martes 24 de junio de 2014

Graduado en junio de 1968, se formó como Otorrinolaringólogo en la Cátedra que hicieron trascendente Manuel Quintela y Justo M. Alonso, llevando esa especialidad a su Departamento.
El «Goyo» Martirena, como le decían sus amigos, fue tal vez el primer ORL residente en Minas, y uno de los primeros en el interior. Colaboró con sus colegas de los departamentos vecinos para encarar las intervenciones quirúrgicas más difíciles de la especialidad, en una red de colaboración que implicaba generosidad y coraje.
En su juventud, mientras estudiaba Medicina, fue Secretario del Dr. Washington Beltrán Mullin, cuando éste era Presidente del Consejo Nacional de Gobierno, guardando profundo afecto por él y su familia.
Con un toque permanente de humor, decía que él era «Goyo el Bueno», por oposición al otro Goyo que era el Jefe de la Región donde él vivía.
Fue un directivo de la Federación Médica del Interior, participando junto a Tabaré Caputi, Adolfo Valentini y Danilo Escuder en el Comité Organizador de la 6ª. Convención Médica Nacional realizada en 1972, que sentó las bases de lo que sería el Seguro Nacional de Salud y la Colegiación Médica. Presidió la 7ª. Convención Médica Nacional realizada en 1984, que impulsó el juicio ético a los médicos que habían actuado durante la Dictadura que aún transcurría. A partir de ese impulso se formó la Comisión Nacional de Ética Médica que actuó hasta 1990, integrada por médicos y abogados, con intervención fundamental del Colegio de Abogados del Uruguay y las gremiales médicas Federación Médica del Interior y Sindicato Médico del Uruguay.
Presidió la Federación Médica del Interior desde 1977 durante diez años, marcando rumbos en materia de organización asistencial, a través de la creación de la Central de Compras de la Federación (COCEMI) y en el ámbito gremial, en una firme defensa de los principios éticos y en la defensa de los derechos humanos.
Cuando en 1983 se produce la muerte del Dr. Vladimir Roslik, un sencillo médico de la Colonia San Javier, en el Departamento de Río Negro, Martirena y Caputi impulsaron el juicio ético del médico que intervino en la primera autopsia, que pretendió desvirtuar las causas que lo habían llevado a la muerte bajo tortura. Hecho que fue confirmado en una segunda autopsia realizada con los hermanos Jorge y Fernando Burgel, de Paysandú, y en la que fue luego realizada en el Hospital Militar más tarde.
Su defensa del caso Roslik marcó a fuego la actividad médica en el plano de la ética. No sólo acompañó a la familia de Roslik, sino que recorrió el país, apareciendo en los medios masivos de comunicación, y en las asambleas de la FEMI para poner al descubierto las graves violaciones a los derechos humanos que se habían registrado en el período dictatorial.
En el plano internacional fue un destacado gestor de colaboración con centros de Naciones Unidas y el IRCT de Dinamarca, para la rehabilitación de los ciudadanos torturados en toda América Latina. Participó en el Comité Organizador, junto a Roberto Rubio, Luis Falconi, Elsa Leone de Gil y Marcelo N. Viñar, entre otras figuras de la Medicina Nacional, del Seminario sobre Consecuencias de la Represión en el Cono Sur, que tuvo lugar en Balneario Solís, en mayo de 1986 y que congregó a personalidades médicas y psicológicas de toda América, Estados Unidos y Francia. En 1987 organizó junto al Sindicato Médico un Seminario Internacional sobre los Médicos ante la Tortura, que tuvo amplia repercusión a nivel global, con participantes de múltiples naciones que padecían esa desventura.
Integró y presidió el Tribunal de Ética de la FEMI durante varios períodos. Impulsó la creación del Colegio Médico del Uruguay y fue integrante hasta el inicio de su enfermedad del Tribunal de Ética de dicho Colegio.
Fue un referente de la Medicina en los últimos 40 años de la vida del País. Su simpatía y coraje fueron legendarios, acometiendo tareas que pocos se animaban a emprender, con total desprendimiento y haciendo uso generoso de su tiempo. Hombre con típicos perfiles del interior, allegado a la tierra y dispuesto a dar una mano a sus colegas de otras disciplinas, cuando requerían ayuda para solucionar cualquier paciente. Desde 2005 a 2010 fue Director Departamental de Salud de Lavalleja, volcando su experiencia y dinamismo para el avance del Hospital «Dr. Alfredo Vidal y Fuentes» de su querida ciudad de las sierras y haciendo por el bienestar general de la población.
En los primeros años de los `90 recibió la Distinción Sindical al mérito gremial y en el ejercicio profesional del Sindicato Médico.
Fue un luchador por la unidad del gremio médico, sosteniendo que el ideal debía ser que hubiera una sola organización de alcance nacional, que comprendiera a todos, con un sentido de hermandad, que está en la raíz de la medicina hipocrática.
Llegue a su estimada familia, a su esposa Rosario, compañera de todas las horas y sus hijos, a sus compañeros de la Federación Médica del Interior, y a sus amigos en todo el país, la solidaridad por la muerte de este médico ejemplar.
Querido «Goyo»: descansa en paz.


