97 años al servicio de la Salud y siguen...

Dr. Diego Luis Estol Ancell

Nació el 29 de noviembre de 1920. Al fallecer su padre cuando tenía 19 años, comenzó a trabajar en un laboratorio de oxigenoterapia. Estudia en la Facultad de Medicina, donde se gradúa en 1957. Hizo postgrado en Gran Bretaña y Estados Unidos. Trabajo en el Hospital Británico de 1939 a 1998y en el MSP de 1967 a 1990. Siguió la misma trayectoria que su padre el Dr. Julio Cesar Estol, investigando y trabajando para el mejoramiento de los servicios de los bancos de sangre del país. Promovió la ley para que la donación de sangre fuera voluntaria y gratuita, formó clubes de donantes voluntarios de sangre en toda la República, trabajó para el Servicio Nacional de Sangre, realizó todos los contactos necesarios para establecer una relación fructífera de intercambio con la planta de hemoderivados de Córdoba. Fue socio de la Asociación Americana de Bancos de Sangre (AABB) desde 1962 a 1990. Por su trayectoria dentro de la hemoterapia, es socio honorario de la Soc. Internacional de la Transfusión de Sangre (SITS)


Entre la autobiografía y la historia
"97 AÑOS AL SERVICIO DE LA SALUD Y SIGUEN…"

El lunes 18 de octubre de 2004, se presentó en el salón de actos del SMU, el libro que con este título publicó el Dr. Diego Luis Estol Ancell, que con sus lúcidos 84 años congregó un conjunto numeroso de figuras patriarcales de la Medicina nacional, autoridades de la salud, familiares y amigos.

Con el orgullo y el sentimiento del deber de un continuador de la estirpe de los Estol, que han contribuido a través de tres generaciones a la mejora continua de la salud en Uruguay, se describe desde los comienzos el trabajo de su padre, el Dr. Julio César Estol. Vinculado entre 1907 y 1939 al Hospital Británico (pero también al Hospital Pereira Rossell, donde colaboró activamente con el Prof. Dr. Augusto Turenne y conoció la época de oro de la gine-obstetricia y la cirugía uruguaya), habría de continuarse en varios de sus hijos, entre ellos el autor, y sus descendientes, entre los cuales Diego Estol Gonnet, su nieto y actual Director Nacional de Salud, una misma preocupación por la utilización de la sangre humana como recurso terapéutico de alto valor.

Se hace un prolijo relevamiento de los antecedentes de la transfusión de sangre a escala universal y nacional, comenzando por la primera transfusión humana realizada en Uruguay por el Dr. Fort (francés) a la esposa de un obrero ferroviario en 1884 en el Hospital Británico. En 1914 el argentino Prof. Dr. Luis Agote hace la primera transfusión con sangre citratada. En 1916 en la Clínica del Prof. Dr. Augusto Turenne se realiza la primera experiencia (esta vez con uruguayos, participando Julio C. Estol).

De ahí hasta el primer trasplante de médula ósea, efectuado en el país, por el Ac. Prof. Dr. Roberto De Bellis, hay una larga historia que es de lo que el libro se ocupa.

Desfilan multitud de personajes, médicos, enfermeras, directivos de la comunidad británica, personajes de la realeza británica, que dieron continuidad a un servicio asistencial, en constante progreso, dedicado a la atención de los más amplios sectores (desde los empresarios y profesionales hasta los obreros ferroviarios en las salas generales). Con figuras que se han sucedido, de padres a hijos, en la Cirugía (Horacio García Lagos, Rafael García Capurro), en la Medicina (Jorge Stanham, padre e hijo), o la saga de los Estol (padre, hijo y nieto, además de otros hijos y sobrinos que ocuparon diversas posiciones y continuan vinculados al Hospital Británico). El rico anecdotario que acompaña la historia es a la vez aleccionante, humorístico y tierno, permitiendo conocer perfiles ocultos de grandes figuras de la medicina nacional, que pasaron por sus filas. O de grandes intervenciones, tal vez únicas en el mundo, como el reemplazo de un fémur humano, en un caso de hidatidosis de ese hueso, efectuado con total éxito, y de lo que se han ocupado diversos colegas a lo largo de los últimos cincuenta años.

La Sociedad Pro Sangre "Dr. Pedro Larghero", la historia de su gestación y sus actividades en todo el país, con los bienes que logró, pero sobre todo con la semilla que sembró, estimuló la donación voluntaria y altruista de sangre en el Uruguay, hasta hacerla una tradición y verdadero orgullo, imitado en otros países que tomaron ejemplo de ella. La misma se habría de continuar con la fundación del Servicio Nacional de Sangre, que, con toda justicia, lleva ahora el nombre del Dr. Julio C. Estol. Son realmente hechos relevantes en nuestro sistema de salud, de los más trascendentes y menos recordados, pero fundamentales para cimentar el progreso de que hoy disfrutamos, a pesar de las dificultades coyunturales.

La colección de documentos y fotografías que documentan casi cien años de esa historia, es otro de los puntos altos que el libro nos aporta y que harán las delicias de quienes se acerquen a él, para saber algo más de un antiguo establecimiento privado, con vocación de excelencia, por la calidad de sus profesionales, de sus enfermeras y de su bien ganado prestigio. Indispensable para quienes quieran conocer más de una pequeña comunidad médica y social, que tanto ha hecho por el avance de la Medicina nacional, y que merece ser públicamente reconocida.

Dr. Antonio L. Turnes