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Pionero de la Neurofisiología Clínica en América Latina

Un recuerdo para el Prof. Dr. Jaime Bogacz

«Pionero de la Neurofisiología Clínica en América Latina» dice la plaqueta que el 25 de junio se descubrió en el Anfiteatro del Instituto de Neurología, en honor del Dr. Jaime Bogacz. Noticias reconstruyó su historia a través de una entrevista a su hijo, el Dr. David Bogacz, y de la semblanza que el Dr. Eduardo Wilson leyó en la ocasión.

por Ana Marta Martínez

Cuando el joven Jaime Bogacz apedreaba la vidriera del Oro del Rhin, donde flameaba una bandera nazi, en realidad apedreaba las injusticias que su padre había padecido cuando fue expulsado de su Polonia natal. Abraham Marjesca huía de la crisis económica y de la guerra. Buscando otra oportunidad para el futuro de su familia eligió una ciudad desconocida: Montevideo. Del documento usado para emigrar heredó un nuevo apellido: Bogacz. En 1928 se le une su esposa Enna Gerwer y sus dos hijos, Alter, de siete años e Israel Jaime, de tres. Jaime crece junto con los descubrimientos acerca de la actividad eléctrica del cerebro y la electroencefalografía. Pero para que estas dos historias se lleguen a juntar debemos volver a Villa Muñoz donde Jaime vivió su infancia y adolescencia en tiempos duros donde el único ingreso provenía del sueldo de maestro de su padre.


Momento en que es descubierta la placa en homenaje al Dr. Jaime Bogacz

Jaime avanza en su educación y comienza a trabajar llevando los libros contables en la joyería Weimberg. En esa joyería trabajaba también engarzando joyas Blanca Fressola. Los compañeros de trabajo se descubrieron cursando el mismo año en el liceo nocturno del IAVA. Se enamoraron y al poco tiempo, en junio de 1944, se casaron. Jaime tenía 18 años y compartía con su esposa la vocación médica. Ella optó por apoyar a su marido. Se puso el hogar al hombro para que siguiera estudiando.

Encuentro en la biblioteca

Jaime escribía artículos de crítica de investigación científica en el boletín de la AEM, El Estudiante Libre y durante una entrevista que le hizo al Dr. Chans Caviglia se enteró de la existencia del electroencéfalograma (EEG) y de sus perspectivas de futuro. Atraído por el tema, se enteró que el Dr. Bartolomé Fuster, quien había viajado a actualizarse recientemente sobre el EEG, concurría a la biblioteca de facultad, por lo que lo abordó y le manifiestó su interés. Fuster quedó impresionado de sus conocimientos y lo invitó a unirse al laboratorio honorariamente. En agosto de 1952 es nombrado colaborador no médico, honorario, del Instituto de Neurología. En adelante dedicaría la mayor parte de su tiempo al estudio de la electroencefalografía. Se recibió en el 54 y obtuvo por concurso el puesto de Ayudante de Laboratorio. En esta época dura para la joven pareja, Jaime tuvo el apoyo del Dr. Mario Cassinoni y del Dr. Constancio Castells, profesor grado cuatro de neurología. Este último fue quien lo insertó en el mundo científico cuando lo intimó para que hiciera una presentación en un simposio de la época. En el 58 el Instituto de Neurología se traslada al Hospital de Clínicas. El ahora Dr. Jaime Bogacz pasa a integrar la cátedra de Física Médica y comienza su extensa labor docente universitaria. «Tuve la suerte de tenerlo como docente -recordó su hijo, el Dr. David Bogacz- tanto en las conferencias como en los trabajos científicos era muy claro explicando las cosas. Tanto mi hermana como yo tuvimos la suerte de poder aprender y discutir con él. Sin duda era muy exigente, yo recuerdo haberlo mandado a freír espárragos más de una vez. Pero creo que aprendí bastante con él, aparte de ser padre, fue un maestro. Nos dio una forma de pensar desde el punto de vista científico. Para nosotros, más allá de estudiar la retina o el vestíbulo, el cerebro es todo el sistema nervioso. Esto es una cosa que él nos inculcó y que no lo encontrás siempre en los libros y te permite pensar todo lo que es sistema nervioso, desde un mismo punto de vista».

¿Dónde está el Dr. Bogacz?

«Si uno quería encontrar a mi viejo, de seguro lo encontraba en el laboratorio», comentó el Dr. David Bogacz. Su interés en la investigación básica lo mantuvo en contacto con los laboratorios experimentales. El Dr. Jaime Bogacz comenzó con la neurofisiología clínica, cuando el único instrumento de estudio que existía era el electroencefalograma que mide la actividad eléctrica del cerebro; luego se fueron sumando instrumentos introducidos por él en Uruguay. En esta época el terreno de los descubrimientos y las descripciones estaba bastante virgen no solo en América Latina sino en el mundo entero. Las descripciones de lo que se ve en el encefalograma para la leucoencefalitis esclerosante subaguda o para el coma hepático fueron de su autoría y sus trabajos son citados en los libros especializados hasta hoy. Lo que estas descripciones aportaron son conocimientos para nutrir el diagnóstico y optimizar los tratamientos. Su legado científico más ineludible quizás sea la coautoría, junto con la Dra. Bottinelli, del capítulo sobre los exámenes encefalográficos, potenciales evocados y electrooculogramas en enfermedades cerebro vasculares del Handbook de Neurología, de Vinken, que es el libro de referencia por excelencia de neurología. En cuanto a trabajos científicos, tiene 63 publicados en revistas internacionales donde participaron muchísimos integrantes de la Sociedad de Neurología actual».

El viaje a Estados Unidos

Bogacz introdujo en nuestro país el estudio de los potenciales evocados. Esta introducción permitió profundizar los estudios sobre la vía visual, auditiva y de la sensibilidad profunda del cuerpo, desde los receptores nerviosos hasta el cerebro. Este es un examen que cambió la neurofisiología y se convirtió en «la» herramienta diagnóstica para la esclerosis múltiple, aunque hoy este estatus lo comparte con otras técnicas más recientes como la resonancia magnética. También fue pionero en la introducción de la electromiografía (estudio del sistema nervioso periférico). Para hacer posible todo esto, Bogacz concursó por una beca en el exterior en el año 1963. Para ganar esta beca de investigación científica, debió concursar con profesionales de todo el mundo.

Estuvo trabajando un año con el profesor James Olds, quien era un maestro de la investigación neurofisiológica y esta estadía signó su vida. «Esa era la época en que irse era duro, que no había telediscado internacional ni e-mail, ahí las cartas tardaban meses en llegar», recordó su hijo.

¿Quién era el Dr. Jaime Bogacz?

«Era una persona exigente consigo mismo -cuenta David- y por ende con el resto, era una persona buena y honesto a rajatabla. No recuerdo quejas, más allá de algunas rispideces surgidas de esa autoexigencia que trasladaba a quienes trabajaban con él. Tenía un carácter fuerte, pero le podías sacar lo que quisieras, te lo aseguro como hijo. Como padre a pesar de sus múltiples actividades siempre estuvo presente. Era profundamente socialista en cuanto a sus ideales y convicciones. Le parecía bueno pelear por lo que fuera justo y era un antinazi a muerte. Mi madre se convirtió al judaísmo y si bien ni ella ni mi padre eran creyentes, era la época que se comenzó a saber respecto de los campos de concentración y fue como un acto de protesta. A él le intrigaba y apasionaba descubrir los mecanismos del pensamiento y del conocimiento. Era un lector de filosofía y un gran admirador de Einstein, no tanto como físico sino como pensador. Para él, aquel que pudiera explicar cómo se piensa sería quien haría el más grande aporte en la historia de la ciencia.

No creía en Dios pero en los últimos años de su vida tuvo cierto pensamiento religioso, esa sensación de que hay algo, cierta trascendencia. Esa mañana, la de su muerte, se había levantado y plantó un árbol que creció con una fuerza tremenda. Fue como que terminó el ciclo, me dejó la sensación de un: 'me voy pero estoy ahí'. Si bien yo soy ateo, tengo la sensación íntima e inexplicable de que lo voy a ver».

Uruguayo por adopción

Otra faceta importante en su vida fue la tarea política que desarrolló en la Federación Mundial de Neurofisiología Clínica. En este ámbito su pelea fue en defensa de Latinoamérica frente a la preeminencia de Estados Unidos. Su gran sueño era que se realizara un congreso mundial en América. Aunque falleció y no pudo concurrir, alcanzó a enterarse que sus batallas no habían sido en vano y que efectivamente se realizaría esta convocatoria en Rio de Janeiro.

Bogacz fue miembro del Rules Comitee y desde allí, donde estudiaban los pedidos de ingreso a la federación, luchaba porque primaran los criterios democráticos y no los que favorecían a los países del norte. Cuando John Desmedí, neurofisiólogo belga y presidente de la Federación, se enteró del deceso de Bogacz propuso a sus dos hijos, David y Alicia, que leyeran el trabajo que Bogacz debía presentar en Rio de Janeiro. David recordó con emoción como todos los colegas uruguayos estuvieron presentes sin excepción. Para David y Alicia aquel congreso, que tuvo lugar meses más tarde de la muerte de su padre, fue muy removedor ya que muchos de los colegas de la Federación de su padre se enteraron allí de su muerte. «Fue fuerte tener que consolar a mucha gente que recién se estaba enterando y para uno, que venía asimilando la cosa con alfileres, fue enormemente gratificante ver lo querido que era el viejo».