La nueva etapa sindical

Conferencia del Presidente del Sindicato Médico del Uruguay
Dr. Roberto Berro, dictada el 5 de julio de 1924.

Por el Dr. Roberto Berro

Conferencia del 5 de julio de 1924 – Versión taquigráfica. Edición del Sindicato Médico del Uruguay. Montevideo, Tipografía “La Industrial”.- 634 – Reconquista – 640, 1924

En los primeros años de vida del SMU, se dictaron diversas conferencias que marcaron rumbos. Una de ella, la que aquí se ofrece fue pronunciada por el Presidente que continuó la obra de los fundadores, y señaló con particular vigor y claridad los caminos del momento. Hoy, a 80 años de aquella conferencia, y a 85 de la fundación, es más necesario revisar estas visiones, para nutrirnos de lo rescatable. El valor de lo permanente. La defensa de una institución que fue creada para defender los intereses morales y materiales de sus afiliados, y por extensión, la de todos los médicos uruguayos.

Colegas amigos:

Cuando el nuevo Comité del Sindicato aceptó el cometido inmerecido, que se le confiara dentro de la organización gremial, contrajo un doble compromiso: en primer término el de cumplir con su deber, trabajando y haciendo trabajar; y en segundo término el de hablar siempre claro, exponiendo con toda franqueza su opinión y su pensamiento, sometidos una y otro al contralor de vuestro criterio.

En esta forma, estas reuniones tienen que ser esencialmente simpáticas, ya que buscaremos en ellas el que coincidan, que se pongan de acuerdo lo que sienten los más, que sois vosotros, con la intención ejecutiva de los menos – de aquellos a quienes se les ha acordado la misión difícil de realizar-, de realizar digo, y la verdad es que esta sola palabra, bien entendida, como debe ser entre gente que sabe lo que es lucha y lo que es trabajo, significa y condensa un programa entero y completo.

Nuestra misión es esa: realizar algo hoy y un poco más mañana, sin tener en cuenta para nada el valor de cada conquista diaria, porque en estas cosas no es en sí lo que se obtiene cotidianamente lo que vale, sino que es la continuación de las jornadas, es la serie de realizaciones sucesivas, - la constancia, el esfuerzo mantenido y tesonero, - lo que siempre lleva al triunfo; y en nuestro caso, si vamos haciendo algún esfuerzo sindicalista desde los primeros momentos de nuestra dirección y podemos añadir otros esfuerzos más adelante, iremos formando, se me ocurre, los peldaños de una escalera que, apoyándola acá abajo en la realidad de la vida, vaya a descansar bien alto en plena victoria.

(Muy bien!)

ORIGEN DEL SINDICATO

- La obra del Sindicato Médico, sobre todo la obra de nuestro Sindicato, es nueva y es fuerte. Es nueva por su edad, no tiene más que cuatro años de vida. Es de actualidad, porque la obra sindical constituye, hoy en día, la cuestión el momento, la cuestión oportuna en las naciones más civilizadas de la tierra; y es fuerte, porque no es una obra aislada, sino una obra colectiva, solidaria. Se parece, en lo que ella determina, a los eslabones e una gran cadena, que aprieta, afirma y hace inseparables a los unos de los otros.

Ustedes recuerdan que el Sindicato Médico del Uruguay surgió a la vida en una forma casi accidental. En una conversación sobre honorarios médicos, el espíritu inteligente y moderno el doctor Turenne sugirió la idea de que había que ampliar aquellas relaciones entre médicos y darles otro carácter. El mismo doctor Turenne fue su feliz iniciador y quien dirigió los primeros pasos. Luego vino la recta voluntad y energía firme del doctor Morquio a continuar la labor emprendida; y ahora viene a nuestras manos, bien modestas, bien poco prestigiosas, por cierto, pero estad tranquilos: si no tenemos condiciones, pudo aseguraros que energías no nos faltan y tenemos un dinámico optimismo que ha de llevarnos a buen puerto. Si no fuera así, yo quisiera que los socios del Sindicato tuvieran para nosotros esa misma franqueza que he insinuado al comenzar mi disertación: esperamos de ellos la aprobación de nuestros actos, pero sabremos aceptar también, sin reproches, la censura, si ella fuera merecida.

LA OBRA DEL SINDICATO

Esos primeros cuatro años de vida sindical no han transcurrido en vano. Al contrario, mucho se ha hecho; y sin embargo abundan por ahí los escépticos, los que dicen que el Sindicato no hace nada, que los médicos están mal hoy, como estaban mal ayer, y que todo hace pensar que estarán mucho peor mañana todavía. ¡Y el remedio sería cruzarse de brazos!

Pues bien: los que eso dicen, no saben lo que dicen, ni lo que quieren. No saben lo que dicen, porque desconocen el asunto de que hablan; no saben lo que quieren, porque los escépticos en los tiempos modernos constituyen una rémora en la vida social, no saben de triunfos, sino que van de derrota en derrota, de fracaso en fracaso. Y para probar que el Sindicato ha hecho mucho ya, bastaría recordar que hace cuatro años la solidaridad médica era una bonita palabra, pero no otra cosa. En cambio, hoy en día tenemos un Sindicato central con más de 500 afiliados; un grupo numeroso de Sindicatos departamentales, casi tantos como departamentos hay en la República y lo serán tantos dentro de poco, y algunos de esos Sindicatos departamentales, identificándose bien del sentido cultural de la obra, han añadido a la reunión sindical una reunión científica, que ya empieza a dar sus frutos allá, en zonas alejadas de la capital de la República.

Además de todo esto, tenemos ya un fondo social considerable y en vías de un crecimiento auspicioso y definitivo; tenemos un montón de iniciativas, que trataremos de ir enumerando poco a poco en el curso de esta disertación, y, sobre todo, señores, un espíritu de solidaridad, que reina en estos últimos tiempos entre la clase médica y que debe sonar gratamente en todos los oídos.

(Muy bien!)

- Yo me explico – y lo mismo tiene que ocurrirles a ustedes – que hace unos cuantos años no fuera necesaria la existencia de un Sindicato, porque la vida del médico era relativamente fácil, el número de médicos que egresaba de la Facultad de Medicina era limitado; los gestos de los unos rara vez incomodaban a los demás; para todos había un amplio sitio al sol! En cambio hoy han cambiado las cosas por completo, el número de médicos es ya considerable y aumenta cada día; luego, la lucha de clase que ha sacudido a las sociedades e toda la tierra, ha dado para nosotros los médicos un lote considerable de penurias y privaciones. No es extraño, señores, ya que en la vida moderna la parte más pesada recae sobre la clase media, y las profesionales liberales, casi siempre indefensas y desprevenidas, forman uno de los grupos más importantes de esa clase media.

Decía, entonces, que hasta hace unos cuantos años no se sentía la necesidad de agruparse. Fuimos nosotros los primeros en Sud América, - y yo reclamo también esta vez para mi patria esta prioridad, como la reclamamos en muchas otras manifestaciones e la cultura y del intelecto, los primeros que vimos que para el porvenir asomaba una de esas tormentas que suben rápidamente del horizonte hacia el zenit, y comprendimos que la única manera de defendernos contra ella era buscar un movimiento de solidaridad: imponer lo colectivo a lo individual, porque la verdad es, colegas, que el individualismo cerrado y egoísta de hace medio siglo, no podemos concebirlo hoy en día. Creo que ese individualismo nunca debió ser triunfador en la esfera de los sentimientos culturales, porque si vamos a estudiar la definición misma del individualismo, buscándola en su filósofo más esclarecido, recordaremos todos que afirma que había que ir al perfeccionamiento de cada individuo para obtener el perfeccionamiento de la sociedad con la suma de los adelantos individuales. Quiere decir, entonces, que no se buscaba el perfeccionamiento de cada uno para sí mismo, sino para todos.

(Muy bien!)

NUESTRA FÓRMULA

- Y esa es nuestra idea: la unión, la solidaridad amplia. Trabajar y esforzarnos por todos, primero, y luego, como consecuencia, para cada uno de nosotros. Hemos dado vuelta a esa fórmula egoísta de otros tiempos y la hemos hecho más generosa y más al alcance de las modernas idealidades.

Estoy seguro, colegas, que si nosotros sabemos mantenernos unidos, si desdeñamos en muchos casos iniciativas aisladas, que pueden torcernos del recto camino que la Sociedad nos marca, hemos de llegar, con toda seguridad, a obtener el triunfo que anhelamos. Uno mira para todos lados; busca los movimientos materiales, los movimientos culturales, y siempre ve lo mismo: los frentes únicos de voluntades conscientes y e corazón bien puesto jamás son vencidos, y, sobre todo, - y es el caso nuestro – si ponemos por encima de nuestras columnas un pendón de idealismo y un emblema de moral absoluta!

(Muy bien!)

QUÉ BUSCAMOS

- Esto es el Sindicato: una legión firme, bien entera y que busca, antes que nada, la absoluta moralidad de todo un gremio! Y esto quiero decirlo así, con cierto énfasis, porque todos hemos oído decir que hay algunos colegas que manifiestan que Sindicato es una mala palabra y que nosotros no podemos constituir un sindicato. Permitidme que os diga que quien esto diga, por un lado no sabe lo que la palabra sindicato quiere decir, y por otro lado, no sabe que las frases no valen por su estructura gramatical, sino por la verdad que encierran. Y Sindicato gramaticalmente quiere decir junta o reunión de síndicos y síndico es el hombre que procede con justicia. Y eso es lo que queremos nosotros: proceder con justicia para con los demás, a fin de tener derecho a reclamar que los demás procedan con justicia para con nosotros.

(Muy bien!)

ELEVACIÓN DEL MÉDICO

- Es claro que tomando las cosas en esta forma, la principal preocupación del Sindicato debe ser la elevación cultural del médico, comprendiendo todas las responsabilidades que esto encierra, ya que es una cosa bien sabida que cuanto más se eleva uno, más obligaciones tiene. Queremos elevarnos, aceptamos estas mayores obligaciones, para mostrar así a todo el elemento culto del Uruguay la importancia que tiene el desarrollo feliz y fecundo de la clase médica, - la clase médica cuyo adelanto – por sus relaciones, por las vinculaciones que ya tiene con todas las obras culturales de la nación, - está íntimamente ligado al progreso definitivo de la misma. Yo niego a los que creen que el Sindicato está formado exclusivamente para defender intereses materiales. Esto no puede ser! La clase médica es demasiado superior. Ella constituye las clases dirigentes de nuestro ambiente, las clases dirigentes de nuestra sociedad, y no puede planear en una atmósfera de intereses secundarios. De ninguna manera! - Es claro que el factor material no lo podemos arrojar de nuestro lado, porque eso sería ir contra las exigencias de la humana naturaleza.- ¡Ojalá pudiéramos vivir preocupándonos solamente del aspecto moral de las cosas! Pero eso no es posible. El aspecto material aparece a cada paso. Es una cosa que la vemos en todos los hechos y la afirman los filósofos y la narran los literatos. Precisamente estos días oía a un poeta irónico decir que en todos los actos de la vida – y por cierto que aquí no hacía ironía, - no hay más remedio que pensar en lo material. Se trataba de ese poeta fabulista tan brillante que acaba de visitarnos, - Trillusa, - una de cuyas fábulas me llamó realmente la atención porque me pareció muy oportuna para este momento. Hablaba, en efecto, de una reunión de animales, en donde el águila se destacaba entre todos ellos y se vanagloriaba de que era el animal predilecto del hombre, ya que este recurría a él; toda vez que quería hablar de nobleza, de majestad y de fuerza; y cuando más llena estaba de vanidad o de orgullo, el gato, que suele andar por la cocina, le dice: “que en el fondo, el hombre prefiere siempre a la gallina…”

(Hilaridad).

- Y esta es la verdad de las cosas! Uno quiere desprenderse de la cuestión moral, pero esta se presenta a cada paso y es necesario abocarse a ella y tratar de resolverla en la forma más categórica posible. Y es lo que nosotros tenemos que hacer: buscaremos antes que nada el prestigio moral del Sindicato pero cada vez que se nos presente el factor material, nos abocaremos a él, no como podría hacerlo cualquier obrero común, sino como hombres de cultura superior, como médicos! No se llega a médico así, como así, sino que es necesaria una larga vida de estudios, de dedicación, de renunciamientos muy a menudo, y cuando a esto se ha llegado, existe el derecho de creerse capaz de considerar aún los problemas más difíciles sin sentirse cohibido por su complejidad e importancia.

LA DIGNIFICACIÓN Y LA INDEPENDENCIA DEL MÉDICO

¿Cómo concebimos nosotros al Sindicato?... Creo que hay dos grandes postulados a llenar: el primero se deduce de lo que acabo de decir, que es la dignificación moral del médico; el segundo es la independencia material del mismo. Si no se quiere usar la palabra material, digamos la independencia social del médico.

Dignificar al médico es la función madre del Sindicato; es, a mi juicio, la más importante y trascendental, y para conseguirla debemos de tener en cuenta dos factores esenciales: el medio ambiente, por un lado, y el sujeto, por otro. Es lo mismo que nos pasa a cada rato en nuestra vida profesional: encontramos al agente micro-organismo que actúa en diferentes formas y al enfermo o terreno que reacciona en formas también distintas y que requiere en cada caso un estudio especial. El medio ambiente estaría formado por todo lo que es exterior a nosotros, y aquí destaco como elementos más importantes: la Facultad de Medicina, la Asistencia Pública, esas corporaciones bien o mal llamadas “mutualistas”, y luego la sociedad entera. El sujeto somos nosotros mismos, y a este respecto no debemos ocultar, sino al contrario decir francamente que reconocemos que en el camino de nuestra perfección científica y en el camino de nuestra perfección moral, tenemos mucho que andar, que corregir, que cauterizar tal vez!

NOSOTROS Y LA FACULTAD DE MEDICINA

Dije que dentro del medio ambiente era necesario pensar en las relaciones del Sindicato con la Facultad de Matemáticas [sic]. En efecto, es para el médico un motivo de amable recuerdo y un factor necesario para su vida misma, el vivir vinculado a esa vieja Facultad, a aquellos claustros que cada día nos resultan más inolvidables y en los cuales empezó uno a forjar su personalidad científica.

Es necesario que nosotros estemos en contacto con la Facultad de Medicina, interesándonos por todo lo que es de ella, por su salud, por sus catedráticos; porque sus alumnos de hoy serán los compañeros del Sindicato mañana; porque sus planes de estudio formarán los médicos del futuro que han de darnos o no una buena columna para el Sindicato y una buena clase médica para el Uruguay. Si la escuela fracasara del punto de vista pedagógico y del punto de vista científico, muy poco podría esperarse de la obra médica y de la acción sindical. Estaremos continuamente en contacto con la Facultad, para ayudarla en su tarea para facilitarle lo que necesite a fin de forjar el ideal del médico capaz y preparado.

Ya se ha hecho mucho en ese sentido. Las Comisiones anteriores del Sindicato han mantenido siempre ese contacto con la Facultad de Medicina, buscando el adelanto cultural del médico. Dos iniciativas recientes lo demuestran así: por un lado ese Curso de Vacaciones del verano pasado, en el cual vimos a casi toda la plana mayor de nuestro Profesorado disertando elocuentemente sobre temas de ampliación cultural, ante un auditorio formado por elementos de nuestro Sindicato.

Ese Curso de Vacaciones, que fue todo un éxito, tuvo no obstante sus defectos, como lo tienen todas las obras nuevas. Estos defectos han sido comprendidos y habrá que corregirlos.

Por otro lado el Sindicato se ha dirigido varias veces a la Facultad de Medicina, insistiendo en una cuestión que, de acuerdo con lo que dijimos, tiene capital importancia, se le ha pedido que incluya entre sus cátedras una de Deontología, - una cátedra que enseñe o trate de hacer accesible a los médicos los principios generales de la vida moral profesional. Y, para facilitar esta tarea, el Sindicato se dirigió también a los Profesores, exhortándoles a que una o dos de sus clases, sobre todo las de clausura, las dedicasen a difundir estos principios generales de Deontología.

La mayor parte del cuerpo de profesores respondió con gusto a este pedido del Sindicato, y algunos de ellos hicieron disertaciones fecundas y brillantes, que han divulgado generosamente por medio de folletos.

La importancia que esto tiene es muy grande para mi porque insisto en mi criterio: sin fundamentos deontológicos bien aplicados, no tendremos nosotros ni medicina, ni médicos, sino principios fríos y curadores de enfermos.

LA ASISTENCIA PÚBLICA.- LOS CONCURSOS

Con la Asistencia Pública Nacional debemos también tener íntima vinculación. Nuestra primera posición de índole médica es la de practicante, es el internato de los hospitales, que debe ser la mejor escuela del futuro médico. Allí forjará sus primeras armas profesionales, allí empezará a comprender lo que son los dolores y las miserias de la vida orgánica; su contextura moral ha de iniciarse también allí. Esta institución del internado hay que reorganizarla y rodearla de todas clases e garantías. Vigilar su justa provisión será misión especial del Sindicato. Y sobretodo porque a esos puestos se llega mediante un concurso de oposición, es decir, que se entra por la puerta abierta del propio valer y no por la ventana de las recomendaciones o claudicaciones.

El Sindicato ahora y siempre tiene que insistir en que el médico ambicioso – y es justo y digno tener ambiciones – no debe tener otro camino recto que el del concurso. Yo sé que es penoso y que hay gente que se resiste a él; pero no hay ninguna mejor palanca de optimismo y de confianza en sí mismo que la que da el concurso. Es necesario, pues, imponerlo, no solamente en la Asistencia Pública, sino en todas las corporaciones administrativas que tengan que proveer puestos de carácter técnico, a fin de que vayan a esos puestos no los que mejor los pidan, sino los que tengan más derecho, demostrado en una prueba pública y en un ambiente sereno. Nada más educativo que el concurso y, sobre todo, y es el caso del internato por estar colocado en las primeras etapas de nuestra carrera, nos abre el camino del estudio y, por otra parte, nos hace entrar por esa línea recta, con la frente levantada y habiendo contado solamente con nuestras propias fuerzas.

* * *

La Asistencia Pública dice también, en sus postulados fundamentales, que otorga a todos los menesterosos del país el derecho a la salud. Muy bien! Pero este derecho a la salud, señores, está condicionado a nuestros conocimientos profesionales. ¡Qué sería de los pobres menesterosos si el médico no fuera capaz de atenderlos o de curarlos bien! Por consiguiente tenemos derecho a pedir a esa Asistencia Pública, ya que el médico es el agente del fiel cumplimiento de sus postulados, que nos dé los medios necesarios para hacerlo y la remuneración equitativa que nos permita decir que en el trabajo a que estamos entregados, no todo son penurias y dificultades.

FRENTE AL MUTUALISMO

Y llego ahora (no deseo alargar demasiado estas cosas) a un punto en el cual me voy a permitir detenerme un poco más, porque constituye tal vez el punto más complejo de las relaciones del Sindicato. Y es nuestra situación frente a esas corporaciones que dije hace un rato eran bien o mal llamadas “mutualistas”.

El mutualismo en el Uruguay ha tomado una difusión extraordinaria. Basta pensar que en una población como Montevideo, de 400 mil habitantes, hay seguramente – y no exagero - más de 150 mil personas entre adultos y niños, que están acogidas a diversas sociedades mutualistas.

La solución de este problema, desde luego, no afecta solamente a los médicos, sino a más de la tercera parte de la población de Montevideo. Tiene esto, por consiguiente, una importancia extraordinaria.

Aún dejando de lado lo nuestro, el interés médico, tenemos que enfrentarnos con nobleza, al interés de 150 mil personas que al asociarse en esas corporaciones contribuyen en una u otra forma, con la principal intención de ser bien atendidos en los casos de enfermedad.

Es claro que si uno fuera a disecar el problema del mutualismo, habría tema no solamente para una conferencia, sino que habría tema inagotable para varios días. Pero yo, que no he pretendido hacer siquiera una conferencia, sino una simple conversación, tengo que abreviar las cosas; y, limitarme a marcar la línea principal de nuestro criterio.

En primer término, dentro de esas sociedades mutualistas, las hay de dos clases, unas aceptables y otras que serán siempre nuestras enemigas, nuestras irreconciliables enemigas, - aquellas que, bajo la bandera del mutualismo, que no sienten ni comprenden, sólo tienden a engañar a los que se acogen bajo ella y a explotar villanamente al médico, así como a destruir muy a menudo las sanas intenciones y esperanzas de los facultativos jóvenes!

(Muy bien!)

- Estas sociedades, llamadas mutualistas, encontrarán siempre en el Sindicato su más firme y cordial enemigo, - si la palabra cordial se puede usar en este caso.

En cambio deben merecer nuestra atención las otras, las que, aún sin haberlo entendido bien, tienen la intención en ciertos momentos de practicar un mutualismo de verdad. Frente a ellas se presentará el Sindicato diciéndoles que no busca otra cosa que la verdad del mutualismo y el perfeccionamiento del mismo. Iremos hasta ellas no con afán de lucha, que no pueden sentir los que llenan su vida con el afán diario de buscar la salud para los demás, aún a costa de la nuestra muchas veces, sino en cruzada moral y humanitaria para decirles que es necesario corregir sus estatutos en forma que permitan que el médico viva en entendimiento cordial y afectuoso con el enfermo; decirles que es necesario ir a la revisación casi total de sus estatutos de tal manera que el beneficio que pueda sacarse con esas correcciones no sea sólo para los médicos mismos, sino también para poder dar a esa multitud de asalariados, que no tienen otro recurso que el de acogerse a esas sociedades, la buena asistencia a que tienen perfecto derecho. Y que esa buena asistencia puede prestarse fácilmente por nuestros médicos mutualistas, es algo de toda evidencia.

Nadie discute en nuestro medio que la Asistencia Pública otorga, en sus clínicas y policlínicas, una asistencia muy buena, a veces óptima. Y entonces ¿por qué los mismos médicos que hacen bien las cosas en la Asistencia Pública, no han de hacerlo también en las sociedades mutualistas?

Tengo la certidumbre, señores, de que cualquier médico asistiría con toda corrección y conciencia a los enfermos de las sociedades mutualistas si no estuvieran perseguidos por esas actitudes agresivas de sus dirigentes, que parecen empeñados en querer quitar al médico la única cosa en la cual no podemos ceder, y que el Sindicato defenderá ardorosamente: el respeto y la consideración que la clase médica merece!

(Muy bien!)

- Podrá discutirse la tasa de la remuneración; pero de ninguna manera puede el Sindicato tolerar que esas sociedades mutualistas no traten con el respeto y la consideración merecidos a la clase médica del Uruguay.

* * *

Esta gestión nuestra tendrá por objeto obtener entonces un mutualismo de verdad, un mutualismo donde los que a él se acogen, - ayudándose todos en una obra cooperativa, en una obra sindical, si queremos usar la misma palabra, - traten de obtener de los médicos los servicios a los que tienen perfecto derecho. En este caso el mutualismo no será incómodo, sino que será útil para el médico joven, que tendrá así un sitio donde empezar a ejercer y donde ponerse en relaciones, no con la clientela hospitalaria, sino con la clientela civil, que obliga a un modus operandi completamente distinto a aquel que tiene lugar en las clínicas del hospital.

Esto en cuanto al mutualismo.

MÁS AMPLIO CAMPO DE ACCIÓN.- LA PRENSA Y EL PUEBLO

Pero tenemos que ir más allá. No basta que estudiemos la acción de la Facultad de Medicina; no basta que nos interesemos activamente en la marcha de la Asistencia Pública y del Consejo de Higiene, no basta que corrijamos el mutualismo: es necesario vivir la vida de nuestro ambiente, porque – repito – en el Uruguay, sobre todo, la clase médica forma parte importante de la clase dirigente de la sociedad. Y, por consiguiente, tenemos que estudiar todos los problemas de su vida intensa.

El Sindicato debe bregar entonces por intervenir en todo lo que se relacione con la higiene pública, en todo lo que tenga atingencia con la salubridad municipal, en la colaboración activa en esas obras de propaganda y de protección, - de protección a la madre, de protección al niño, de protección al enfermo desvalido, al viejo agotado!

(Muy bien!)

- Que el Sindicato intervenga en todo lo que tienda a asegurar la vida de los que empiezan, que son la semilla promisora del futuro, y de la vida de los que se van, de aquellos que aún en el anonimato, han contribuido sin embargo a forjar su época.

Algún hecho práctico podría revelarnos las ventajas que tiene esta vinculación con el medio exterior, sin limitación de ninguna clase. Citaré, por ejemplo, las relaciones del Sindicato con el grupo médico parlamentario.

Los médicos que ocupan bancas en el Parlamento se han reunido, constituyendo allí una agrupación interna, que puede tomar la iniciativa en muchos asuntos de interés médico general.

Pues bien: el Sindicato se ha vinculado directamente con esa agrupación y más de una vez ha llamado su atención para tratar sobre problemas de interés público.

Luego el médico no debe ser avaro en el sentido de guardar sus conocimientos generales y huir de la tribuna pública. Al contrario, creo que el médico tiene un rol de divulgación de conocimientos científicos de franca utilidad social, y que debe ir a menudo a la tribuna para hacerse oír.

Esto ha empezado a ponerse en práctica en nuestra campaña, en estos últimos tiempos. Un médico distinguido del interior, el doctor Abente Haedo, ha pronunciado una brillante conferencia en Florida sobre las ventajas de la vacunación anti-tífica. Esa es una obra higiénica de verdadera importancia. Sabemos todos, los males que la tifoidea causa en nuestro medio rural. Si nosotros contribuyéramos a difundir así esas ideas de terapéutica tal vez borraríamos un importante guarismo del alarmante coeficiente de mortalidad.

Otro punto tiene también trascendencia en esta vinculación general con el medio ambiente, y es el que se refiere a las relaciones del Sindicato con la prensa.

La Prensa constituye en nuestros días un verdadero y – quiero creer – noble poder del Estado. Es necesario que comprendiendo la obra moral y cultural que el Sindicato realiza, esta prensa nos dé generosamente sus columnas para ayudarnos en la difusión de nuestras ideas, y en ese sentido la Comisión actual del Sindicato ha de empeñarse con verdadero interés.

Queremos que la prensa esté con nosotros, para que entonces el pueblo, que se educa en ella, pueda comprender lo grande de nuestra misión.

Y esto en lo que se refiere a la situación del médico del punto de vista de su dignificación y considerados los elementos que nos rodean.

EL PERFECCIONAMIENTO DEL MÉDICO

Nos queda la otra parte, el mejoramiento intrínseco de nosotros mismos.

De este punto de vista quiero considerar al médico por su ciencia, por su corrección profesional y, simplemente, como hombre.

Por su ciencia, el médico no debe olvidar nunca que tiene que ser toda su vida un estudiante y un estudioso. El Sindicato ha de fomentar ese deseo, este afán del médico por superarse cada día, poniendo a su alcance los medios necesarios para que pueda ser un hombre de estudio y de progreso.

Al mismo tiempo el Sindicato debe bregar para ayudar a aquellos médicos que, buscando los procedimientos de investigación, quieran ir más lejos de lo que va la generalidad de los facultativos. Aquí tiene el Sindicato por delante una obra cultural: excitar el afán de estudio, de investigación de los médicos que componen su falange.

En lo que se refiere al comportamiento profesional, es indudable que nosotros tenemos deberes para con el enfermo y deberes para con nosotros mismos. Las relaciones de colega a colega deben hacerse, si se me permite decir, en medio de un espacio rodeado completamente por cristales. Es preciso que nos preocupemos de ser correctos entre nosotros mismos, a objeto de no desprestigiar la conducta de la clase médica. Yo sé que es un ideal lejano, pero es necesario que agotemos esfuerzos para conseguirlo. Si hay médicos malos, sepamos quienes son y dejémoslos de lado. El Sindicato debe ser la reunión de los médicos buenos y correctos. En este sentido no hay que tener contemplaciones de ninguna clase. El que no sepa proceder bien, que se vaya de nuestras filas.

Sin pretender dar aquí una lección de deontología, ya que no tengo título para ello, hay algunos puntos, sobre todo uno, que quiero marcar, porque he notado que es el sitio por donde colegas buenos empiezan a fallar, hasta llegar al resquebrajamiento y desequilibrio de su personalidad moral. Y me refiero a lo que pasa en ese llamado campo neutral del consultorio. Todos sabemos que es perfectamente lícito que un enfermo, asistido por otro colega, vaya al consultorio de un facultativo a pedirle su opinión profesional. Pero esta opinión puede darse de muy distinta manera y, desgraciadamente, con bastante frecuencia la manera como se da esa opinión hace que se convierta ese campo neutral en un campo de luxaciones. Es difícil evitar esto, porque se hace muchas veces daño no solo hablando, sino con el silencio, que es a veces más terrible que la palabra, y otras veces se hace daño con manifestaciones insidiosas y solapadas. Rara vez se ataca de frente al diagnóstico primitivo. Es necesario evitar estas maniobras y es necesario evitarlas haciendo que el Sindicato sea capaz de sancionar conscientemente y en forma ejemplarizadora el castigo para los que cometan estos errores u otros semejantes que desprestigian profundamente al gremio médico.

A este respecto el Sindicato ha constituido un Consejo Arbitral, constituído por personas de gran autoridad moral, insospechables del punto de vista de su corrección profesional; (es natural que excluyo de este comentario a mi persona) y este Consejo, desde que empezó a actuar, ha observado un hecho sumamente sugestivo, y es que cuando hay acusaciones contra los colegas, no hay ningún médico justa o injustamente acusado que quiera mantenerse aislado de las opiniones del Consejo y que no trate de explicar su conducta, a fin de que no quede ni la sombra de que ha intentado proceder mal. Esto habla muy bien de los compañeros acusados, pero revela también el prestigio extraordinario que el Sindicato va adquiriendo.

Poco diremos del médico, considerado simplemente como hombre. Es sabido que tiene que reunir por lo menos tres condiciones esenciales: franqueza con el enfermo, salvo las reservas naturales que impone un criterio humanitario y a veces ciertas condiciones especiales de la profesión, que no voy a detallar; honestidad de conducta, porque la verdad es que el médico, que entra hasta en la intimidad del hogar, es muchas veces el confidente de las mayores miserias humanas y debe tener carácter suficiente para permanecer inalterable frente a ellas; y desinterés, porque el acicate material suele empañar el brillo de la clase médica, que es gremio de abnegación y no de mezquinos intereses.

Es claro que ustedes me dirán que he ido muy lejos, que pretendo un médico demasiado perfecto; pero es que quiero para el Sindicato la tarea de la formación de un médico correcto y cumplidor, porque considero que es posible obtenerlo. Los principios generales de moral deben ser absolutos. Se marca la línea a seguir por difícil que sea, y hay que tratar de no apartarse ni un solo momento de esa línea recta. Dentro de la obra sindical, no podemos aceptar transgresiones de ninguna clase. Marcamos el rumbo con serenidad y trataremos de que el mayor número lo siga, y si ese número es grande, el Sindicato estará en óptimas condiciones como para realizar todas las iniciativas de perfeccionamiento de la clase médica. Si el número fuera pequeño, entonces sí, habría fracasado el Sindicato. Pero esto no es de esperarse. Confío plenamente en la moralidad de los médicos del Uruguay y confío también en que si algunos se apartan un poco de la conducta ejemplar y recta, sea más por equivocación que por maldad.

EL GRAN NÚMERO DE MÉDICOS

Actualmente hay muchos médicos en Montevideo y en el Uruguay en general. Cada día hay más. Esto complica la vida del médico. Por un lado he oído decir a distinguidos colegas que este proletariado, este encombrement, es ventajoso, provocará una lucha más ruda, pero hará una verdadera selección natural, con grandes ventajas para el gremio; pero, también, por otra parte, no hay nada que desequilibre más, que se preste más a la salida de cauce, - bastante peligrosa por cierto, - que la extraordinaria abundancia de profesionales con crecientes dificultades para la vida. Y casi con seguridad que los inconvenientes son mayores que las ventajas.

NÚMERO DE AFILIADOS

Nosotros tenemos más de quinientos afiliados, como dije al principio de esta disertación, pero hay más de doscientos médicos que todavía no están en nuestras filas. Bien: nuestra primer tarea debe ser la de atraer a estos que están alejados por desidia, por incomprensión, o por lo que sea. La tarea no es difícil. La prueba es que – y voy a darles este dato, que es sugestivo, - que en quince o veinte días que hace que nos hemos hecho cargo de nuestra misión, un pequeñísimo esfuerzo de los miembros del Comité Ejecutivo ha logrado que ingresaran cuarenta y dos socios médicos y treinta y un estudiantes del último año de medicina. De manera que si en tan poco tiempo, y haciendo muy poco cada uno de nosotros, hemos conseguido eso, ¿qué no sería si a esta requisa de asociados contribuyeran todos los que están aquí y todos los que forman parte del Sindicato? Yo tengo esa esperanza y creo que para una de las próximas conferencias ha de venir cada uno de los compañeros del Sindicato con una o dos solicitudes firmadas. Si así lo hiciéramos, tendríamos dentro de poco el noventa o noventa y cinco por ciento de los médicos del Uruguay en el Sindicato y, entonces, con esa legión formidable de setecientos médicos afiliados a una obra común, garantizo que tenemos algo más que el cimiento de la obra y que ya empezaría el edificio a destacarse muy alto y muy por encima de todos los otros edificios gremiales.

NUESTRO PLAN

Pero estos 700 socios todavía no están. Tenemos que marchar con el presente, esperando un futuro mejor. Mientras tanto, ¿qué haremos? Dicen algunos impacientes que el Sindicato debe largarse a campo travieso, en actitud más o menos quijotesca, a conquistar talvez molinos de viento. Yo no creo eso, la obra del Sindicato es una obra lenta, tenemos que ir adelante, pero con solidez y calma. Hay grandes y recientes ejemplos a favor de lo que vale la acumulación de elementos antes de entablar una lucha definitiva. Preparemos todos los resortes para que cuando el engranaje de la acción se ponga en movimiento no falle absolutamente ninguno. Hacer esto, es hacer obra grande dentro del Sindicato Médico.

AUMENTAR LOS SOCIOS Y LOS RECURSOS

De manera que resumiríamos entonces nuestro plan de acción: por un lado, amontonar socios, reunirnos todos; por otro lado aumentar también el capital social: “l ´argent fait la guérre”, dice el refrán y, efectivamente, hay que entenderlo así.

Ya dije anteriormente que con respecto al capital social iban las cosas en forma tan auspiciosa, que hacen pensar que dentro de poco podremos disponer de un capital verdaderamente importante.

EL PRESTIGIO MORAL

Pero por encima de todo eso, colegas, por encima del aumento del capital social y del número de afiliados, insisto, como palabras finales, en que debemos robustecer cada vez más el prestigio moral del Sindicato. Yo quisiera llegar al momento en que la palabra del Sindicato, en cualquier asunto que fuere, fuese una sentencia inapelable. Tengo la esperanza de que lo conseguiremos porque sé, como sabemos todos, que el prestigio moral de un instituto es una fuerza ideal incontrastable, que vence todas las resistencias materiales, y el Sindicato, que empezó a marchar con esa fuerza ideal, está sostenido, está alentado por ella y con ella ha de triunfar!

(Muy bien! – Prolongados aplausos).