tema a través de mi pasaje por la docencia de Kempis Vidal en Farmacología en 1966 o el entrecruzarse de nuestras vidas en el exilio venezolano. Sin embargo y habiendo acá otros analistas que van a enfocar con profundidad y conocimiento el tema, yo quería y quiero tocar un aspecto; tener una perspectiva -que auténticamente puedo tenerla- de lo que es el ejemplo de las enseñanzas y el pasaje de Kempis para muchos de nosotros, en la siguiente observación.

Más allá de lo que se va a señalar en los aspectos humanos, académicos, culturales en general, quisiera señalar la especial dialéctica de su inserción en los fenómenos políticos esenciales en la época que le tocó vivir con relación al desarrollo de sus otras actividades, especialmente la académica.

El Dr. Kempis Vidal fue sensible a lo esencial del siglo XX, aquello que conmovió a la humanidad a lo largo del siglo y que tuvo como centro -no exclusivo- a la Revolución Socialista de Octubre, a la Revolución Española y a la eclosión en Latinoamérica de la Revolución Cubana y se inscribió en el pensamiento y en toda la peripecia ideológica, política y partidista del marxismo-leninismo, pero con una perspectiva cultural y humana tal, que no le impidieron la continuidad de la carrera académica, del desarrollo cultural y del cultivo de todas las relaciones humanas posibles, aún con aquellos que podían estar en las antípodas ideológicas, políticas o partidarias. Y para lo que es este inicio del siglo XXI y lo que hemos aprendido quienes transitamos desfasadamente, con respecto a él la segunda mitad del siglo XX, sin duda que esa capacidad de haber sido sensible a lo que le pareció el fenómeno ideológico fundamental, sin por ello excluir la amplia apertura a todas las ideas y al trato de todos los seres cualesquiera fueran sus puntos de vista, ideológicos, políticos o religiosos y especialmente, sin que todos los aspectos que componen la riqueza de la vida humana, la carrera académica, la producción científica, la investigación, las publicaciones, las polémicas científicas, etc.; sin que eso se viera coartado, inhibido, creo que es una de las muestras de genialidad, de excepcionalidad que comparte tal vez con muy pocos de una generación que lo tuvo entre sus componentes.

Eso sí quería destacarlo, porque es uno de los enfoques que algunos de los que están acá saben que valoramos mucho como participantes de algunas de las actividades de Kempis Vidal, especialmente las políticas partidarias y que creo que hace de él una figura de genio, de personalidad definida y de un esfuerzo sostenido por mejorarse como ser humano y lográndolo finalmente. Muchas gracias.

Sr. Fernando Butazzoni:

Ahora voy a leer algo que es más que un mensaje. Es de uno de los que iba a participar, pero por razones de salud fundamentalmente, en esta época del año está fuera del país. Me refiero al escritor Mario Benedetti, quién envió el siguiente texto para el homenaje:

Con Kempis nos conocimos en plena infancia. Ambos fuimos alumnos del Colegio Alemán cuando este tenía su sede en la calle Soriano. En ese entonces, las clases se dividían en A y B. Las A estaban integradas por aquellos alumnos que en cuyas casas se hablaba alemán. Las B por aquellos alumnos que en cuyas casas se hablaba español. Ahí empezó nuestra amistad, que perduró a través de los tiempos, los buenos y los malos.

En los tres últimos grados, Kempis y yo compartimos el premio al mejor alumno del colegio, que por cierto nos fue entregado por el mismísimo embajador de Alemania en Uruguay. Al final de nuestra estadía en el Colegio, surgió lamentablemente en Alemania, la figura de Hitler y eso desperdigó a buena parte de los alumnos. Nuestra amistad se mantuvo a pesar de los distintos rumbos que tomaron nuestras vidas. Kempis dio comienzo a su brillante trayectoria universitaria, que abarcó nada menos que dos carreras. Yo en cambio, apenas pude terminar secundaria en el Liceo Alemán, y luego como estudiante libre, ya que tuve que ayudar económicamente a mi familia, que por distintas y lamentables razones, enfrentaba muchas dificultades.

De todos modos nos seguíamos visitando. Kempis venía a menudo a mi casa, donde gozaba de la simpatía de mis padres, y yo, por mi parte, iba a la suya, donde conocía a su madre, siempre tan inteligente y afectuosa. Varios años después, calculo que andaríamos por la treintena, tuvimos otro inesperado lugar de encuentro. Yo había encontrado una profesión: la de taquígrafo, con la que me ganaba la vida e integraba con otros colegas, entre ellos el inolvidable Mario Jaunarena, un equipo que se dedicaba a tomar las actas de los Consejos de las distintas Facultades de la Universidad. Nos presentábamos anualmente a concurso y durante varios años, obtuvimos en buena ley el desempeño de ese cometido. Personalmente cumplí tareas taquigráficas en las Facultades de Química y de Humanidades. En el período en que trabajé como taquígrafo en la Facultad de Química, me encontré con una agradable sorpresa. Kempis que ya era doble profesional, integraba el Consejo de Química como representante de la Facultad de Medicina. De manera que nos veíamos y nos comunicábamos al menos una vez por semana.

Luego el país desembocó en la dictadura militar y algunos de los tipos progresistas de cualquier profesión, fuimos empujados a diversos exilios. Kempis, que militaba en el Partido Comunista, emigró, creo que a Venezuela, y yo, que integraba el Consejo del Frente Amplio, emigré sucesivamente a Argentina, donde fui amenazado de muerte por la Triple A y luego expulsado. A Perú, único país en el que estuve preso y de donde fui también expulsado; a Cuba donde integré el Consejo de la Casa de las Américas y finalmente a España. Después de doce años de exilio, pude volver a Uruguay; también Kempis regresó y fue toda una alegría reencontrarnos. Él y su familia me invitaron a su casa y nos pusimos al día con el relato de nuestras respectivas peripecias por el ancho mundo. Luego los trastornos de salud se ensañaron con nosotros. A Kempis lo alcanzó la enfermedad que acabó finalmente con su vida, tan pródiga tanto en lo personal como en lo profesional. Por mi parte tuve que viajar a España con cierta urgencia y allí fui operado dos veces del corazón y me colocaron un marcapasos, que por ahora funciona bien.

La noticia del fallecimiento de Kempis me afectó profundamente, ya que su duradera amistad fue una de las mejores cosas que me pasaron en mis ochenta y dos largos años. Que ahora el SMU haya decidido realizar un homenaje a Kempis, me parece un reconocimiento más que merecido a quién fuera una de las figuras más destacadas de nuestra cultura universitaria.

Un abrazo, Mario Benedetti.”

Sr. Fernando Butazzoni:

Ahora le damos la palabra a la Dra. Carolina Seade.

Dra. Carolina Seade:

Familia del Profesor Kempis Vidal, autoridades del SMU, autoridades académicas, público en general, amigos del Profesor Kempis Vidal, distinguidos compañeros de esta mesa, buenas noches.

La vida nos plantea todos los días desafíos, el de hoy no es un desafío más: hablar del Profesor Kempis Vidal. Tratando de hilvanar ideas que fueran propias, muy propias; tironeando de los hilos de esos treinta y cinco años que conocí al Profesor, necesito establecer entonces dos etapas de mi conocimiento con él. De alguna manera interiormente me negué a hacer una reseña histórica de lo que fue su pasaje por Farmacología y Terapéutica y sí una reseña de sus valores personales que siempre estuvieron acompasados y acompañados por quienes fueron sus compañeros de toda la vida del Departamento de Farmacología y Terapéutica y fundamentalmente por su familia. Fueron dos etapas muy diferentes de relacionamiento.

La primera como alumna de quinto año del plan 45, donde aprendí a apasionarme por la Farmacología del sistema nervioso autónomo y era inevitable que sucediera así, porque además inmediatamente que di el examen ingresé como ayudante honoraria al Departamento de Farmacología y Terapéutica.

Bien sabíamos que cuando Kempis daba una clase, dejaba el alma. Todos sabíamos que Kempis dejaba el alma. Inmediatamente de ingresar al Departamento de Farmacología y Terapéutica, comencé a trabajar con el Profesor Carlos Esponda, a quien le debo buena parte de nuestra formación.

A Kempis Vidal no quiero recordarlo de otra manera que con alegría, fue un hombre pleno, yo creo que sin duda fue un hombre pleno. Al tiempo de ingresar conocí esa imagen tergiversada del genio loco. Kempis era el “genio loco”, el que tenía una sustancia que guardaba y que luego hacía trazados que nosotros nunca sabíamos qué utilizaba, pero que de pronto a lo largo de los años íbamos comprendiendo y nos acercábamos humildemente cuando terminaba la experiencia y cuando ya sabíamos algo más, podíamos dilucidar en qué estaba trabajando. Pero el genio loco, ni siquiera ponía en el frasquito de que se trataba la sustancia!!! Era todo en clave.

Kempis estimulaba en nosotros a seguir pensando y seguir razonando en Farmacología y Terapéutica, pero nunca se daba solo y ese hombre multifacético del que habló Barrett y Benedetti, fue siempre así. Ese hombre fuerte que nos despertaba una tremenda timidez, además de su pasaje hierático, era la doble figura de Kempis Vidal, porque después empezamos a descubrirle las bromas, a conocer sus trabajos de investigación, recién cuando eran publicados en revistas extranjeras como en el British Journal of Pharmacology. Nos dábamos cuenta allí en que estaba trabajando, mientras que los grado cuatro del departamento ya lo sabían. Nos hacían la vida imposible, esa es la verdad y que sea dicha. Yo no haría eso hoy con los ayudantes, ni con los grado dos del departamento...

Era impaciente como investigador, tremendamente exigente consigo mismo y en ese entonces era una etapa de trabajo reservada casi en exclusiva con el Profesor Agregado Hugo Trinidad, un hombre que siempre estuvo al lado de él mientras vivió y que fue un compañero permanente de todas sus horas de investigación. Cualquiera hubiera dado la vida por formar parte del equipo de Kempis, con Hugo y la auxiliar que trabajó hasta las últimas experiencias , la señora Zoraida Baamonde.

En ese momento yo trabajaba en órganos aislados y tenía pasión por la investigación en órganos aislados y sigo teniendo pasión, pero hemos desarrollado mucho más la faceta de la Terapéutica. Es hoy un desafío para el Farmacólogo Terapeuta. Me decía: “ ¿Cómo puede ser que trabaje en órganos aislados? No hay nada más apasionante que un gato entero” Se refería a los gatos que salían a cazar los hijos, los vecinos y después los anestesiaban para poderlos trabajar. Me decía: “No hay nada más apasionante que una membrana nictitante de gato.” Y yo le decía que a mí me gustaban los órganos aislados. Y en ese momento de una discusión en que yo estaba trabajando en una aurícula aislada, él se agacha y se le caen unos cassettes de música. Entonces, al ayudar a recogerlos, dejo mi preparado –no debería haberlo hecho- y veo que en uno de los cassettes dice: “Concierto para clarinete y orquesta. Mozart” Le digo: “...ah es el índice Köechel 622”. Me mira y me dice: “¿Cómo?”

Mientras se iba y como era absolutamente lúdica la investigación en aquellos tiempos, empecé a tararear ese concierto que pedí que pusieran y que lo traje en compact. Kempis a partir de que me escuchó tararearlo, empezó a trabajar de una manera diferente conmigo. La verdad que fue un elemento de sensibilización el ver que yo captaba eso de un hombre prodigiosamente multifacético, detallista al extremo al punto que una vez le digo: “Esa D de Dopamina, es la de Durero” y él me contesta: “Por supuesto, yo fui al Colegio Alemán y esa es la D alemana. No me sale otra D.” A partir de ahí en que vio que tenía algún conocimiento de los dibujos de Durero, seguió escribiendo Dopamina con la D alemana. Nunca dejaba de estar presente en otras cosas: “Hola querida. Buen día querida” Pero esa es la segunda etapa de Kempis.

Pero, les estaba contando sobre ese concierto que en mi memoria vino con la aurícula. Después de criticarme tantos años sobre la experimentación en órgano aislado, la vida sufrió un corte para los dos extremadamente duro. La vida tiene cortes y por suerte nos reponemos de los cortes y a veces los cortes sirven para pensar y seguir adelante de otra manera, quizás peor para algunos, pero quizás mejor para otros. Cuando los dos nos reincorporamos al Departamento después de inmensos sufrimientos, Kempis venía de Venezuela, de trabajar en órganos aislados. Entonces me dice: “...querida, vení a trabajar conmigo, porque tengo unos vasos que...” y justamente yo había estado trabajando en la Universidad de la Plata en músculo liso vascular aislado y vino como anillo al dedo. Nunca hubiera pensado que a Kempis le hubiera gustado este modelo experimental. Entonces tuve la dicha, de uno de los últimos trabajos de Kempis de presentarlo en el Congreso de Cardiología y lo habíamos realizado juntos en una relación que fue impecable. Desde estar furioso por la corriente alterna del Hospital que entorpecía el trazado y gritar disparates que no sé si eran en catalán o en polaco, porque además era un individuo multifacético, políglota que se enfurecía cuando el preparado no salía, hasta extraer conclusiones fabulosas cuando todo marchaba bien -

Le dolía el pecho, llamaba a Inés –su hija cardióloga- a veces lo tranquilizaba con un té y nos poníamos a hablar de música o pintura desde una forma muy cariñosa de ese hombre que era batallador, militante social, un intelectual típico de la generación del 45 de la que también formó parte mi padre pero que falleció extremadamente joven.

Entonces, ese concierto que ahora no suena porque algo falló, hubiera sido una forma de recrear algo. Bueno, ahora está sonando....

Descubrí que él también dirigía la Filarmónica de Berlín, como mi padre, como mis hermanos o yo. Resulta que dirigíamos la Filarmónica de Berlín, de Londres; hacíamos avanzar los instrumentos y el allegro era el allegro y el andante era el andante. O sea que entre los músculos lisos vasculares aislados, la rabia cuando la alterna de los ascensores del Hospital hacía que hubiera que interrumpir el experimento; el Krebs tenía alguna sal que no marchaba y no mantenía el PH adecuado; todo lo otro, el hombre social, político, el amante increíble de su mujer, (realmente el nombre de Raquel tenía veinte, cincuenta erres) reaparecían. No había hijos más hermosos ni más brillantes que sus hijos. Si yo le hablaba de Pablo, de Carola o de Juan Pedro, que son mis tres hijos, él podía entenderme muy cariñosamente, pero inmediatamente empezaba a hablar maravillas de sus hijos.

No había hijos como los hijos de Kempis, lo que le causaba celos a los otros veteranos, pero tenía un hijo que le generaba especial preocupación. Parecía que no quería estudiar, le gustaba jugar al fútbol, andar por allí. Eso también lo comentaba, porque todos lo hacíamos, siempre en medio de un trabajo de pasión y de fragor.

Le poníamos tanta pasión y le sigo poniendo tanta pasión a la Farmacología y Terapéutica, que así trabajábamos todos y en medio de ese fragor, Kempis sin duda se destacaba.

Se hablaba del hijo ingeniero, de la hija médica, de la otra hija médica y al otro que le gustaba el fútbol. Y ahora es el hijo más famoso... (los celos de los hermanos se arreglarán como puedan..). Enrique, vayan mis saludos y admiración porque además hizo la misma carrera que la madre - Asistente Social -.

Kempis Vidal tenía un remarcado espíritu del humor, tremendo humor negro y en algunos momentos me resulta imposible pensar a Kempis sin Folle, sin Esponda, sin Trinidad porque además compartían un lenguaje en clave.

Cuando había alguien muy ambiguo, es decir que un día estaba con uno y otro día estaba con otro, era “el mucilaginoso”. Y había muchos mucilaginosos y seguirán habiendo muchos. Los cuatro usaban ese lenguaje. Un mucílago, un mucus. Tenía otras cosas formidables como por ejemplo: “…a ver quién recibe a fulana” “Fulana” podía ser la más brillante investigadora del mundo que venía al Departamento, o una alumna o alguien que venía a hacer una consulta. Cuando le decían quién era , él contestaba “Ah no, no, no, atendéla vos, es el antídoto de la lujuria.” Quería decir que era feísima... Después con el correr de la historia con enorme sorpresa fuimos incorporando a nuestro vocabulario: el mucilaginoso, el antídoto de la lujuria y muchos más.

Había otro personaje que se llevaba todo lo bueno para su laboratorio. Tenía esa costumbre, entonces le llamó “el tesaurismótico”, asumiendo la enfermedad de Tesaurismosis Glucogénica. Todo el que se llevaba lo mejor se llamaba el Tesaurismótico y aún hoy sigo usando esos términos. Me miran, porque parece que los jóvenes se han olvidado de la Tesaurismosis o no la estudian. Tendría algunas cosas más que mencionar, pero temo que con la alegría y con la emoción de exponer me retrase demasiado.

¡Qué hermosa fiesta la de las bodas de oro! La familia completa, los amigos, los hijos, los nietos y el embrión del bisnieto. Todos juntos en la misma fiesta. Inolvidable. Se acercan en un momento y cuando les saludo me dice: “...ché Carola, mirá que esto no fue fácil”...

Se fue de la vida con mucho amor y estoy segura que con serenidad. Se fue también con dolor, porque sufrió, pero sé fue con mucho amor. Dio y recibió y nos marcó para siempre:” Ciencia con conciencia.”

Dice el escritor Mario Arregui en “Ramos Generales”, más precisamente en ” Bota de Potro” que ” cuando alguien ha dicho algo del mejor modo a su alcance, es tarea de zonzo, la de ensayar nuevas fórmulas por el escrúpulo de no repetirse”. Entonces repito con el Maestro ; ” fue un hombre en el buen sentido de la palabra bueno”. Gracias a todos.

Sr. Fernando Butazzoni: Invitamos ahora a hacer uso de la palabra al Dr. Raúl Ruggia.

Dr. Raúl Ruggia:

Me siento muy feliz de poder acompañarlos a ustedes y vamos a tratar de aportar algo a los dos excelentes perfiles que plantearon Barrett Díaz y Carolina. Yo voy a tratar de rescatar y tratar de transmitir cuales fueron mis vivencias, en épocas un poco lejanas. Es decir, épocas de treinta o cuarenta años atrás, porque lo que me pidió mi amigo Zurmendi, cuando me propuso acá, es que rememorara ciertas épocas y que de alguna manera eso pudiera servir para que otros también rememoraran con calidez y se resaltaran muchos de los valores del gran amigo Kempis.

El tema es que yo tengo muy buenas vivencias e imágenes, pero todavía la tecnología no me permite transmitírselas directamente. Para transmitírselas, tendría que ser poeta o escritor y no tengo esa veta. Lo que yo traté de hacer es de mejorar un poco la memoria y buscar hablar con protagonistas, buscar imágenes y tratar de revivir los grandes valores de Kempis que en su momento y entrando más en el Kempis científico que es el que voy a tratar de transmitir lo que significó. Porque ahora es muy fácil hablar de estructura función de los receptores. En aquel tiempo se conocía poco, pero Kempis siempre hablaba de relación estructura función y sí bien no se sabía todavía, él evidentemente lo intuía. Yo tuve el privilegio de poder trabajar con él en esas épocas, en los cincuentas y sesentas y a través de conversaciones que tuve con él, que me significaron mucho, porque pude entrar en su personal, con Raquel que me soportó estoicamente. Con Monti, con Folle, con Lamarque que es un radiólogo, que me dieron mucho material, entonces pude reconstruir algo que es donde podemos seguir un poco la vida de Kempis.

Kempis siguió dos líneas bien claras. Una fue la línea Neurológica y ahí fue donde nos pudimos entender bastante bien. En el reportaje que le hizo Scarlato, cuando le pregunta la vocación, él tenía vocación de médico y de químico. Él siguió dos carreras paralelas aparte de Neurología: la de médico y la de químico. No se olviden que Kempis fue catedrático de la Facultad de Química. Aquí en estas fotos hay muchas figuras que a los más viejos nos conmueven más. Aquí está Kempis, Mendilaharsu, García Güelfi, el Prof. Schroeder, Pereda, Gomensoro, Bernardino Rodríguez, una persona que estimaba muchísmo Kempis, una persona muy especial, pero realmente un erudito, un gran docente. Esto fue en el Instituto Neurología.

Esta foto es un año antes de pasar al Hospital de Clínicas, que pasó en el 1958 y acá tenemos al querido Profesor Castells, a Bernardino, el Prof. Arana, Gomensoro, Botinelli, Vázquez de Negroto, Defféminis, Medoc, Rodríguez Barrios y acá Kempis. Rodríguez que junto con Botinelli, hicieron la Neuro Oftalmología en el Uruguay. Acá está San Julián, el gran cirujano y otras personalidades. Está Mendilaharsu; éste es Tomislav Kwásina que muchos de ustedes lo recordarán con cariño.

Acá en una reunión social. Están Castells, Mendilaharsu, Fuster, Arana, Kempis, acá está Raquel; Franco Gómez Gotuzzo, Kasdorf. El Instituto de Neurología y la Neurología fue para él una etapa muy importante y siguió ejerciendo como Neurólogo, hasta que aceptó la cátedra y era full time, tuvo que renunciar a su carrera Neurológica. Pero evidentemente en toda su estructura mental, en todo su pensamiento e investigaciones estaba el pensamiento neurológico detrás.

Esta es la etapa del Instituto de Patología. Este material lo saqué del libro del Prof. Mañé y aprendí mucho en esta revisión. Es extraordinario, porque este se llamaba primero Instituto de Medicina Experimental y fue creado en el año 1918 y el director fue Héctor Rossello, que fue un visionario que decía que quería que se creara una carrera paralela para que el médico, extracurricularmente junto con su carrera, siguiera la Patología e hizo el primer libro de Terapéutica del país en el año 1914 y que fue reeditado en 1945. Acá entra Kempis en el llamado Instituto de Patología que tenía tres Cátedras: Cirugía experimental, Farmacodinamia y Terapéutica (después se llamó Farmacología y Terapéutica), Patología General y Fisiopatología. Allí el director de la Cátedra de Farmacología era José Estable (“Pepito”), el director de Patología General y Fisiopatología, era José Pedro Migliaro y las personas que pasaron por Cirugía, que fue muy importante, fueron: Aquiles Lanza, Uruguay Larre Borges y muchos otros. Ambientándonos en el momento, muchos dirán: “sí, pero no está Kempis”. Vamos a entendernos, era difícil que Kempis estuviera en una foto.

Ésta era un área, pero entre Fisiopatología y Farmacología había mucha relación y se intercambiaban. Por ejemplo Esponda trabajó mucho con Duomarco. Duomarco es esta persona que está acá, en nuestro medio no muy conocido, pero mucho más conocido en el extranjero por sus investigaciones sobre presión abdominal y presión venosa. Un individuo que trascendió fuera de fronteras. Él trabajaba y había que ver con qué medios trabajaba y por eso es un poco el interés de mostrar esto. Cómo con escasos medios –Dibarboure conoce esa época- se publicaba en medios internacionales. Aquí está el Profesor Migliaro, con su ayudante Rimini y Esponda. Esponda que venía de Farmacología pasa a trabajar en Fisiopatología. Tenemos a Folle, Lamarque, Damonte, Hugo Trinidad, Millies, Liberman, Adrián Fernández, Casacuberta. Había una gran interrelación.

Acá tenemos a Estable, Galichio, Vinelli, Juan Folle que trabajó en el Instituto de Patología, fundó la sección de Histopatología que después la siguió Estable; Pereda, Petrucelli, Adrián Fernández; o sea que había un gran intercambio y comunión. Gracias a eso, yo que era ayudante de Investigación de Fisiopatología entré en una línea neurológica porque Kempis me invitó junto con Trinidad y con Monti.

Yo creo que ésta fue la característica de Kempis: la investigación original. Kempis con esa formación que tenía en Farmacología se relacionó rápidamente con Facultad de Química y con el Prof. De Vries y estructuraron moléculas nuevas, productos nuevos, sintetizaban productos nuevos, se probaban. Kempis tenía muy buenos amigos. Uno de ellos era Zaffaroni, una persona muy reconocida en el ambiente internacional y Zaffaroni hacía la caracterización físico química de los productos y la estructura. Entonces, él los podía probar y ahí publicaban. También tenía amigos en todo el mundo, que lo conocían por las publicaciones internacionales de gran peso. Claro que la modestia de Kempis a veces era excesiva.

Él trabajó los gangliopléjicos, en una época en que los antihipertensivos no estaban estudiados. Él buscaba gangliopléjicos que tuvieran una acción más sostenida y duradera. Eso era lo que él quería encontrar. También hubo trabajos muy importantes en el estudio de los colinérgicos y ahí se trabajaban con varios modelos animales. También trabajó con los curarizantes y diría que fue una etapa muy importante dentro de nuestra investigación en Farmacología.

Kempis logró aglutinar personas muy importantes y que eran fanáticos trabajando. Lo cierto es que se ponían a trabajar con él, era difícil porque tenía todos los ingredientes atractivos: la sapiencia, la bonhomía, la exigencia y después de las sesiones cuando la cosa estaba bastante tarde y había elementos de queja, terminábamos en el bar, en el “Alcalá”, con cerveza que le gustaba mucho y ahí venían los cuentos que eran muy buenos. Toda esa gente que trabajó con él, Trinidad, Monti, Galeano, Giambruno que murió trágicamente que era una potencia intelectual.

Kempis –como dijo Carolina- era un docente brillante. Sus clases eran realmente atractivas y los conocimientos entraban por permeación. Aquí vemos algunas imágenes dirigiendo un congreso en el año 1957. Tenía una tremenda seriedad para escuchar y hacía las criticas. Cuando la persona era frágil, no eran muy agudas; cuando eran más fuertes, eran muy agudas. O sea, que sabía dónde poner la crítica y la intensidad para exponerla. Tenía un don realmente que poca gente lo tiene y hay gente que lo hace al revés.

Acá lo tenemos presidiendo en 1993 con Folle, Esponda; la actividad científica de Kempis estaba totalmente fuera de toda duda, el aporte fue muy importante y sobre todo la continuidad, porque fue una vida muy larga de investigación. Acá en los trabajos más recientes que hizo Kempis, que es del año 1999 sobre la Farmacología de las Eucaínas, tiene un prólogo del Profesor Montas Trout de Toulousse, que yo creo que tiene algunas cosas que hay que leerlas:

“…era pues oportuno revisar un grupo de análogos farmacodinámicos de la cocaína. Si las eucaínas eran productos sintéticos tratando de mejorar la acción de la cocaína como anestesia. Se habían sintetizado dos –las A y las B- y él sintetizó otra que les llamó las gammas eucaínas.”

Todo este trabajo de síntesis y publicaciones, uno piensa qué proyección debe haber tenido, porque todos estos productos que sintetizó Kempis fueron muy citados en la literatura mundial, es decir que esos productos tuvieron destino y fueron modificados y sirvieron. Con respecto a las eucaínas –continúo-:

“...para responder a los interrogantes planteados por el autor en su presentación, una multitud de técnicas de Farmacología experimental han sido desplegadas. No se puede sino admirar el magnífico y emocionante panorama farmacodinámico descubierto a lo largo de las páginas. Gracias a todas estas experiencias animadas por el amor del hecho biológico, conducidas con rigor exquisito de la fisiología clásica. Expuesta y aseguradas por un apoyo estadístico, ilustradas por muy bellos trazados. Las conclusiones se desprenden de ellas.”

Otra cosa interesante que me pareció que debía mencionar, es la página de los agradecimientos, porque indica la amplitud de criterio y el espectro de su actividad; cómo lograba nuclear distintas personas, distintas profesiones y una cosa muy interesante y es que él cruzó esa línea divisoria entre la Facultad de Medicina y la Facultad de Química. Líneas divisorias que lamentablemente existen en nuestra Universidad entre otras carreras y él la cruzó olímpicamente y trabajó con gente de distintas Facultades. Era un verdadero universitario, trabajando en su proyecto de investigación. Él agradece a varios científicos que le enviaron los productos para que él los probara, procedentes de Budapest, otro de Inglaterra, otro de Ciudad del Cabo, agradeció a los farmacólogos, a Hugo Trinidad, también a los que siguieron colaborando en Venezuela y también al Profesor Manta y Silvera de la Facultad de Química, por la contribución del estudio –como dice acá- “físico y químico del estudio de las eucaínas con moderno instrumental y conocimiento”; al Doctor Luis Carbajal por su experta ayuda en algunos problemas estadísticos. Él logró no sólo aunar en su investigación no sólo su vocación, su capacidad, sino también un espíritu amplio universitario y de participación irrestricta.

Volviendo al tema de la vocación, él mismo lo decía en el libro de los perfiles, que le gustaba el tema de la experimentación. Uno piensa que hay algunas personas privilegiadas que tienen ya la vocación desde el arranque. Otros vamos haciendo las cosas de distinta manera. Bueno, espero que quizás esto pueda abrir para otra conversación y algún otro pueda aportar algo sobre estos tiempos y estas cosas. Muchas gracias.

Sr. Fernando Butazzoni: Y para terminar este homenaje pedimos que haga uso de la palabra el Dr. Carlos Gómez Haedo.

Dr. Carlos Gómez Haedo:

Señora esposa de Kempis Vidal, hijos y familiares. Estimados colegas, señoras y señores: hemos comprobado que hacer el retrato de una persona, es una obra ciclópea, porque aquí brillantemente, nuestro antiguo presidente del SMU y ahora presidente del CASMU, enfocó su actividad política social, la Profesora de Farmacodinamia y Terapéutica, hizo la historia desde que ella participaba en su cátedra y de su característica como docente y como investigador, que completa el Dr. Ruggia con una investigación histórica, donde ubicamos a la persona de Kempis Vidal.

Este gran Vasco que se distancia de “la razón razonante” de nuestro Vaz Ferreira y admite la inmortalidad como un imperativo de su pensar agónico, profundiza un poco la reflexión. Pero ¿Qué es lo que lleva a recordar personas como Kempis Vidal Beretervide? ; desde una óptica más modesta, yo creo que es la resistencia al olvido. Sí, porque hay una doble muerte, la muerte biológica, física, que a veces es abrupta que otras veces se hace en etapas prolongadas, como le tocó a mi amigo Kempis Vidal y que además, es una muerte concertada y programada y luego está la muerte por el olvido, a la que se resisten los familiares, nos resistimos los amigos. Y tenemos que rescatar, porque este gremio, lo reconoció especialmente el 2 de Diciembre de 1989, otorgándole la distinción sindical al mérito docente. Queremos rescatarlo de esta segunda muerte, que sería la más injusta: la del olvido.

No me voy a referir al curriculum fuera de lo común de Kempis Vidal, que fue en realidad un joven prodigio y seguramente un niño prodigio, pero fue un joven prodigio, porque entró a los 16 años a la Facultad de Medicina. Dio exámenes libres, lo que le permitió entrar a esa edad, con lo traumas que le significaron y que él lo dice en el reportaje hecho por Scarlato. Mi posicionamiento con respecto a la figura de Kempis Vidal, que además tuvo una brillante carrera como ustedes vieron, en investigación, en las dos ramas, en Neurología y en Farmacodinamia y Terapéutica, se debe a que yo tuve la enorme suerte de ser “Leucocito” de la guardia de Kempis Vidal, Mendilaharsu y Germán Schroeder.

En la realidad de la actuación profesional hay tres vertientes que están influyendo definitivamente. Una la Facultad de Medicina que es la vertiente matriz, pero en realidad al lado de ella existen otras dos. La Asociación de los Estudiantes de Medicina, donde muchos iniciamos la formación en política gremial, en política social, era un escenario obligado de luchas y debates gremiales. También esa Asociación había coincidido con la reforma universitaria de Córdoba, de 1918, que integró como adelantado de los cambios de la propia Universidad. No debemos olvidar y aquí seguramente recordarán que fue fundada en 1915 la AEM, la FEUU se fundó y tuvo sus reglamentos en 1929. Yo he hablado numerosas veces de lo que yo llamo el “Movimiento Médico Gremial Estudiantil Uruguayo”, que dio además, a través de su crisol, el nacimiento a la delegación estudiantil directa, al Hospital de Clínicas Universitario, a la limitación de la edad para el profesorado, el estatuto universitario del año 1935, la Ley Orgánica, el Plan de Estudios de 1968, así como la gestión fundamental de los Claustros, en los cuales actuó Kempis Vidal y del Claustro de 1967 fue presidente.

La lucha se trasladaba por el impulso de este Movimiento Médico Gremial Estudiantil, del debate de pequeños grupos al escenario mayor de las asambleas y los claustros. De ese movimiento surgieron los cambios fundamentales y los líderes integrantes de

Consejos, Decanos y Rectores. Pero había otro camino fundamental al lado de la matriz, al lado del movimiento médico gremial estudiantil que nos formaba, que era el Hospital, en especial la vida del Hospital y sus guardias. Nosotros habíamos hecho el concurso para practicante externo, que después desapareció. Se iniciaba precozmente la etapa de los concursos y comenzamos a actuar como “Leucocitos” de guardia, nada menos, de Kempis Vidal, como decía, de Carlos Mendilaharsu y de Germán Schroeder. En ese momento el practicante interno era una autoridad y un pilar fundamental, no sólo en los hospitales, sino en la formación. Una formación tutorial como después los planes exigían que era realizado por los estudiantes, que ingresaban a ser practicantes internos, después de concursos rigurosos, en que había treinta y nueve cargos, como en la época de Kempis Vidal. Treinta y tres fueron cuando yo hice el concurso. Seguíamos la vieja tradición francesa. Kempis Vidal había ocupado el segundo puesto en el internado; el primero había sido Morquio en la generación de él. Ahora tenemos un internado obligatorio, tenemos las residencias médicas, han habido cambios.

En las guardias –decíamos- convivía la ética médica en transformación, el aprendizaje, del estrés hacia habilidades imprescindibles, con una vertiente de cultura hacia la picaresca. Por ello conocíamos “la cazuela” que se denominaba la cloaca de mariscos por Germán Schroeder y “el cóctel” que se definía por un susurro, porque tenía distintas variantes y también por sus posibles efectos. Junto al aprendizaje se acortaban las noches con el truco o el tute. Y había personalidades increíbles que concurrían sólo para el juego y no para el aprendizaje o para la reunión y no para el aprendizaje. Siempre lo vimos a Kempis Vidal tratando de mantener el equilibrio y control necesario, estimulando a los más jóvenes en forma parca y brindando espacios para el afecto. ¿Cómo no recordar –y algunos de los que están acá seguramente lo harán- al Gallego Manolo que usaba la toalla personal como servilleta para sus tareas culinarias? Después –a mi entender- fallece de tuberculosis, luego de haber asistido numerosísimas guardias de estudiantes. Cómo este Gallego Manolo cuando le interrogábamos sobre la opinión que le merecía un colega médico o estudiante, decía: “éste, éste es un sindróme”. ¿Cómo olvidar el clásico dibujo mural de Walter Fernández Oria en el Hospital Maciel, que aparecía nuestro viejo maestro Don Julio García Otero, preguntando “¿Y usted que opina?” a un atribulado estudiante.

Había tres practicantes internos y un médico de guardia que era cirujano, de manera que la labor del practicante interno era la labor de médico. Era una labor importantísima y además el tema era, para la gente que desarrollaba por los hechos de su formación, una visión social de la sociedad, el comprobar que estábamos y seguimos aprendiendo sobre los más pobres de la sociedad: la clientela de Salud Pública. Eso no ha cambiado y tiene una falla ética fundamental, nos obligaba a desarrollar un respeto que a veces faltaba y a luchar contra el predominio de la cultura de la picaresca, sobre la cultura de la Ética y de la Medicina.

¿Cómo recibíamos nuestra formación? Por el ambiente familiar cultural de nuestra propia casa, el de la matriz de la Facultad y su cuerpo de profesores, pero también en un régimen tutorial, donde el practicante interno tiene un papel relevante. Por eso el que habla recuerda haber tenido una de las mayores alegrías, cuando pudimos hacer el concurso de practicante interno. Y cuando comparo con la alegría de ocupar el cargo de practicante interno, con la alegría que me produjo ser grado cuatro o grado cinco, confieso que tuve más alegría cuando fui practicante interno. Porque la repercusión que tenía en la vida del estudiante, tenía una importancia fundamental y además recuerdo durante largos años haber soñado que estaba haciendo el concurso de practicante interno y no soñaba nunca con haber ocupado el grado cinco en la Facultad de Medicina.

Después con Kempis Vidal nos encontramos en la vida profesional. Ejercía la Neurología en el CASMU, antes de abandonar por el full time y yo era médico de zona y médico internista. Después había actuado como practicante interno en el Instituto de Neurología. Nos volvimos a encontrar en el Instituto de Neurología cuando él era asistente y también con Mendilaharsu. Después –dictadura mediante- los dos nos negamos a firmar la “Declaración de Fe Democrática” –que ironía- erigida como obligación por los “demócratas” del golpe de estado. Vino una separación de diez años; él en el exilio obligado, yo personalmente en lo que llamamos el inxilio, sobreviviendo en el país. Después la vuelta, el morir del Uruguay post dictadura y tanto él como yo, devueltos por el destino y la voluntad de los Órdenes, a una Facultad que ya no podía ser la misma: donde cohabitaban los ex colaboradores, los que resistieron, los neutrales y los pocos que se reincorporaban del exilio y algunos –como el que habla- del inxilio y también los jóvenes, que se habían tenido que educar en esa Facultad. Todo ello en un país empobrecido económico, social y culturalmente.

Por eso recordar a Kempis Vidal es casi una obligación, este joven prodigio que ingresó al profesorado eligiendo el full time y regresó del exilio al mismo full time, con valores disminuidos del punto de vista económico y social. Que tuvo una formación científica, no sólo lograda por oportunidades propicias, sino sobretodo por un esfuerzo y sus propias condiciones y que fue a continuar su aprendizaje de veterano a Estrasburgo y fue capaz de soportar un infarto. Pero en especial, que supo resistir, diciendo no a la dictadura, que no queremos ni debemos olvidar.

Don Carlos Vaz Ferreira había dicho cuando la dictadura de 1933: “Vimos caer muchas Instituciones y nos dolió, pero más nos dolió ver caer y claudicar a muchos hombres.”

Recordar a Kempis Vidal, es recordar a un Uruguay al que debemos reposicionar entre todos, en sus raíces libertarias y en su verdadera identidad. Muchas gracias.

Sr. Fernando Buttazoni:

De esta manera culminamos el acto. Les agradecemos la presencia a todos.