ADVERTENCIA: El recurso que está visitando fue creado hace mucho tiempo y no ha sido revisado recientemente. Se mantiene como acervo de la Institución pero tenga en cuenta que puede contener información no relevante o desactualizada.

El último reportaje al profesor
Roberto Caldeyro Barcia (1921-1996)

"Sin matemática no hay medicina y sin
ciencia básica no hay desarrollo"

Dos grandes emociones envuelven el contenido de este reportaje. Se trata de un fantástico hallazgo periodístico: la última entrevista concedida por el profesor doctor Roberto Caldeyro Barcia, muy poco antes de morir. También es una magnífica síntesis de su pensamiento sobre temas que siempre lo apasionaron: investigación en ciencias básicas y perinatología. Esta nota, aún inédita, parece ser la merecida forma de rendir homenaje a un intelectual único, un genio uruguayo de este siglo, sólo comparable con la paradigmática figura de Luis Morquio. Caldeyro Barcia falleció el sábado 2 de noviembre, a los 75 años, en pleno ejercicio de funciones en el Pedeciba y la Academia Nacional de Medicina. El encuentro fue realizado en el piso 16º del Hospital de Clínicas, por los estudiantes Alberto Olveira, Said Manzur, Roberto Fleitas y Alejandro Parnizzari, supervisados por el periodista de Noticias, Armando Olveira.


¿Era buen estudiante, profesor Caldeyro?
Lo imaginamos siempre como primero de la clase.

Era un alumno muy aplicado y con fama de suertudo, por eso aprobé casi todas las materias con sobresaliente. Pero también estaba en la Asociación de Estudiantes de Medicina (AEM), actividad que me llevaba mucho tiempo y que le quitaba al estudio. Además dirigí dos huelgas en la FEUU.


¿Le daba el tiempo para todo?

El gremio me demandaba mucho esfuerzo físico y mental, pero un día, siendo presidente de AEM, le dije a los muchachos que ya era tiempo de recibirme. Tenía ganas de presentarme a un concurso para profesor de Fisiología. Esa misma noche me despedí de ellos. Era el principal delegado de los estudiantes libres. Dicho sea de paso, ese cargo me trajo dolores de cabeza porque había sacado artículos criticando a dos profesores de la Facultad. Después tuve que dar un examen con ellos, y se vengaron. En las otras materias había sacado Sobresaliente por unanimidad, pero en esas dos me tiraron a matar. Salí con Bueno Muy Bueno y eso me bajó el promedio. De todos modos me alegro de haber militado. La AEM fue una escuela de vida, tan importante como la Facultad de Medicina. Allí aprendí a hablar en público, a dirigir, organizar y ganar asambleas.

Creo que no perdí la facilidad para dirigirme a un auditorio. Hace poco fui invitado a la celebración de los 400 años de la Universidad de Santiago de Compostela, de la cual soy Doctor Honoris Causa, título que me fue otorgado en otros quince centros universitarios. Increíblemente, la última fue la Universidad de la República.


Es unánime el profundo respeto que sienten por su figura las mayores empresas internacionales de tecnología médica. El hecho se manifiesta en la buena cantidad de fondos que recibe para financiar investigaciones.

No es a mí a quien le abren las puertas, es al Pedeciba. Ultimamente, dos fábricas de monitores fetales nos han regalado productos último modelo que sirven para estudiar variabilidad de la frecuencia cardiaca fetal.

Con ellos (nos muestra el aparato) se sigue paso a paso los intervalos relativos que señalan la buena salud fetal. Cuando una multinacional como la Onometrics de Estados Unidos saca un aparato nuevo, enseguida me lo envía. Hace pocas horas me mandaron uno que me viene muy bien. Firmas como la Hewlett Packard siempre me han mandado sus últimos modelos.

Sin ciencia básica no hay tecnología, es muy importante comprenderlo. Recuerdo que hace muy poco le dije eso al director de la Unesco, Federico Mayor Zaragoza. Sin ciencia básica no hay tecnología ni industria, y sin industria el país se viene abajo.


Se comenta que es un aficionado a la matemática. No parece ser una ciencia afín con la medicina.

Grave error, porque matemática y física son disciplinas básicas para la medicina. Me acuerdo que hace unos cuantos años, dirigiendo el CLAP, en el piso 15, me aparecí con una máquina de calcular Monroe. Mis compañeros se burlaban de mí, porque lamentablemente hay médicos que no entienden las ciencias básicas. Muchos no entienden por qué tienen que aprender matemáticas o computación.

El tiempo me ha dado la razón. Estamos en plena era de las computadoras. Hoy por hoy, todo nuestro trabajo pasa por el monitor a una computadora y se guarda en disquetes. Es decir, sin computadoras no hay medicina. Sin computadoras no hay nada y el que no sabe computación es un analfabeto. Por eso digo, también, que sin matemática no hay medicina.


¿La crisis del Pedeciba confirma que en Uruguay no existe un buen ambiente para los investigadores?

Creo que se ha perdido la cultura de la investigación, por mala influencia de arriba, el poder político. Parece mentira que gente que se encuentra tan alto en el gobierno no se dé cuenta de la importancia de la ciencia. Parece que solamente les interesan los votos. Habría que explicarles que la ciencia también les da votos.

Es la lucha que tenemos en el Pedeciba desde que se fundó. Con el actual director de la OPP, Ariel Davrieux, por ejemplo, tengo diálogo fluido, pero no terminamos de convencerlo sobre la necesidad de desarrollar las ciencias básicas. Si esto fracasara definitivamente, no se formarán investigadores ni doctores en ninguna ciencia básica. Allí está hoy la verdadera diferencia entre un país independiente y otro dependiente, en su desarrollo científico.


¿Es tan importante publicar?

Es fundamental. Por un lado es el mejor ejercicio de autoestima para seguir avanzando en trabajos de investigación, muchas veces complicados. Por otro, nos permite informar lo que estamos haciendo y, muchas veces, conseguir apoyo internacional. El investigador que pierde deseo de publicar su trabajo, creo que ha perdido ese fuego íntimo necesario para desarrollarse académicamente.


Pero en el exterior hay casos notables, como por ejemplo Zaffaroni, premiado el año pasado por el Presidente de los Estados Unidos, por sus investigaciones en áreas de tecnología.

El Dr. Alejandro Zaffaroni era compañero mío de Facultad. Recuerdo que le gustaba la química y la bioquímica pero no podía con anatomía. Recuerdo que no sabía qué hacer porque no pasaba anatomía. Yo le aconsejé que se fuera a Estados Unidos. Se fue, y ya ven que le ha ido fantástico. Es un gran científico. Siendo estudiante de bioquímica en la Universidad de Rochester descubrió un hecho fundamental: por cromatografía pudo separar distintos esteroides. Los esteroides son hormonas sexuales, testosterona y foliculina.

Las hormonas de la corteza suprarrenal tienen mucha aplicación, por ejemplo la prednisona es antiinflamatoria. Zaffaroni descubrió que todas se podían separar por cromatografía. En la medida que iba decubriendo más cosas iba abriendo laboratorios en los que hacía experimentaciones animales. Así fue creciendo hasta completar una fábrica. Y así llego a ser presidente de SINTEX, una compañía multimillonaria que hoy es líder mundial.

También está muy metido en aplicaciones tecnológicas y comerciales, hasta tal punto que fundó una compañía para hacer sólo investigaciones.


¿La investigación ha caído solamente por falta de apoyo político?

Sin dudas. Por formación y gusto, Sanguinetti tiene mucho de humanista. Se fanatiza por la pintura, la literatura, la escultura; pero le interesa muy poco la ciencia. Esto se está viendo reflejado negativamente en el presupuesto para el desarrollo de ciencias básicas.

Recuerdo una pregunta que me hiciera Sanguinetti hace unos años, en un simposio internacional de ciencia y tecnología. Me preguntó si un país pobre como Uruguay debía invertir millones de dólares en ciencias básicas. Yo le expliqué que la ciencias básicas nos dan tecnología, y la tecnología es imprescindible para mejorar la competitivdad de un país. No sé si lo entendió, porque el gobierno sigue cayendo en los mismos vicios, pero por lo menos en la charla agarró la onda.

También está lo otro. Cuando me fui del CLAP, por ejemplo, cesaron las investigaciones básicas. El CLAP sólo hace divulgación de conocimiento creado por otros, política que yo considero totalmente errada. Como también soy delegado de la Universidad en el Comité de Enlace del CLAP, se lo he echo notar varias veces. Por ejemplo, ya no se publica como antes. Recuerdo un solo caso de publicaciones científicas del CLAP. El Dr. Martel me trajo un trabajo muy interesante que publicamos en Journal of Perinatal Medicin, revista de la que soy fundador.


No hay investigación científica pero usted sigue investigando.

Pero yo tengo que ir al Pereira Rossell. Allí me encuentro con el doctor Justo Alonzo para cumplir un proyecto del Conicit. Fíjese lo que es la falta de estímulos para la investigación, primero nos dieron 150 mil dólares, pero poco después los redujeron a 50 mil. Nos dio para empezar, porque a eso sumamos un aparato de regalo que vale otros 20 mil dólares.

Pero el Clínicas todavía nuclea a investigadores, algunos muy buenos, por ejemplo el doctor Artucio en la Unidad de Cuidado Intensivo. Este colega llevó a cabo muy buenos trabajos, en algunos casos de valor internacional, que fueron publicados en revistas de muy alto nivel.

¿El problema del Clínicas es la falta de presupuesto?

Hace años, el Clínicas era un modelo del más alto nivel internacional. Su mal endémico es la falta recursos, aunque se hable tanto de reconversión. Hoy tiene un excelente director, el Dr. Villalba. Hace tiempo que se habla de un préstamo del BID, pero el hospital sigue a la miseria. Los baños se encuentran en un estado calamitoso, los ascensores tienen muchos problemas. De tarde no es tan grave pero de mañana es feroz, hay colas desorganizadas por todos lados. Uno está un poco resignado porque hace años que escucha lo mismo. La esperanza es lo último que se pierde.

El Clínicas comenzó a construirse el mismo día que el Centenario, en 1930. El estadio se hizo de apuro para el Mundial, pero el hospital tardó casi 20 años. Cuando vino Heymans, en 1948, lo traje para ver el armazón de concreto. No demoró mucho en funcionar gracias a un gran decano y rector, Mario Cassinoni, exdiputado socialista.


¿Qué recuerda de Cassinoni?

Con Cassinoni tenemos muchas historias en común. Recuerdo que lo trajimos al rectorado. Puedo decir que desde mi oficina del Pereira Rosel dirigí la campaña de Cassinoni.

Era un hombre muy inteligente que lamentablemente murió por un cáncer de laringe. También tuve una excelente relación con un amigo de Cassinoni, todavía más izquierdista que él. Era nada menos que Crottogini, un excelente profesor de obstetricia y ginecología.

Con Crottogini también teníamos muchas cosas en común. Nos prestábamos apoyo mutuo. Era muy común que yo consiguiera aparatos para detectar infecciones corporales y que él pusiera el espacio físico para el Servicio de Fisiología y Obstétrica. Allí permanecimos hasta que nos mudamos al piso 16 del Clínicas.

Y ya que estamos recordando historias lindas, vale señalar que este año la Facultad de Medicina celebra el medio siglo de investigación científica en fisiología. Recuerdo que trabajábamos con perros. Poco después, comenzamos los trabajos del Pereira Rossell, junto con el profesor Hernán González, pero la investigación científica original en fisiología comenzó en la Facultad de Medicina, hace cincuenta años.


¿Quién fue el mejor médico que conoció en su vida, o, por lo menos, quién lo marcó con más fuerza? Dejemos de lado a Heymans y Houssay.

Es injusto señalar a uno en particular. Aun sabiendo que se comete una injusticia, le voy a nombrar el primero que me viene a la mente: Morquio. Fue la gran figura de la perinatología uruguaya. Después de él nadie más. Todos conocemos un concepto suyo sobre lactancia materna que se popularizó y dio la vuelta al mundo: "la mejor alimentación, la mejor defensa contra infecciones, es la leche materna. El calostro que sale en los primeros días junto con la leche tiene anticuerpos y linfocitos que defienden al recién nacido". Ese fue un concepto revolucionario en su época. Y solamente hoy, en medio de la gran revolución tecnológica que vivimos, puede adquirir toda su dimensión.


¿Y en ginecotocología?

Bueno, voy a nombrar a quien creó el término: Crottogini. Fue él quien trajo de Estados Unidos, Europa y Japón, la idea de unir dos disciplinas hasta entonces separadas, ginecología y obstetricia. Nosotros propusimos que se llamara toko, que significa parto en griego, pero Crottogini se opuso. Siempre decía que primero está la mujer y luego el embarazo, así le quedó el nombre de ginecotocología.

Tenía razón.

"El mayor exponente de la medicina uruguaya de este siglo"

El Profesor Emérito Roberto Caldeyro Barcia nació en Montevideo el 26 de setiembre de 1921. Descendiente de gallegos e italianos, investigador y docente, fue creador y director del Programa de Desarrollo de las Ciencias Básicas (Pedeciba) y pionero de la perinatología en nuestro país.

Se graduó como médico y cirujano en diciembre de 1947 y se especializó en fisiología obstétrica bajo la influencia de figuras de la investigación como el belga Corneille Heymans y el argentino Bernardo Houssay (premios Nóbel de Fisiología y Medicina, respectivamente).

Fue instructor de Fisiología (1942-1947), profesor asistente de Fisiología (1948), profesor adjunto de Fisiología (1950), jefe de Servicio de Fisiología y Obstétrica (1959), profesor catedrático de Fisiopatología, director del Departamento de Fisiopatología y del Servicio de Fisilogía y Obstétrica (1965).

Tuvo activa participación en la Federación de Estudiantes Universitarios del Uruguay (FEUU), la Asociación de Estudiantes de Medicina (AEM) y el Sindicato Médico del Uruguay.

Entre otras hazañas científicas, Caldeyro Barcia y Hermógenes Alvarez obtuvieron los primeros registros de presión amniótica intrauterina (1947). Ese mismo año egresaba de la Facultad de Medicina, a los 26 años.

Sus trabajos científicos son reconocidos en el mundo entero. Definió la intensidad y frecuencia de las contracciones, el tono y la actividad uterina (esta última se mide internacionalmente en unidades Montevideo).

En 1950 realizó el primer registro de la presión intramiometral en varias partes del útero. En 1958 publicó un método original para diagnosticar precozmente la asfixia fetal durante el parto, a través del registro continuo de frecuencia cardiaca fetal. Este método sigue siendo básico en todo el mundo para evaluar el estudio del feto humano durante el parto y el embarazo.

Fue director académico del Pedeciba desde su creación y director latinoamericano del Instituto de Perinatología y Desarrollo Humano.

Recibió más de trescientos premios: medalla de oro del Instituto Dexeus de Barcelona (1976), Premio Abraham Horowitz de la Pan American Health and Education Foundation de la OMS (1984), entre otros.

Efectuó más de doscientas conferencias en las principales universidades de todos los continentes, de las cuales 16 lo han distinguido con el título de Doctor Honoris Causa (1994). Fue nombrado Profesor Emérito de la Facultad de Medicina en 1987 y miembro de la Academia Nacional de Medicina.

Publicó dos libros, trescientos trabajos de investigación original, 15 capítulos para libros monográficos y cinco capítulos para textos reconocidos a nivel internacional.

Fue miembro titular de la Sociedad de Biología en Montevideo (1944), Sociedad Uruguaya de Ginecotología (1947), Asociación Uruguaya para el Progreso de la Ciencia (1950), Asociación Latinoamericana de Ciencias Fisiológicas (1956), Society for Ginecologic Investigation (USA) (1962) y la Asociación Latinoamericana para Investigacion (1954), y fundador del Centro Latinoamericano de Perinatología y Desarrollo Humano (CLAP).

También fue miembro honorario de las siguientes sociedades científicas latinoamericanas: Academias de Medicina de San Pablo (1954), Sociedad Cubana de Gastetricia y Ginecología (1954), Sociedad Obstetricia y Ginecología de Brasil (1955), del III Congreso Latinoamericano de Obstetricia y Ginecología y III Congreso Mexicano de Obstetricia y Ginecología (1958), Sociedad de Obstetricia y Ginecología de Venezuela (1958), Sociedad Chilena de Obstetricia y Ginecología (1959), Colegio Médico de Cirujanos en Costa Rica (1959), Sociedad de Obstetricia y Ginecología de Costa Rica (1959), Sociedad de Obstetricia y Ginecología de El Salvador (1959), Sociedad de Obstetricia y Ginecología de Panamá (1959), Sociedad de Obstetricia y Ginecología de Buenos Aires (1959), Sociedad Argentina de Biología (1962), Asociación Médica Argentina (1962), IV Congreso Mexicano de Obstetricia y Ginecología (1963), Asociación Mexicana de Ginecología y Obstetricia (1963), Sociedad de Obstetricia y Ginecología de Paraná (1963), Sociedad Argentina de Farmacología (1963), Sociedad de Obstetricia y Ginecología del estado de Baja California (1965), Sociedad Peruana de Obstetricia y Ginecología (1965), Academia Nacional de Medicina en México (1966), Sociedad Argentina de Investigación Clínica (1966), Sociedad de Obstetricia y Ginecología de Valparaíso y Aconcagua (Chile, 1967).

Su compañero de facultad y amigo, el no menos célebre investigador Alejandro Zaffaroni, lo definió recientemente como "el mayor exponente de la medicina uruguaya de este siglo".