Mensaje del presidente, Dr. Gustavo Grecco en la ceremonia conmemorativa del 100° aniversario de la institución.

*Sólo merece respeto el que combate la inequidad, no quien la contempla inerte, por temor, o por instintiva simpatía hacia las fuerzas oscuras del delito organizado. Carlos María Fosalba, Felipe Gaione y Ricardo Yanicelli, 27 de junio de 1940.

Compartimos discurso del presidente del Sindicato Médico del Uruguay, Dr. Gustavo Grecco, realizado durante la ceremonia conmemorativa del 100° aniversario de la institución.

 

Es un honor para mí presidir el Sindicato Médico en este momento histórico: por un lado sus 100 años de vida y por otro estar conviviendo con una de la peores crisis sanitarias de la historia moderna de la humanidad.

Además de un honor, es una gran responsabilidad, celebrar 100 años en este contexto, no es una tarea sencilla.

La palabra celebrar incluso, no es fácil de asumir para cualquier médico en una situación como la actual. Sin embargo, creemos que tenemos muchos motivos para hacerlo.

Celebrar recordando lo hecho en estos 100 años y aprovechando la oportunidad para renovar nuestro compromiso con la sociedad, en nuestro rol como profesionales de la salud.

Por eso decidimos incluir en nuestros festejos esta sesión solemne en el Palacio Legislativo. La casa de nuestra democracia, la casa donde nuestros representantes defienden los derechos de todos y todas.

En esta casa se han redactado y aprobado leyes, que han sido fundamentales para lograr tener hoy el sistema de salud que tenemos. 

Elegimos este lugar emblemático de la historia de nuestro país, para celebrar la historia de nuestro Sindicato Médico porque ambas están íntimamente relacionadas, la de la defensa de la democracia y su ejercicio pleno, con la historia de nuestro colectivo.

Los médicos del Uruguay fuimos y somos parte esencial de la vida de nuestro país.

Como colectivo hemos desarrollado y aportado a la creación de un sistema de salud integrado, de alcance nacional, que aún teniendo muchas cosas todavía para corregir, que nos desvelan y son motivo de trabajo permanente de nuestro sindicato, debe hacernos sentir orgullosos.

Orgullosos como uruguayos, por los resultados que demuestra todos los días y más aún en situaciones de extrema exigencia, y también orgullosos como colectivo de médicos, ya que fuimos los propios médicos, quienes en la octava Convención Médica Nacional, sentamos las bases para este sistema.

Un sistema de salud, seguridad y previsión social de todos los trabajadores y jubilados del país y sus familias que a través de prestadores privados y del sistema público, cubre desde la atención primaria y medicina familiar, hasta la medicina altamente especializada con acceso universal. Todas herramientas mejorables, a las que estamos decididos a seguir aportando como colectivo como lo hemos hecho a lo largo de estos años. 

Este orgullo va más allá del discurso que cualquier colega en mi lugar podría haber pronunciado en esta fecha especial, porque es un discurso que nos permite hoy a todos los uruguayos estar tranquilos con la forma en que venimos enfrentando la actual emergencia sanitaria. Un orgullo que se supo transformar en aplausos de la población para todo el equipo de salud en los momentos más difíciles de esta crisis.

No es la primera vez que los médicos uruguayos recibimos aplausos, así ha ocurrido a lo largo de estos 100 años y sobran ejemplos para ilustrarlo, desde la labor cotidiana de cientos y miles de colegas que trabajan en las policlínicas y en la atención primaria en los rincones más olvidados de nuestro país, hasta quienes ejercen la medicina más sofisticada, aplicando las últimas innovaciones tecnológicas y científicas, como lo supieron hacer hace ya más de 60 años, los Doctores Orestes Fiandra y Roberto Rubio cuando implantaron su primer marcapasos, haciendo historia en la medicina mundial, o los Dres. Roberto Caldeyro Barcia y Hermógenes Alvarez, con sus aportes pioneros en medicina perinatal, entre tantos ejemplos que como médicos nos emociona rememorar.

Pero no solo estamos orgullosos de esas grandes celebridades de nuestra profesión. También estamos orgullosos del rol social que cumplieron nuestros colegas en momentos clave de la historia, como lo fue el posicionamiento político republicano, democrático y antitotalitario en las asambleas de los años 40 durante la Segunda Guerra Mundial, o la defensa de los Derechos Humanos en los años oscuros de la dictadura cívico-militar, con figuras como  el Dr. Manuel Liberoff, un símbolo de militancia sindical, gran médico de familia, aun desaparecido, a quien tenemos muy presente, más aún ante la más mínima señal de pretender el olvido.  No los olvidamos ni a Liberoff ni a ninguno de los 10 médicos y estudiantes de medicina desaparecidos.

Desde en la Séptima Convención Médica, la histórica Comisión de Ética Médica y las memorables asambleas post dictadura, supimos juzgar, condenar y expulsar a quienes participaron en actos de tortura y violaciones a los DDHH y somos ejemplo en el mundo por ello.

Sin olvidar estos hechos, por el contrario, inspirados en ellos, miramos hacia adelante. Miramos el presente y el futuro de nuestra profesión. Miramos la esencia y volvemos al núcleo de nuestro trabajo: la relación mal llamada “médico- paciente”, ¿por qué digo mal llamada? Porque en realidad es una relación médico-persona, que va más allá de la condición de persona enferma y que no debe estar mediada por una patología, sino todo lo contrario, debe estar centrada en la salud y no en la enfermedad, en la calidad de vida permanente, en la prevención más que, o además de, en la solución a cualquier enfermedad o dolor.

Una esencia que ha ido adaptándose a los cambios de los tiempos, pasando de una relación antiguamente paternalista y asistencialista, a una basada en la co-responsabilidad, en el respeto al derecho de la persona, a su libertad y su autodeterminación, pero que conserva siempre la confianza y la visión humanista. Este momento de interacción co-responsable, único en la especie humana por todo lo que en ella hay en juego, estamos impulsando sea declarado patrimonio inmaterial de la humanidad por parte de la UNESCO, en conjunto con la Organización Médica Colegial de España, la Confederación Médica Iberoamericana y del Caribe y la Asociación Médica Mundial.

Y ¿por qué los médicos uruguayos impulsamos esta declaración respecto a la relación con nuestros pacientes?, para jerarquizarla aún más, para que toda la sociedad la valore, porque al hacerlo, mejoramos la calidad de nuestro trabajo y su resultado, y así, la calidad de vida de nuestra gente.

Porque la salud es un derecho humano fundamental que debe ser protegido por el Estado y por el sistema de salud. Precisamente uno de los secretos del buen resultado que Uruguay viene mostrando ante la pandemia es el de respetar la salud como un derecho. Y eso no se hace solo por la buena voluntad de gobierno y legisladores, se hace también con la sociedad civil organizada, y esto comprende desde las organizaciones de pacientes hasta las organizaciones de trabajadores y profesionales de la salud. Lo hacemos entre todos y juntos, sin retroceder un centímetro en todo lo que ya hemos conquistado. Es así, que no podemos aceptar recortes presupuestales que pongan en riesgo todo lo logrado. Los aplausos son para todos, si entre todos defendemos realmente lo logrado. Los aplausos deben reflejarse en un presupuesto que defienda nuestro sistema de salud y lo siga potenciando hacia más y mejores prestaciones, hacia una cobertura que siga mejorando las inequidades, que siga descentralizando la asistencia para ofrecer servicios de calidad accesibles en todo el país, que nos permita seguir estando orgullosos de lo construido entre todos. El sistema de salud es una construcción en la que los médicos y nuestro sindicato hemos sido protagonistas, pero es un mérito de la sociedad en su conjunto.

Nos sentimos orgullosos también del aporte de la ciencia nacional que, desde la Universidad de la República, ha sido uno de los pilares fundamentales en la respuesta a la pandemia. Una prueba más de cómo la inversión y la asignación de recursos a la investigación, a la ciencia, la tecnología y el conocimiento, rinde sus frutos. Por eso no podemos admitir ningún recorte en el presupuesto. Es un compromiso ético y una responsabilidad moral que tenemos no solo con los colegas sino con toda la población.  

Porque el SMU ha elegido ser protagonista de la historia del país, los médicos uruguayos hemos trabajado duramente para aportar al debate público necesario, imprescindible para que la salud de todos tome las mejores prácticas del mundo y las traiga y adapte a nuestra realidad. Fue así como desarrollamos en este siglo de vida, nueve Convenciones Médicas que fueron pilares fundamentales de esa historia.

En la última Convención Médica aportamos y actualizamos nuestras propuestas respecto a la calidad de la medicina. La calidad en el modelo de atención, en la formación de los médicos, en las condiciones de trabajo y en la transparencia respecto al desempeño y los resultados de la atención médica, así como en la mayor participación al usuario con ese sentido de co -responsabilidad ya mencionado.

Así lo hemos hecho en cada Convención Médica y así lo hacemos con el trabajo cotidiano del Sindicato, desde donde hemos impulsado una reforma histórica del trabajo médico, buscando resolver algunos de los peores vicios y causas de mala calidad y malos resultados como es el del multiempleo y/o el subempleo, condiciones totalmente inaceptables para cualquier profesional.

Basados en estos parámetros promovimos la creación de los Cargos de Alta Dedicación, como pilar fundamental de esta reforma y promovimos aumentar el tiempo de consulta en policlínica, por mencionar solamente dos de estos logros. O más recientemente, cuando al inicio de la pandemia todo era miedo, dudas, incertidumbre, tuvimos como institución capacidad de propuesta y colaboración con las autoridades para, entre todos, salir adelante como país.

No voy a hacer un raconto histórico de nuestra organización… para ello estamos editando un libro que estará disponible en los próximos días. Pero vale la pena al menos mencionar el espíritu de algunas figuras emblemáticas de sus inicios como el del Dr. Augusto Turenne, y su visión social de la obstetricia, el del Dr. Luis Morquio, padre de la pediatría nacional y segundo presidente del SMU; el del Dr. Manuel Quintela y su visión futurista para la creación del Hospital Universitario, y el Dr. Carlos María Fosalba en la creación del CASMU. Todos ellos inspiradores permanentes de quienes pretendemos aportar nuestro tiempo y dedicación para la mejora de la medicina nacional a través del SMU. Colegas fundadores que supieron sembrar en todos los médicos uruguayos la rebeldía, la no conformidad, la convicción del poder del trabajo colectivo y que hoy nos siguen inspirando.

En esta fecha especial renovamos nuestro compromiso con la sociedad, pero no lo hacemos desde el corporativismo egoísta, todo lo contrario. Lo hacemos desde nuestra responsabilidad y desde nuestro trabajo y exigencias para mejorar los determinantes sociales de la salud. Porque de nada sirve tener los mejores médicos y el mejor sistema de salud si hay uruguayos y uruguayas que pasan hambre, que mueren de frío, que no tienen un techo o un abrigo digno. Estar mejor que muchos países de nuestro continente no nos conforma. Estar mejor que en la mayor parte de nuestra historia, no nos conforma. Tenemos mucho para seguir mejorando. Tenemos mucho para prevenir. Tenemos mucho para optimizar en los procesos de salud poniendo a la persona en primer lugar, haciendo que no deba ser paciente en cuanto a tenerle paciencia al médico y al sistema, sino que sea un ciudadano con derechos, con voz y con posibilidades de incidir y exigir una cada vez mejor medicina. Una verdadera medicina de calidad. Conocer y aportar a la mejora de esos determinantes sociales de la salud es también un compromiso ético como profesionales.

Ese compromiso con el futuro se apoya en reconocer los desafíos y nuestra agenda de asuntos pendientes, entre los cuales quiero mencionar especialmente el tema de la inequidad de género en nuestra profesión y en particular en el SMU. Siempre fuimos una profesión machista, de 55 presidentes, 54 fueron hombres. La excepción que confirma lo que lamentablemente ha sido una regla, fue en 1989 cuando la Dra. Graciela Dighiero presidió nuestra institución. Pero más allá de nuestro Sindicato, lo preocupante es que las médicas ganan globalmente 20% menos que los médicos, aun cuando casi el 60% del total de profesionales de la medicina son mujeres médicas. Solo el 40% somos médicos hombres y seguimos hablando de los médicos en masculino. Estamos tan habituados a decirlo que lo hemos normalizado, escondiendo una injusta realidad de machismo y discriminación en nuestra profesión y en la sociedad toda. Esta naturalización, que invisibiliza un patrón de conducta social donde el avasallamiento del género masculino sobre el femenino sucede a diario, es inadmisible.

Desde este lugar, y con la autocrítica a nuestra historia, rechazo profunda, enfáticamente, tanto personal como institucionalmente, este tipo de conductas, que por estas horas, felizmente, comienzan a hacerse visibles. Y comprometo a este SMU, entrando en su segundo siglo, a dar batalla contra toda forma de discriminación o inequidad de género en cada lugar de trabajo, en cada policlínica, en cada block quirúrgico, en cada cátedra de nuestra Facultad, en donde sea. Este es un gran debe de nuestra profesión y de toda la sociedad.

Estamos trabajando para corregir este tipo de cosas, para defender lo conquistado y seguir mejorando. Para seguir ese camino que el SMU transitó durante estos 100 años. Con médicos sólidamente formados técnicamente y profundamente humanos. Cumpliendo nuestro compromiso y adaptados a las exigencias del mundo moderno. Sumando participación, conocimiento, tecnología, ciencia y también empatía, compasión, cuidado, y por qué no, afecto y sentimientos.

Toda esta historia es nuestra plataforma de lanzamiento al futuro, al segundo siglo de nuestra institución, manteniendo los valores de nuestra identidad e incorporando lo mejor de los avances de la tecnología para lograr el objetivo de una mayor participación para una sociedad más justa.

Abordando sin temores y con responsabilidad los grandes temas que nos impone el momento: desde el debate ético ancestral sobre el final de la vida, hasta la telesalud y sus complejidades, potencialidades y riesgos. 

Quiero terminar agradeciendo a todos quienes contribuyen al orgullo que sentimos en esta celebración de la medicina uruguaya. A todo el personal de la salud que complementan y son un pilar fundamental del trabajo médico, a los pacientes que respetan nuestro trabajo y confían en nuestro profesionalismo, a las sociedades científicas, a la academia, en particular a nuestra Facultad de Medicina, a los estudiantes de medicina, futuros colegas, a los colegas jubilados que tanto aportaron a esta rica historia, a los responsable de los prestadores de servicios de salud, públicos y privados, empleadores con quienes tenemos diferencias pero con los que vivimos en una sana y lógica tensión que también provoca la mejora continua. A las autoridades nacionales, tanto en su rol de reguladores, administradores, legisladores y financiadores de nuestra actividad. Gracias a nuestras familias. Las familias de los médicos, que nos bancan, que saben que no tenemos agenda, ni horarios y que muchas, demasiadas veces, llegamos a nuestros hogares con nuestros restos, y con poco resto para la familia, aun cuando son el motivo de nuestras vidas y lo más importante para todos nosotros.

¡Muchas gracias!

Mirá aquí el discurso:

viernes 14 de agosto de 2020