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En la policlínica Yannicelli el SMU festejó el Día Internacional del Médico

Médico, hombre, docente, demócrata

Para festejar el Día Internacional del Médico, el Sindicato Médico escogió una policlínica en el complejo Euskalerría. Ese Sub Centro de salud del MSP lleva el nombre del Dr. Ricardo Yannicelli, donde el SMU descubrió una placa que dice: «Homenaje del Sindicato Médico del Uruguay

al Prof. Dr. Ricardo B. Yannicelli Praderi, sindicalista ejemplar, luchador por la democracia, amante de la libertad, médico humanista y abnegado».

por Ana Marta Martínez

Dr. Ricardo YannicelliEn el sencillo pero significativo homenaje que su Sindicato le rindió, estuvieron presentes familiares, amigos y autoridades del Ministerio que trabajaron junto a él.

El Dr. Antonio Turnes señaló en una breve presentación, las razones por las que el Sindicato Médico había escogido este día para homenajearlo. «Fue un ejemplo de médico, de hombre, de docente, de abnegado ciudadano y sobre todo de demócrata. Por todo lo que su personalidad vigorosa encierra a lo largo de una vida dedicada al bien común y a los semejantes a los que se dio y como ejemplo de servicio al país». Turnes recordó que el Dr. Yannicelli desde muy joven se vinculó a la Asociación de Estudiantes de Medicina. Fue luego de las primeras figuras que se acercaron al Sindicato Médico del Uruguay y también de los primeros médicos de urgencia, que concursaron en el año 1936, para ser médico de urgencia del CASMU. «Es por eso y como símbolo de los valores permanentes del ser médico, que el SMU escogió esta fecha para homenajear al Dr. Ricardo Yannicelli».

Homenaje al Dr. YannicelliEl Dr. Miguel Dicancro, actual director del Servicio de Asistencia Externo del MSP, dijo sentirse orgulloso de que el SMU haya decidido utilizar esta dependencia «tan cerca del sentir de la gente que también ha sido el sentir del Prof. Yannicelli porque estuvo expresamente al servicio de esta población de menores recursos».

El Dr. Raúl Praderi, quien fuera además de colega y amigo, primo hermano, tuvo a cargo la oratoria central del homenaje en nombre del SMU. «Ricardo -señaló Praderi- provino de una familia típica de inmigrantes italianos que aprovechó el acceso a la enseñanza que ofrecía nuestro país y casi todos fueron profesionales. Hizo su carrera de médico y cirujano de niños. Entró en la clínica del Dr. Juan Carlos del Campo y después se pasó a la cirugía de niños que recién empezaba con Prudencio de Pena que fue uno de los primeros profesores de cirugía pediátrica en el mundo. Su actividad político gremial comenzó en la Asociación de Estudiantes de Medicina cuando la dictadura de Terra. Ricardo tuvo como compañero de delegatura a José Pedro Cardoso, que era su íntimo amigo, porque aunque era batllista en sus amistades no miraba las banderas políticas».

A la hora de las semblanzas muchas veces sobran los adjetivos, pero al leer de primera fuente los escritos de Yannicelli cuando desempeñó cargos ejecutivos, se observa no sólo la justeza y visión de sus planteos sino el temple de un político apasionado y valiente, dispuesto a jugarse por lo que creía justo. Por esto Noticias entendió pertinente además de difundir el recuerdo de quienes lo conocieron, divulgar fragmentos de la exposición que realizara al Comité Ejecutivo del SMU en vísperas de su renuncia como subsecretario de Salud Pública, porque como bien dijo Praderi, que también se refirió ampliamente a la obra de Yannicelli en el Ministerio, «uno cuenta hoy lo que él hacía y parece que está inventando».

Los «inventos» de Yannicelli

El Dr. Yannicelli fue elegido subsecretario de Salud Pública tras la restauración democrática en el gobierno del Dr. Amézaga. En aquel tiempo el ministro era el Dr. Luis Mattiauda. El primer punto de las orientaciones generales que promovió en el Ministerio fueron las Obras de Progreso Médico Social. Y la primera de estas obras era la alimentación. En el referido documento, que citaremos a menudo, el Dr. Yannicelli decía: «La situación de miseria en que se encuentran algunos habitantes de la capital y del interior del país obliga a adoptar medidas relacionadas con su alimentación». Aunque puntualizaba que sobraban razones de humanidad para justificar el reclamo agregaba: «Científicamente puede asegurarse que un alto porcentaje de las personas que hoy carecen de una alimentación mínima serán en breve enfermos, especialmente tuberculosos. Hoy podemos actuar sobre el sano que requiere alimentación, dentro de poco tendríamos que actuar sobre el enfermo que exigirá mucho más» (páginas15 y16).

Otras medidas que recomendó fue desarrollar un Plan de Higiene, es decir todo lo que tiene que ver con las vacunas y todas las previsiones de enfermedades, lo cual encargó al Dr. Estenio Hormaeche, el más destacado bacteriólogo del momento y un subsidio para tuberculosos, la cual en un principio era para todos los enfermos jefes de familias, impedidos por la enfermedad de sustentar a las mismas. Estas iniciativas se volvieron realidad.

Luchadores y apologistas

Otro de los empeños de Yannicelli fue un tema de actualidad: abatir las cifras de mortalidad infantil. Las propuestas de Yannicelli se centraban en lograr que los niños enfermos fueran atendidos por médicos especializados e incluso llevar a éstos a los domicilios de los niños.

Todo el relato de los obstáculos surgidos frente a esta iniciativa es imperdible (páginas 18,19,20 del documento referido). Yannicelli no era un hombre fácil de vencer, cuando la salud de los niños pasaba a segundo plano, él no dudaba en desarrollar otras estrategias, por ejemplo ir al Parlamento para hacer «declarar grave y urgente el proyecto y si era necesario desenmascarar a estos verdaderos 'chantajistas' de la salud pública. Como no iba a cuidar mi posición en la Subsecretaría sino a defender los intereses de Salud Pública, en este caso el relacionado con los niños indigentes enfermos, no concebía, como no concibo, esa entrega a la maniobra subalterna de lo que solo debe regirse con honestidad y energía». Sostenía que de la suerte de esta pulseada dependía el precedente que sentaría el Ministerio. «Es decir, Salud Pública se iba a orientar no con opiniones técnicas y rectas sino con el resultante de la absurda pretensión de politiqueros sin escrúpulos (...) Por mi parte, creo que esos recursos, sabiéndolos defender, se consiguen fácilmente (...) Hacer apología de un obstáculo en lugar de buscar vencerlo, es una posición derrotista. El obstáculo tuvo apologistas en lugar de luchadores». Él no se resignó e intentó sensibilizar directamente al presidente a través de una carta, donde sostenía que en los barrios más pobres como «la Unión, Maroñas, La Teja, el Cerrito, el Buceo y aun Pocitos, Malvín y Carrasco, no cuentan con una asistencia médica organizada por Salud Pública, se advierte el porqué de una tan grande mortalidad infantil. Sería posible, en colaboración con el Consejo del Niño, disponer de Servicios de Policlínicas Infantiles a cargo de pediatras en cada una de las zonas».

«No he traicionado a nadie, ni a mí mismo»

Yannicelli dejó como legado la designación por concurso del personal técnico, si bien lo transformó en realidad cuando fue designado ministro en el gobierno de Gestido, ya lo adelantaba como preocupación en su primer pasaje por Salud Pública. «Quería iniciar una etapa en que a cada uno se le diera lo que correspondía a sus méritos y a su disciplina técnica, juzgada por técnicos» (página 27). Sobre esto, Praderi recordó que uno de los mayores orgullos de su carrera fue ganar un concurso del Ministerio y también rememoró como él y otros colegas llegaban al Ministerio con grandes portafolios repletos de méritos. También impulsó en el Ministerio una reorganización de servicios administrativos. «El MSP era -continuó Praderi- un verdadero desorden, no había técnicos, ni contadores ni nada». Yannicelli promovió un plan de capacitación y estímulo al buen funcionario, preocupándose especialmente del personal hospitalario y de enfermería.

Finalmente, y esto consta en numerosos pasajes de la citada exposición de Yannicelli al Comité Ejecutivo, pugnó en todo momento por mejorar la remuneración de los técnicos, no por personas sino siguiendo un plan general. En aquel momento, sostenía Yannicelli, «sólo 68 médicos de 342 rentados percibían sueldos algo razonables».

El ministro Mattiauda, relató Praderi, aceptó muchas de estas buenas ideas, pero al final chocaron en varias, por problemas económicos, porque al ministro le pedían que ahorrara dinero a expensas de los enfermos y entonces se pelearon. Una anécdota que confió Praderi: «Una noche se citaron Yannicelli y Mattiauda en la playa Malvín, ambos fueron y estaban armados. Al final no pasó nada, pero Ricardo renunció al Ministerio». A partir de su renuncia tuvo más tiempo para trabajar en su clínica, rememoró Praderi, y allí creó la escuela de cirugía de niños del Uruguay.

Fue al término del gobierno de Gestido que fue nombrado ministro y allí convocó como subsecretario al Dr. Dicancro. Llamó a concurso a todos los cargos del MSP y barrió con toda la gente puesta a dedo. «Ricardo Yannicelli, culminó diciendo Praderi, fue un médico administrador, que sabía palpar los problemas de salud pública y que quería a los niños. Iba a su sala de niños y les tocaba la guitarra y los llevaba a comer helado. Fue un hombre que no lucró, que nunca obtuvo beneficios personales, que mantuvo su cátedra y siempre estuvo trabajando gratis para los otros, para el SMU y para el MSP».

En las consideraciones finales del documento mencionado (páginas 38 y 39), Yannicelli afirma: «Yo entiendo que la moral administrativa es única y que no es posible expulsar al funcionario modesto mientras al encumbrado e influyente, más responsable, se le sostiene, pese a lo que convenga al interés público. (...) Yo no he cambiado, sigo sintiendo el problema de Salud Pública como lo planteaba desde las columnas de El Estudiante Libre y Acción Sindical (antecedente de esta revista) desde hace años y como lo escribía desde la prensa democrática en los diez últimos años al atacar los ministerios anteriores. No he traicionado a nadie ni me he traicionado a mí mismo. Y así como he sentido una obligación aceptar el cargo para cumplir con aquellas normas de bien aplicadas con equidad, me siento obligado a irme ahora, a donde se pueda luchar por los mismos ideales, sin claudicar».

El Ministerio estaba primero

Un centro de preocupación que tuvo Yannicelli fue la higiene y la asistencia médica en el interior del país. El Dr. Praderi sostuvo que en aquellos había en el Ministerio la mala costumbre de pasar los cargos en comisión. Entonces se daba el caso de que un médico asignado a una localidad pedía su pase en comisión y trabajaba en Montevideo. Yannicelli, en ocasión de tener que defender 28 cargos en el interior del país, lo decía de una manera diferente. «¡Pero los indigentes del interior estaban lejos! ¡En cambio, golpeaban a la puerta de los gobernantes capitalinos muchas influencias para obsequiar los cargos a quienes estaban en Montevideo! (Luego de una polémica en la prensa, el Ministro aumentó de 28 a 34 los cargos y cesaron los 17 pases en comisión). Desde entonces pudimos proveer muchos cargos del interior para el interior».

Cuando enumera todas las localidades que pasarán a contar con médicos, menciona en último lugar a Tiatucurá y dice: «El caso de Tiatucurá, me colocó en la violencia de hacer cumplir con su deber a un amigo y correligionario, que luego pugnaría desde distintos lugares para hacer creer que le asistían derechos» (páginas 20 y 21). A esta anécdota se refirió el Dr. Praderi diciendo: «Ricardo lo sancionó y lo mandó a trabajar donde correspondía, porque sería amigo de él pero el Ministerio estaba primero».