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Dr. Jorge Dighiero: «Un recuerdo que ayer fue lágrima de muchos»

«Tú no moriste contigo»


Palabras pronunciadas por el Dr. Alberto Cid, presidente del Sindicato Médico del Uruguay, en el homenaje realizado al Dr. Jorge Dighiero al cumplirse diez años de su desaparición física, el 6 de octubre de 1988 en la Cátedra de Cardiología del Hospital de Clínicas «Dr. Manuel Quintela».


Es un honor para el Sindicato Médico del Uruguay participar en este acto de homenaje al Profesor Dr. Jorge Dighiero.

No fui su alumno ni desarrollé mi actividad directamente en su servicio y es por eso que podemos ver su trayectoria, con la distancia que puede darse en hechos del pasado y a la distancia, rehaciendo su currículum, formando opinión liberada de elementos subjetivos.

El Dr. Dighiero fue un excelente y destacado docente de nuestra Facultad de Medicina. Creó una escuela médica, donde se conjugó esa rara virtud que tienen algunos hombres, que resulta de impartir conocimientos al tiempo que modela con su ejemplo, como ser humano; la cortesía, el respeto por los colegas, el trato privilegiado a sus alumnos y especialmente a sus pacientes. Es conocida la preocupación, la angustia y la lucha por mejorar, por avanzar, por alcanzar nuevas tecnologías y terapéuticas para el Hospital de Clínicas. Muchos años de su tarea docente los destinó a distintas comisiones del hospital. Fue gestor de múltiples iniciativas y así desarrolló conjuntamente con otros colegas la cirugía cardíaca de la que Uruguay a su impulso fue pionero en Latinoamérica. Desde el laboratorio cardiorrespiratorio, obtuvo en préstamo del profesor Del Campo una sala para asistir a los pacientes sometidos a cardiocirugía. Estamos hablando de 1955, apenas siete años después de que Murray desarrollara su técnica de cierre de la comunicación interauricular, que luego se abandonaría, o seis años después en que Shapiro comunicara la mortalidad para la coartación de aorta de un 16%.

Junto con otros docentes de medicina, Aníbal Sanjinés, Roberto Rubio, J. C. Abó, Alberto Barcia, darán el paso histórico de transformar la cirugía cardíaca desde ese estado primario a las más modernas formas de cirugía con circulación extracorpórea.

Ya nuestro país y la salud participaban de la crisis económica, que impuso un freno y por ende un retraso tecnológico y científico a ese avance que había proyectado a la cardiología uruguaya a los primeros lugares.

En 1964 era presidente de la Comisión Directiva del Hospital de Clínicas y junto a la inmensa tarea de mantener funcionando nuestro único hospital universitario surgieron ideas de indudable aporte científico-asistencial. Junto al Dr. Hugo Villar desarrollan la idea de la instalación de una unidad de tratamiento intensivo, imprescindible para la asistencia de un sinnúmero de patologías y de aquellos pacientes en P.O. de cirugía cardíaca con circulación extracorpórea.

La impronta económica determinó que recién en 1971 pudiera ser realidad su instalación. Fue el primer CTI del medio nacional y en el que desde su creación se atienden aquellos pacientes que en base a esfuerzo personal y sin ningún tipo de aporte tecnológico asistía el equipo creado por el Dr. Dighiero.

La generosidad de su proceder en este punto -como en el resto- motivó que luego de su creación el Dr. Dighiero no aspirara a su dirección, a pesar de que ya en otros medios existían las unidades coronarias y éstas eran dirigidas por cardiólogos.

En 1966 se crea el primer centro de ergometría nacional y ésta se radicó a nivel universitario como no podía ser concebido de otra forma por el Dr. Dighiero.

Fue de esa generación de Profesores, con mayúscula, que siempre jerarquizó a la Universidad y a la Facultad, que volcó todas sus inquietudes al ámbito universitario, independiente de réditos y privilegios que podría haber logrado externamente y que a la noche de la dictadura cambiaría la orientación de algunos servicios.

Esa defensa del patrimonio universitario lo lleva a renunciar frente al decano interventor de turno, en una carta renuncia que es ejemplo de su trayectoria universitaria de más de 34 años en nuestra casa de estudios.

El Dr. Dighiero no podía anticipar los intereses económicos que empezaban a jugarse, en el país y en la medicina, a través de aparentes medidas administrativas. La dictadura quería, al mismo tiempo que quitarle protagonismo a la Universidad, elevar económicamente a los centros privados y transformar en instituciones lucrativas a algunos sectores de tecnología avanzada.

Persiguiendo al Dr. Dighiero se amparaban ambiciones personales que luego florecerían al amparo dictatorial, industrias que dejaron de ser de «interés nacional» para transformarse en industrias de intereses personales. En esa estrategia, el Dr. Dighiero molestaba y se llegó al extremo de suspender a un docente de la Facultad por reclamar e impedir el desmembramiento de su servicio, obligándolo a renunciar en un documento que fuera publicado íntegramente en el Boletín Noticias del SMU Nº 28 de 1987.

Perseguido, sancionado, impedido de discutir diría en esa carta:

«De todas estas consideraciones surge claramente que no soy moral y espiritualmente apto para convivir en una Facultad que no acepta el cogobierno ni la libertad de cátedra, ni el diálogo abierto».

Más adelante expresaba:

«Es decir, una Facultad que desecha la Democracia Universitaria en la cual nos formamos, que sentimos íntimamente y a la cual respetamos».

En 1985, nuestra Facultad de Medicina rendirá homenaje póstumo al Prof. Dighiero en un acto de estricta justicia con quien fuera la encarnación del pensamiento universitario.

El homenaje que todos le debíamos cuando su muerte -en plena dictadura- se rodeó del silencio y anonimato de quien era un símbolo de resistencia.

Joven aún, murió simbólicamente un 27 de junio, cuando la fanfarria de la dictadura correteaba por las calles, cansado de sufrir con el dolor de compañeros, amigos y alumnos, presos y exiliados, murió en plena tarea solidaria y de resistencia, cuando en su centro se asistía a las víctimas de la cárcel o simplemente del miedo.

Podríamos decir con Eduardo Galeano en el homenaje al periodista chileno José Carrasco, asesinado por la dictadura: «Tú no moriste contigo» porque creación y lucha fueron la impronta del Profesor Dighiero, porque dejó una escuela, dejó sus obras y además dejó sus hijos, brillantes y orgullosos de su padre. En ese orgullo por su padre se establece un compromiso fraterno, que hace que ese recuerdo no se quede apenas en un recuerdo discreto, en soledad, nostálgico.

Ese recuerdo se transforma entonces en germen, iniciativa, creatividad, en un recuerdo compartido, como el que hoy hacemos de su persona.

Ese recuerdo que ayer fue lágrima de muchos, ausencia de todos, oscuridad de un tiempo, y así, con León Felipe, nos atrevemos a afirmar: «Toda la luz de la tierra la verá un día el hombre por la ventana de una lágrima».