ADVERTENCIA: El recurso que está visitando fue creado hace mucho tiempo y no ha sido revisado recientemente. Se mantiene como acervo de la Institución, pero puede contener información desactualizada.

Mirando desde mi altillo

por Jorge (Cuque) Sclavo

Cuque SclavoEn esta Revista soy el último orejón del tarro. En realidad mi estatuto no está muy claro. De medicina sé tanto como para recetarle a otro lo que yo me receto para mí, y autorizar a su médico para que se lo recete, lo que yo hago que mi médico me recete a mí. Como yo siempre le digo a mi mujer:

-No sé para qué vengo al médico. ¿Viste que me mandó lo que yo decía? ¡No te digo! ¡Cuando ellos recién van yo ya estoy de vuelta!

-¡Sí. Al sanatorio! -masculla mi mujer entredientes, porque sabe que yo tengo razón (y ella: envidia, porque yo trabajo en una revista científica).

Yo pienso que me dejaron entrar aquí de puro hincha que soy. Como esos que hacen los asados, atienden la cantina y cuidan la cancha de bochas, por si alguno dejó un vaso o un pucho o se fija en que no falten porotos para anotar al truco. Entonces, los dejan vivir ahí, en el altillo o en la pieza del fondo, para que atiendan el teléfono y a los cobradores. O a lo mejor me dejaron en esta página de puro distraídos que son en este club. Porque yo no sé si conocen a fondo, muchos de ustedes, la sede social de la calle Bulevar, o si sólo la conocen de cuando vienen a buscar la agenda que -ya avisaron- tiene un problema con febrero del 2000 (¡cómo si ese fuese el único problema que vamos a tener en el 2000!).

Tiene un frente ancho y una parte es antigua. Más que pinta de Sindicato Médico tiene pinta de Club de Residentes de la Medicina. Parece un club tradicional: con su escalinata, su enorme hall para los bailes, la secretaría y después una tremenda cantidad de cuartitos y recovecos laberínticos. Cada vez que tengo que entregarle una nota al editor de la Revista debo llenarme los bolsillos con bolitas de pan, como Pulgarcito. Al lado, hay un salón que usan para conferencias y actos culturales desperdiciando otras oportunidades que lo harían más rentable como la realización de bailantas y/o canchas de fútbol cinco. También totalmente desaprovechado está, al fondo y no sobre la calle, el parrillero. Hermoso, con asientos, pienso que se lo podría hacer trabajar a full con la presentación de un par de números folclóricos o de tango (podría recitar Macedo, también). Adelante, por Bulevar, como todo club que se precie, tiene su cantina. El menú en vez de decir buseca a tanto, ternera al horno con papas a cuánto, dice colesterol a tanto, urea a cuánto, triglicéridos caseros (plato del día), etcétera.

También tienen biblioteca, pero allí entré una vez y no tenían El Gráfico.

Los médicos del SMU tienen varios locales del CASMU donde ir a trabajar. Uno está en Arenal Grande y Colonia. Lo van a reconocer enseguida porque está rodeado de taxis, maniceros, bagayeros, el tránsito está cortado y suenan las bocinas todo el día para que no se oiga la gritería que arman los pacientes, médicos, parientes y enfermeros que no se entienden por el barullo del tránsito afuera y de los carritos que reparten la comida, adentro. De allí que más de una vez se haya operado a quien no le correspondía (incluyendo varios médicos) y se hayan escapado varios pacientes disfrazados de médico.

De donde la gente se escapa es del CTI de Larrañaga. Tiene un dispositivo de TV cable. Se ha sabido de pacientes que sólo han aceptado volver a sus casas si el Sindicato les colocaba TV cable durante todo el tiempo que durase su internación domiciliaria. Así como también detectaron personas que haciéndose pasar por parientes pernoctaban allí mirando videos. Los días de partido hay quien se lleva hasta el mate, el termo y su bandera.

El CASMU de Abreu pasando la calle de Herrera (ex Cuqui) ya es otra cosa más paqueta. Es un Enfermedades Shopping Center: escaleras mecánicas, cafetería, demostradores de acompañamientos, Bancomat, amplios corredores, sala de vídeo tipo microcine. Todo es enorme (hasta las colas, con lo de la gripe). Me desconcertó. Al principio yo no entendía por qué era tan grande. Finalmente, cuando vi al Flaco Viola, aquel lungo pivot de Aguada, atendiendo la urgencia de Traumatología, allí me di cuenta de todo. Cuando abría la puerta la tapaba toda y para salir o entrar tenía que agachar la cabeza. Allí se me aclaró todo. El CASMU 2 lo hicieron a escala del Flaco Viola.

En esos magníficos espacios uno se pasea y puede recorrer los amplios salones saboreando los tés o refrescos que le expenden las máquinas al paso (no estaría mal agregar unas tragamonedas, para hacer finanzas). Allí el clima es cálido, la gente tose y estornuda mientras elige con toda comodidad sus antigripales y jarabes antitusígenos favoritos pertenecientes a los más prestigiosos laboratorios internacionales. Siempre bajo el atento asesoramiento de personal especializado y amables azafatas vestidas en tonos bleu que se destacan contra el marco de traslúcidos acrílicos. El toque de color de los envases de antirreumáticos, la alegría contagiosa de los frascos de vitaminas y el discreto encanto de los antidepresivos, hacen de las estanterías del CASMU 2 una verdadera cueva de Alí Babá con ofertas tentadoras e irresistibles. El público hace largas colas y las vive con ansia y angustia de que se le agote el laxante de su preferencia o su colagogo predilecto. Por último es de destacar la exacta señalización que advierte al público dónde puede vacunarse si lo desea o el mejor lugar para hacerse un elegante y clásico yeso a medida, o unas placas de urgencia para conocer su rico mundo interior.

Aunque creo, y esto es crítica constructiva, que todavía falta por hacer. Quedan espacios libres cerca de URGENCIA que bien podrían usarse para que pacientes y acompañantes bailen y reduzcan la ansiedad de la espera. Así como en las puertas que correspondan sería aconsejable colocar carteles de GOLPEE o de NO GOLPEE. Ante una de ellas una enfermera casi me golpeó porque no golpeé. Y en otra, un doctor casi me golpeó, porque golpeé.

Le repito: esto es crítica constructiva, que es la que nos hacemos a nosotros mismos. Destructiva es la que los demás nos hacen a nosotros.

Además, qué sería de ustedes los médicos si no nos tuvieran a nosotros, los pacientes, que somos los que ponemos la materia prima.