jueves 10 de septiembre de 2026
Montevideo 3 de setiembre de 2026.
«La Sociedad Uruguaya de Psiquiatría de la Infancia y la Adolescencia expresa su preocupación y repudio ante la gravísima situación ocurrida el 1º de setiembre en el recinto de la Facultad de Medicina de la Universidad de la República.
La gravedad de lo ocurrido no puede medirse solo por su desenlace. La estudiante sobrevivió al ataque que puso en riesgo su vida, pero podríamos estar hoy lamentando un femicidio más. Expresamos nuestra solidaridad con la estudiante agredida, su familia, sus compañeros y toda la comunidad.
La violencia es un fenómeno social complejo, en el que participan múltiples y diversos factores, y cuyas manifestaciones adquieren una frecuencia e intensidad cada vez más preocupantes.
Como sociedad dedicada a la salud mental de los niños y adolescentes, sabemos que las prevención de la violencia debe comenzar mucho antes de sus manifestaciones más extremas. Implica reconocer señales de alarma, escuchar, intervenir oportunamente y construir redes capaces de sostener las respuestas a lo largo del tiempo.
Creemos imprescindible organizar respuestas adecuadas en los distintos niveles en los que la violencia se origina y desde los cuales puede propagarse. Esto requiere políticas sostenidas, coordinación entre instituciones y una reflexión profunda acerca de las condiciones sociales, familiares, educativas y comunitarias que favorecen su aparición y escalada.
Por ello, consideramos necesario que las instituciones involucradas revisen las actuaciones y los mecanismos de protección existentes, identificar fallas, fortalecer las respuestas y evitar que una situación semejante vuelva a ocurrir.
La suspensión de las actividades académicas constituye una primera medida ante una situación crítica, pero la rápida restitución de la actividad habitual no debería equivaler a un retorno a la normalidad sin que se hayan considerado suficientemente las condiciones de seguridad, contención y acompañamiento de estudiantes, docentes y funcionarios.
Consideramos igualmente importante detenernos en el tratamiento mediático de estos hechos. La forma en que se comunica la violencia contribuye a la manera en que socialmente la comprendemos. Las palabras utilizadas pueden ayudar a dimensionarla o, por el contrario, minimizarla, banalizarla o convertirla en un acontecimiento espectacular.
Prevenir, detectar, intervenir, proteger y dar seguimiento son responsabilidades colectivas que no pueden comenzar después de que la violencia haya alcanzado sus consecuencias más graves.»
Comisión Directiva
Sociedad Uruguaya de Psiquiatría de la Infancia y la Adolescencia
supiasecretaria@gmail.com


