Ensayo sobre el pensamiento del Dr. Carlos María Fosalba en las postrimerías del siglo XX

El periodista

Una de sus facetas más destacadas fue sin duda su calidad como comunicador en los ambientes por los que transcurrió su vida. Puede señalarse su particular estilo, inconfundible por la calidad expositiva, la prolijidad de sus razonamientos, la lógica interna de sus propuestas, la metodología de sus presentaciones, a menudo matizadas con subtitulaciones que ordenan la lectura.

 

En "El estudiante libre"

En la Asociación de los Estudiantes de Medicina, desempeñando como fue mencionado, la dirección de "El Estudiante Libre", tuvo ocasión de desarrollar esa vocación, imprimiéndole a la revista un marcado carácter dinamizador del medio estudiantil. Ya fueron insertados sus dos primeros Editoriales.

Veamos una página publicada en el ejemplar de julio de 1931, donde vuelca su análisis a un actor admirable y admirado por él: (9)

"CARLITOS CHAPLIN
Carlitos es un niño disfrazado de hombre.
Su historia es la del hombre débil.
Su vestimenta es a su cuerpo lo que el mundo a su triste alma debilucha y enclenque: un ropaje grande donde se pierde su vida indefensa.
Para comprenderlo, es necesario amarlo.
Para amar a Carlitos es necesario haber reído desde niño con sus piruetas geniales.
Sólo los que fuimos niños, cuando él surgió, podemos sentir con cariño la humilde sencillez de su vida.
Es símbolo de debilidad; de la infancia hecha hombre; de la torpeza ingenua y de la intuición genial. Es un alma pura; la perversidad humana pasa sobre él sin pervertirlo, porque lo salva la infinita inconsciencia de su espíritu.
¿Alguien concibe a Carlitos matando o violando, o traicionando? Su misma truhanería, ¿no es la prueba de su honradez? Cuando Carlitos roba, ¿sabe acaso que hace mal? Y cuando roba, ¿lo hace acaso por ambición, por avaricia o por holgazanería? Carlitos roba cuando tiene hambre. Si no es por hambre roba por amor.
De todos los enamorados del mundo, ¿quién más tierno que Carlitos? El no ha besado nunca a una mujer, porque nunca ha sido amado. Y no lo será jamás, porque sigue siendo un niño, a pesar de su bigote, de sus pantalones y de su bastón.
Nunca llora, porque el llanto es una rebeldía y su alma humilde tiene la resignación silenciosa de los vencidos. A pesar de ser un vencido es, sin embargo, feliz: porque carece de orgullo y de ambición.
Por no tener orgullo desdeña su pasado y lo sepulta en el olvido; careciendo de ambición el porvenir no le preocupa y hasta ignora su posibilidad.
¿Cómo puede, entonces, ser desdichado?
¿Por qué sufrimos y hablamos de su tragedia?
¿Por qué el espacio desolado que aquel circo dejó, en cuyo centro él permanece, nos pareció tan intensamente doloroso? El lo abandona con una pirueta inconsciente y feliz, a pesar de haber dejado allí un nuevo fracaso, para agregar a su inmensa historia de fracasado.
¿Por qué nos duele el rictus de su boca, cuando la que fue ciega descubre la debilidad de ese hombre, que a la luz del mundo parece insignificante, cuando en medio de sus tinieblas supo comportarse con la grandeza de un héroe?
Carlitos no puede sufrir; si acaso sufre, un motivo pueril podrá ser el mágico sedativo de ese dolor fugaz.
¿Por qué lamentamos sus derrotas totales?
La tragedia que lo circunda rebota sobre los espectadores pero no llega hasta él. Lo que nos parece su dolor, no es más que nuestro propio dolor. Carlitos es el cuerpo; el espectador el alma. El fracaso es suyo, pero el dolor es nuestro. Nuestra vida reposa en el recuerdo; y es ese recuerdo amalgamado a nuestras almas que nos alegra o nos entristece con la visión de nuestros éxitos o de nuestras derrotas.
El recuerdo no existe para Carlitos. Sólo el instante fugaz del presente puede hacerlo surir; pero el olvido piadoso calmará siempre las turbulencias del instante pasajero. Carlitos olvida; y es feliz. Por eso también, los años que han transcurrido para nosotros no han pasado para él. Y cada día que surge, al despertar y enfrentarse con la vida, lo hará siempre con la despreocupación feliz del hombre nuevo.
Y en cada noche, al retirarse vencido, su sueño de niño borrará con piedad la aridez de la jornada diaria."

En "Acción sindical"

El año 1934 sería clave para el desarrollo de muchos proyectos sindicales, conducidos por el ímpetu y el coraje de Fosalba. Además de su desempeño como Secretario del Comité Ejecutivo, promoviendo constantemente iniciativas que cambiarían el futuro del gremio, asume la dirección de la revista sindical, que hasta entonces se había denominado "Boletín del Sindicato Médico del Uruguay" y era el órgano oficial de la entidad.

La nueva época estaría marcada también por un cambio de nombre de la revista, además de su nuevo formato, pasando del tabloide a la revista más moderna. Se denominaría ACCION SINDICAL, para marcar el sentido que tendría la tarea gremial en esa hora.

Sería la nueva Revista una síntesis de propósitos: informativa de acontecimientos, tribuna para el análisis de los problemas gremiales y profesionales, lugar donde plasmar y discutir propuestas; el medio para difundir las denuncias sobre las conductas desviadas del Ministerio de Salud Pública y de los colegas serviles que se prestaban a sus propósitos.

Un órgano para la participación de los egresados en la Facultad de Medicina presentando sus problemas y debatiéndolos con calor.

Pero sería también una revista científica. Con la modestia de la época, se titulaba, desde el primer número "PAGINA CIENTIFICA" a la sección que avanzaría capítulos enteros de obras que luego serían publicadas como libros por la Editorial Científica del Sindicato Médico, también integrante del proyecto de Fosalba.

Y para introducir esta PAGINA CIENTIFICA, se dejaba esta Nota de Redacción en el primer número de junio de 1934: (10)

"Iniciamos en este número la publicación de una página científica. Son nuestros propósitos presentar en esta página distintos capítulos importantes y de interés general para el médico, abordándolos en la forma más completa posible -aunque dentro de los límites de un resumen claro y conciso- con los más recientes conocimientos científicos de los temas a tratar.

Esta sección estará a cargo de profesionales de notoria preparación científica. Corresponde al Dr. José Pedro Migliaro inaugurar esta página con el tema "Enfermedades de las arterias", a cuyo estudio se dedica desde hace tiempo con profunda meditación y reconocida inteligencia.

Ese trabajo, del mismo modo que los siguientes, será reunido en un volumen con lo cual se organizará la Editorial científica del Sindicato Médico del Uruguay."

En junio de 1934 aparece el primer número bajo su Dirección, siendo su Secretario de Redacción su entrañable amigo el Dr. Julio R. Marcos y Administrador el Br. José Suárez Meléndez.

Todo el Comité Ejecutivo era integrante de la Redacción.

Su primer editorial, lo tituló NUESTROS PROPOSITOS, y allí define con claridad, su enfoque de la realidad sindical y sus proyectos transformadores: (11)

"Al entregarnos la dirección de esta revista hemos recibido un honor que nos llena de un sano y legítimo júbilo. No se nos escapa los altos destinos de esta tribuna periodística, ni la influencia creciente que con el correr de los años ha de tomar su autorizada opinión. Ello mismo constituye un elemento precioso para justipreciar, en todo su alcance, la elevada responsabilidad que pesa sobre nosotros. Ni el júbilo nos obnubila, ni la responsabilidad nos arredra. Tenemos ante todo la convicción honesta de ser sinceros y de sabernos guiados por un sentimiento noble, orientado celosamente en vigilar y defender los derechos legítimos y los intereses elevados del gremio médico.
Pondremos al servicio de esos derechos e intereses toda nuestra actividad y la totalidad de nuestro entusiasmo.
Somos plenamente optimistas sobre el porvenir del Sindicato Médico; estamos seguros que ha de llegar muy pronto a una elevadísima situación; tenemos una gran confianza en las fuerzas morales que vitalizan su organismo y afirmamos desde ya que su futuro material será tan rico como su patrimonio ético.
Convencidos de la eficacia persuasiva de la acción, la ejerceremos sin temores; sabemos muy bien que la organización sindical se hace poderosa no sólo por el número de sus afiliados sino y sobre todo, por el potencial de energía que de sus filas germine; el número vendrá arrastrado por el poderoso atractivo, por el influjo irresistible de la capacidad realizadora y constructiva.
El espíritu de la justicia y la equidad, será nuestro juez incorruptible; el trabajo sin desmayo la fuerza creadora; la fé y la esperanza, serán los soportes donde descansarán nuestras ilusiones de mejoramiento, de igualdad y de progreso.
Los problemas de la profesión médica no pueden solucionarse al margen del medio social en que vivimos; las vicisitudes de este llegarán como oleadas hasta el más íntimo rincón de nuestra casa. ¿Cómo pues declararnos prescindentes de las vibraciones populares? La justicia y la libertad social serán la fuente donde beberemos nuestra justicia y nuestra libertad gremial. Si queremos el bien del gremio médico no podemos olvidar el bien social. Nuestra primera preocupación está pues en la calle; las zozobras, los vaivenes, los triunfos y las derrotas de la Sociedad serán motivo de nuestro juicio imparcial. Ajenos a los ruidosos combates de la política electoral no podemos sin embargo apartarnos de los principios básicos de superación colectiva; nuestros problemas forman parte de un gran todo y pretender segregarnos, como una célula aislada, es olvidar los más elementales principios de la biología. Como lo ha dicho Barrett no se odian los que se combaten; sólo se odian los que se desconocen; el único mal es la indiferencia.
Nosotros no seremos indiferentes al problema general de la sociedad; al proceder así estaremos en condiciones de resolver científicamente nuestros problemas morales, económicos, técnicos y profesionales.
Pero esa preocupación no nos apartará de los problemas vitales del gremio médico, ni el lírico entusiasmo será una venda que oscurezca nuestra visión en los asuntos económicos que agobian a una gran parte de los profesionales.
La explotación del médico por la Salud Pública, la lucha contra el empresismo mutualista, la creación de una gran sociedad de mutualismo organizada por el Sindicato, la científica distribución del profesional en la ciudad y en el campo, y otros muchos problemas fundamentales, serán estudiados y casi nos atreveríamos a vaticinar soluciones, que colmarán ampliamente ese clamor que se ve surgir de los médicos proletarizados, en la esperanza de una pronta solución de su angustiante porvenir.
El tiempo será nuestro mejor juez.
Esperamos su juicio, sin temores, con la tranquila convicción con que espera quien tiene conciencia de cumplir con su deber."

Puesto que este primer editorial no significaba un mero acto de compromiso, de abrir una etapa, sino el verdadero desarrollo de un ambicioso programa que revolucionaría el accionar del Sindicato Médico, podríamos ilustrar con muchos otros que le siguieron, abordando aspectos específicos de esa nueva orientación. Para ahorrar comentarios, insertaremos el Editorial del N° 2, de julio de 1934, (12), titulado

"ORIENTACION DE NUESTRO SINDICATO

No existe acuerdo entre los médicos sobre cuales son las funciones, los fines y el terreno en el cual debe desempeñar nuestro Sindicato su ininterrumpida labor.
Estas discrepancias lógicas, son el producto y la consecuencia inevitables de las diferencias ideológicas y tácticas, de sus numerosos integrantes. Conviene hacer, desde el primer momento, un distingo fundamental. Aquellos que combaten la idea misma de la sindicalización no retendrán nuestro tiempo; nuestra obra es la mejor respuesta.
Sólo nos preocupa discutir y convencer a aquellos que, deseando el bien de nuestra casa, discrepan no sólo en los procedimientos, sino también en las concepciones doctrinarias e ideológicas. En realidad la táctica sindical es una consecuencia de la orientación doctrinaria que la inspira. Es pues sobre la doctrina sindical, donde pensamos dirigir nuestros comentarios. Pero antes debemos plantear un conjunto de cuestiones previas. En nuestro próximo editorial abordaremos concretamente el estudio de la doctrina sindical.
Primero debemos hacer esta pregunta:
¿Qué fines se persiguen o se deben perseguir dentro de un sindicato profesional médico?
Todos al unísono responderán: "Nos unimos para defender la ética profesional, para trabajar por el mejoramiento económico de los médicos y para constituír un frente defensivo contra quienes quieran agredir los derechos legítimos y los intereses justos de nuestro gremio". Perfectamente. Pero debemos agregar: "y para hacer una obra de beneficio social. No basta defender a los médicos, tenemos la obligación de luchar por los enfermos, es decir por toda la sociedad. No podemos aspirar a nuestro exclusivo mejoramiento, sin caer en la más antipática y egoísta posición. Vivimos en sociedad y a la sociedad nos debemos. Pretender aislarnos, es desconocer, con lamentable ignorancia, la íntima correlación que existe entre nuestros problemas y los problemas del medio que nos rodea; si deseamos solucionar, o por lo menos mejorar, la situación económica y ética de los médicos, debemos tener presente que nosotros no estamos aislados y que los asuntos que en nuestro medio se plantean no tienen su origen, sus causas y sus soluciones fuera de la gran órbita social, que hace de las actividades humanas, un todo complejo e íntimamente entrelazado
Veamos una serie de ejemplos:

LA INMORALIDAD PROFESIONAL

Combatimos la inmoralidad profesional. ¿Pero cómo combatirla? Un criterio simplista de inmediato dá una contestatación igualmente simple: "Combatiremos la inmoralidad profesional, castigando a los médicos inmorales". Es decir: "combatiremos una epidemia, curando a los enfermos." Combatir la inmoralidad, no es castigar a los inmorales, como combatir una epidemia no es curar a los enfermos. Tal posición, sólo la ignorancia puede justificarla. La inteligencia humana ha sabido ya distinguir los efectos de las causas. Los médicos inmorales, como los enfermos en una epidemia, son los efectos, pero no las causas del mal que se combate. Combatiendo los efectos, no se suprimen las causas. Hasta que no se practicó la vacunación antivariólica no se pudo suprimir la viruela, por más que se cuidara a los enfermos variolosos.
Combatir a los médicos inmorales es inútil, mientras no se analicen, se estudien, se evidencien donde están las raíces del charlatanismo profesional, de la ignorancia médica, etc. Ahora bien; esas causas originarias no deben ser buscadas exclusivamente en el medio médico; tal pueril pretensión, sería igual a la del niño que quiere encontrar, dentro de un aparato de radio, al hombre cuya voz trasmite. Las causas determinantes de la inmoralidad médica, tienen su asiento en la organización social. Por eso, mientras el Sindicato pretenda combatir a aquella sin interesarse, inmiscuirse y trabajar en los problemas generales de la sociedad, realizará una obra estéril, absolutamente ineficaz, como si un hombre, en las montañas, pretendiera suprimir el eco de su voz, increpando a éste, pero ignorando las leyes físicas que lo producen.
Las causas de la inmoralidad profesional radican en el ejercicio particular de la medicina; en la libre concurrencia, que provoca la lucha por el cliente; en la mala repartición de los médicos, creando una aparente superpoblación profesional, que determina la competencia entre los colegas; radica también en la ignorancia pública, que busca y exige el reclame del profesional; radica en el hecho paradojal de que en la actual organización los intereses del médico, están encontrados con los de los enfermos, en lugar de ser paralelos; por último, es debida a la crisis económica mundial, que al determinar la miseria de los clientes, repercute inevitablemente sobre los médicos.
Vemos pues que en los asuntos éticos el problema es insoluble si pretendemos mantener la lucha en el exclusivo terreno del ambiente gremial médico.
Si esto sucede en el aspecto moral ¿qué ha de pasar en el terreno económico? El problema es aquí todavía más evidente y palpable. Veamos los hechos e interpretémoslos con criterio científico y por lo tanto desapasionado.

EL PROBLEMA ECONOMICO

Luchamos por el mejoramiento económico de la profesión. Pero ¿cómo luchar? Y recurriendo ¿a qué procedimientos?
¿Protestando por que los clientes no pagan? ¿Gritando por que el Estado los explota? ¿Indignándonos por que las Mutualistas no retribuyen al profesional como es debido?
Aquí también nos encontramos con el mismo criterio simplista, cuya crítica hacíamos en párrafos anteriores. Más científico, más lógico, más útil, sería estudiar e investigar por qué los clientes no pagan, por qué el Estado los explota, por qué existen mutualistas tan mal organizadas y tan perjudiciales, no sólo para el médico, sino y por sobre todo, para los mismos enfermos. Esas causales desbordan ampliamente el círculo profesional. Es en la organización social, de la cual la organización profesional no es más que uno de sus múltiples aspectos, donde radican las raíces mismas, que constituyen la causa de la perturbación económica. Resulta pues evidente que, desentenderse de los problemas económicos generales, es una actitud suicida y que toda lucha que se emprenda en favor de la economía profesional debe tener en cuenta los factores externos que la rigen.
El caso concreto del mutualismo nos servirá también, como ejemplo, para fundamentar nuestro razonamiento.

EL PROBLEMA DEL MUTUALISMO

El mutualismo ha surgido como una de las tantas formas defensivas con que las clases medias pretenden solucionar un aspecto de sus necesidades elementales. En la imposibilidad de asegurarse una asistencia particular, extremadamente onerosa, los que no pueden, o no quieren disfrutar, de la asistencia gratuita que el Estado concede, con deficiencia bien conocida, se han visto en la obligación de asegurarse los cuidados médicos, bajo la forma actual del mutualismo.
Pero de inmediato, lo que en sus orígenes constituyó una forma correcta, se transformó en un vicio fundamental, cuyas consecuencias pagan, bien pesadamente por cierto, los enfermos por una parte y los técnicos que la sirven por otra. Mal asistidos unos; mal retribuídos otros e intereses encontrados por ambas partes.
Nadie, pues, discute, que las Mutualistas constituyen, no por sí mismas, sino por su organización defectuosa, entidades perjudiciales tanto para los enfermos, como para los médicos.
Hasta ahora el Sindicato había concretado su lucha a condenar desde su prensa dichas instituciones. ¿Cuál ha sido el resultado de esa lucha? El más absoluto fracaso. Y este fracaso se debe a un error fundamental de nuestros antecesores; no es en la clase médica, donde debía buscarse la solución del problema; ni con exhortaciones, ni con amenazas, ni con razonamientos, ni invocando la ética, se pudo conseguir que los médicos abandonaran las mutualistas mal organizadas. Todo lo contrario; a medida que los años pasaron el número de postulantes médicos, dispuestos a dejarse explotar aumentaba, a pesar de toda la prédica del Sindicato. Muchos colegas, con pueril desencanto, llegaron a la frívola suposición que los médicos constituían una clase de seres inferiores, cobardes e indignos de que se luchara en su beneficio. Esta injustificada actitud, se debía a la desilusión provocada por el fracaso. En lugar de estudiar, con serena atención, las causas que hacía ineficaz la lucha contra el mutualismo mal orientado, muchos compañeros abandonaron el Sindicato, presas de un cruel y doloroso escepticismo.
Engañados por una táctica sindical, sumamente honesta pero equivocada, combatían el mutualismo dentro del gremio sin dar soluciones de repercusión social. Nosotros vamos ahora al fondo del asunto y combatiremos exitosamente a las malas mutualistas por que hemos encontrado por lo menos la solución parcial del problema.
Las mutualistas son malas porque elementos ajenos a los enfermos y a los técnicos lucran con ellas y a sus expensas; por que pretendiendo realizar parcialmente la socialización de la medicina, sólo hacen una grotesca parodia de ella.
Nosotros no veremos en los compañeros explotados un enemigo a quien combatir, sino un amigo a quien ayudar; compenetrados del hondo arraigo social del mutualismo trataremos de incorporarlo al Sindicato; para ello estamos ya construyendo nuestro Centro de Asistencia que lleva en su propia organización, basada en una correcta asistencia del enfermo y en una justa estimulación de los técnicos, el determinismo fatal de su triunfo y el fracaso de las organizaciones que combatimos.

PERO AUN QUEDAN MAS PROBLEMAS

Pero aún triunfante nuestro "Centro de Asistencia" el problema sólo está solucionado en parte.
Los múltiples aspectos de la economía social de nuestro medio, repercutirán necesariamente sobre nuestra institución. Si queremos llevar adelante la obra emprendida debemos interesarnos por los problemas económicos generales cuya estructura influirá inevitablemente sobre ella.
Supongamos que una economía fascista pretendiera segregar, como lo hará seguramente y como ya pretende hacerlo en parte el Ministerio de Salud Pública, pretendiera segregar repetimos, nuestra independencia, monopolizando para el Estado la dirección absoluta de la Sanidad nacional. El Sindicato Médico, como institución gremial, debe luchar para impedirlo. El decreto actual sobre la libertad de prensa, coarta nuestro campo de acción. Un gobierno despótico, agudizando los problemas económicos y quitándole a las masas productoras su ya reducida capacidad adquisitiva, al hundirlas cada día en una mayor miseria, contribuirá a entorpecer nuestra obra. En fin, la vida del Sindicato quedaría absolutamente liquidada si el gobierno aplica las disposiciones contenidas en la ley de los Sindicatos del Estado.
Así podríamos seguir enumerando una serie interminable de circunstancias, en que el Sindicato Médico, si desea ser algo más que un nombre, se verá en la obligación ineludible de romper la estrechez de su horizonte gremial, para extenderlo al amplio terreno de la economía social.
A todas las razones de índole científica, a que nos lleva esta interpretación materialista de la lucha sindical, podríamos agregar argumentos basados en los deberes superiores que dicta la solidaridad humana. Pretender solucionar los problemas médicos, al margen de las vicisitudes sociales, no sólo es imposible por las razones apuntadas, sino, que en su esencia psicológica, oculta un condenable egoísmo, una sensibilidad reaccionaria y una inadmisible despreocupación por los superiores principios de bienestar colectivo.
Pero, si como queda superabundantemente demostrado, el Sindicato Médico debe ser un activo luchador en el campo de la Sociedad, queda todavía a discutir cuál ha de ser la posición de nuestra casa frente a los problemas sociales; qué orientación seguir, qué principios defender; qué aspiraciones concretas levantar como bandera de combate y como programa de reivindicación. Este tema lo desarrollaremos en nuestro próximo editorial."

Hasta más de un año después, continuaría ese impulso inicial, a través de nueve números de la revista, el último que lleva su sello editorial, de junio-julio de 1935. Era un viento nuevo que soplaba con fuerza y producía la remoción de los principales asuntos que agitarían el ambiente sindical. Con Fosalba irrumpió en el Sindicato Médico una generación que se había consolidado en el estudio, en la participación en la A.E.M., y en la amistad, y que continuaría a lo largo de su vida, dándole esa cohesión y solidez a quienes serían el motor renovado de una Casa que ya comenzaba a hacer su historia.

Pero particularmente él traía un nuevo método de análisis sociológico, que daría nueva dimensión a la obra del Sindicato, volcándolo decididamente a atender los problemas de su entorno para, resolviéndolos, ayudarse a resolver los propios de la clase médica. Con lucidez y determinación, con gran poder de comunicación y con una sistematización perfecta de sus propuestas, pudo ir trasmitiendo, primero a sus compañeros directivos, y luego a todos los médicos, esa visión que habría de transformar las perspectivas oscuras de la profesión, en otras luminosas y llenas de optimismo.

Le insuflaría al gremio, al que hacía poco había ingresado como médico, una dinámica desconocida.

Básicamente con el apoyo que supo reunir, para impulsar esas propuestas, logró revertir rápidamente un deterioro marcado del Sindicato Médico, que, en medio del desánimo general de los colegas, iba perdiendo convocatoria y adhesión. En efecto, mencionaba MAÑANA (13):

"El 27 de junio de 1934 se llamó a asamblea, y la orden del día era: Autorización para disponer hasta 1000 pesos para la instalación del Servicio de Urgencia; reforma sobre cuotas de socios; sindicatos Locales. Aclararemos que el Sindicato poseía un capital de 30.000 pesos de antes; para que el lector comprenda que la suma destinada era abultada diremos que el Sanatorio de Lamas y Mondino se pudo haber alquilado por 300 pesos mensuales con todo su equipamiento y material; que la empresa Urta se ofreció cobrar por salida de un auto del Servicio de Urgencia, 2 pesos; y que una propaganda radial con 20 menciones diarias sobre el Servicio de Urgencia costaba 160 pesos al mes. ¡Si sería el país de las vacas gordas!, y eso que estaba en plena dictadura, con una devaluación del peso del 25%.
Los socios, que en la época de Simeto habían alcanzado, por la prédica de aquel extraordinario sindicalista, un número de 600, habían disminuído en 1934 a sólo 337. La creación del Servicio de Urgencia hizo rápidamente sobrepasar los 400, lo que le permitió expresar: "Nuestro Sindicato triunfa actualmente, va en vías de realizar este desiderátum, concurrencias de las fuerzas morales y económicas. Es el secreto de nuestro triunfo". ¿Qué pasaría actualmente si el C.A.S.M.U. estuviese fuera de la órbita del S.M.U.?"

Desde aquel primer número de ACCIÓN SINDICAL, será una constante la defensa de la profesión contra los embates del poder despótico. La denuncia con fuerza de las arbitrariedades del Ministro Blanco Acevedo. La defensa y la solidaridad con los colegas agredidos. El marcaje a fuego de los trasgresores de las normas gremiales y de los usurpadores de cargos públicos, aceptados a pura designación directa, con menoscabo de los concursos realizados por los jóvenes y meritorios colegas. La defensa de la Facultad de Medicina y de su principal proyecto el Hospital de Clínicas, en construcción, amenazado por los apetitos del Ministro de Salud Pública. El desarrollo de proyectos de mejoramiento en la labor sindical, y de oportunidades para el trabajo médico, como el Servicio de Urgencia, o de las mayores obras destinadas a transformar al Mutualismo, como el Centro de Asistencia.

Todo eso, y mucho más, puede hallarse en las modestísimas páginas de ACCIÓN SINDICAL, junto a la frase o la consigna que se esparce por cualquier espacio, por pequeño que fuera, aprovechando hasta el menor rincón para trasmitir un verbo encendido por el derecho y la solidaridad hacia sus colegas, por la defensa de la obra sindical.

En la prensa

Publicó en numerosas ocasiones en medios gráficos de organizaciones sociales, o en los de la mayor difusión.

Algunas de esas apariciones le acarrearon sanciones, como el episodio comentado en otro capítulo, que por una publicación denunciando la situación en los hospitales de Salud Pública, le suspendieron a él y al Br. Virgilio Bottero, poco antes del golpe de estado del 31 de marzo de 1933.

Entre sus artículos destacamos uno titulado "FUNCIÓN SOCIAL DE LA MEDICINA", publicado en el diario "El País" el 24 de setiembre de 1936, (14) y que constituye un exponente de cómo articulaba sus esfuerzos Fosalba para divulgar - a través de una resumida historia de la Medicina - cómo se había llegado a la obra que era el Centro de Asistencia que con tanto entusiasmo alentaba.

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