Obituario

Dr. BARRETT DÍAZ POSE

Sepelio - Cementerio del Buceo

Falleció el día 16 de enero de 2007. 

Fotografía del Dr. Barrett Díaz Pose en su juventud.

El Comité Ejecutivo del Sindicato Médico del Uruguay participa con profundo pesar el fallecimiento del Presidente de la Junta Directiva del CASMU y ex Presidente del SMU. Militante gremial desde su época de estudiante, el Sindicato Médico del Uruguay lo contó entre sus asociados más comprometidos e inquietos con la causa sindical y la profesión médica. En los años oscuros de la dictadura, antes de que el SMU fuera intervenido, fue confundador de la Revista Médica del Uruguay. Con hondo pesar hacemos llegar nuestros afectuosos saludos a sus familiares, compañeros y amigos. 

El Dr. Barrett Díaz nació en Montevideo el 23 de abril de 1944, hijo de un taxista y una de las primeras escribanas mujeres que tuvo el país, a quien ayudó en su juventud en su trabajo profesional. Su nombre deviene del escritor español libertario, tan vinculado a la región y particularmente a la Argentina, Uruguay y Paraguay, Rafael Barrett (1876-1910). Ingresó al SMU en julio de 1965.

En la Asociación de los Estudiantes de Medicina se destacó tempranamente por su actuación, y en esa época ocupó la Secretaría General de la Federación de los Estudiantes Universitarios del Uruguay (FEUU). Eran tiempos difíciles, ya que en 1968 moría, baleado por las fuerzas de seguridad, frente a la Facultad de Veterinaria, el primer estudiante universitario caído en la historia del país, Líber Arce. Allí estuvo Barrett dirigiendo la Federación de Estudiantes, cogobernando la Universidad de la República, en momentos críticos y agitados.

En los años 1968 a 1970, integra en el Sindicato Médico del Uruguay (SMU) listas por el lema estudiantil «Asociación Sindicato».

Desde que se graduó en 1972 se incorporó rápidamente a las actividades del SMU, integrando la Comisión de Publicaciones e Información, formando parte del Comité Organizador de la VIIa. Convención Médica Nacional, realizada en diciembre de ese año y accediendo en mayo de 1973, en la última elección de autoridades realizada por el gremio antes del Golpe de Estado del 27 de junio del mismo año, al Comité Ejecutivo por el Lema «Dr. Carlos María Fosalba». Allí fue designado como Secretario Médico, actuando bajo la presidencia del Dr. José Pedro Cirillo, viejo sindicalista, docente universitario y veterano médico exclusivo de zona e internista del CASMU, y acompañado entre los vocales por el joven Br. Felipe Schelotto, hoy Decano de la Facultad de Medicina. En ese difícil período asumió con otros jóvenes colegas las más diversas tareas, en la cuenta regresiva que se sabía correría para la intervención del Sindicato Médico por la Dictadura cívico-militar.

En algún momento, mientras cursaba la carrera de Medicina, y en medio de las agitadas jornadas que vivía el mundo estudiantil, realizó con Juan Carlos Macedo un Curso de Filosofía en la Facultad de Humanidades y Ciencias, donde afirmó las inquietudes que desde su primera juventud tenía, y que signó para siempre su vida, dándole una riqueza intelectual y una profundidad de pensamiento poco frecuente en nuestro medio, caracterizado por la medianía.

Junto a Homero Bagnulo, Hugo Dibarboure Icasuriaga y Juan Carlos Macedo, fundaron la Revista Médica del Uruguay, cuyo primer número apareció en agosto de 1974. Luego del Paro General que fue la respuesta dada por el pueblo uruguayo a la Dictadura, con el encarcelamiento primero y la deportación después del Dr. Manuel Liberoff, que era Tesorero del mismo Comité Ejecutivo y a la vez se desempeñaba como Redactor Responsable del entonces Boletín «Noticias», Barrett Díaz asume la dirección de ese órgano, que desempeñaría un papel trascendente en la articulación de la resistencia de los profesionales médicos y particularmente en la creatividad de nuevas alternativas para mantenerlos agrupados y en continua comunicación.

La Intervención de la Universidad, y la clausura para muchos docentes del ámbito de libertad existente en la Facultad de Medicina, obligó a pensar nuevas estrategias para seguir manteniendo unidos y comunicados a los médicos. Junto a sus colegas organizó, en el SMU, una serie de actividades culturales y científicas, que permitieron tomar contacto con destacadas figuras de la Medicina y Cirugía argentinas, siendo recordadas las actividades académicas celebradas con los hemato oncólogos hermanos Dres. Pavlotzky, con el equipo de Toxicología del Dr. Astolfi, con los equipos de los Dres. Bertolasi (cardiólogo) y Roncoroni (Neumólogo), con los cirujanos Profs. Guillermo Cottini y Prof. Emilio Etala, o con el Profesor de Hematología del Hospital Pitié de París, Jacques Louis Binet, entre otras personalidades, que unidas a las mayores figuras de la Medicina y Cirugía nacionales que hicieron jornadas históricas asistidas por cientos de colegas. Fueron las famosas instancias del Ciclo de Cultura Médica, que abarcaron los años 1974 y 1975 en el Palacio Sindical, de Colonia y Arenal Grande.

En el Boletín «Noticias» comenzaron a publicarse artículos de jerarquía, hasta entonces ajenos a ese medio, que era un tabloide empleado para la difusión de informaciones de contingencia. Así aparecieron algunos sobre Historia de la Medicina, con la contribución del Prof. Washington Buño, sobre Responsabilidad Médica y Malapraxis, y sobre el Médico frente a la Muerte, recogiendo publicaciones realizadas en «Le Monde» de París, por el Dr. Escoffier Lambiotte, con autorización de dicho medio de prensa. Por su condición de Redactor Responsable, fue detenido por la Dictadura en una ocasión, justamente para pedirle cuentas de sus publicaciones, como era de estilo en la época.

Al mismo tiempo hizo énfasis en la Educación Médica Continua, recordándose los editoriales que a propósito del tema ya hacía en esos años, y estimuló para que apareciera en nuestro medio la versión en español de «La Carta Médica» una publicación sobre drogas y terapéutica que reunía múltiples fuentes de información independientes, bajo los auspicios de la Organización Panamericana de la Salud. Esta herramienta se difundió ininterrumpidamente desde 1975 hasta el año 2003, en que dejó de aparecer por disposición de sus editores de la OPS. Debe consignarse que la misma contó siempre con amplia aceptación y atención por los colegas de todo el país.

La «Revista Médica del Uruguay» que retomó por iniciativa del grupo que él integró, el nombre de la publicación médica más antigua del país, recordándose al respecto en el primer número un editorial del Prof. Washington Buño, que historió la sucesión de las revistas médicas nacionales y la significación de la que ahora aparecía adoptando el viejo nombre, tuvo larga vida y mejor trayectoria. Sin duda se transformó en un proyecto con visión de futuro, como medio de difusión y publicidad de la producción científico-médica nacional, que ha tenido continuidad, incluso a lo largo de la Intervención, aunque desviando los propósitos iniciales.

En lo académico, la dictadura y la intervención de la Universidad de la República y de la Facultad de Medicina, significaron un quiebre en su carrera, que apuntaba a la docencia. Después de realizar el concurso del Internado, cargo que ejerció, como muchos compañeros de generación por un largo período de siete años, le fue impedido realizar el concurso para la Residencia y para Jefe de Clínica (Grado 2) de Clínica Médica. Una larga permanencia en servicios como la Clínica Médica y Semiológica dirigida por el Prof. Dr. Jorge Boutón, o el Instituto de Enfermedades del Tórax, dirigido en el Hospital Saint Bois por el Prof. Dr. Pablo Purriel y el Prof. Dr. Víctor Armand Ugón, cimentaron una formación clínica y humanística exigente. No obstante se mantuvo vinculado a su grupo de estudios, que luego seguiría diferentes direcciones: Bagnulo en Montevideo, Dibarboure hacia Venezuela primero y hacia Barcelona después; Macedo hacia Migues donde sentaría la base de una cátedra extra-universitaria, conocida como «el Grupo de Migues», referente en la Medicina Nacional de las décadas del 70 y el 80.

Inauguraron, Barrett y sus compañeros de aventura, una revista de sólida raigambre científica, orientada a la formación y actualización del médico general, abierta a todas las personalidades médicas y quirúrgicas del país, recordándose en sus primeros números algunos artículos señeros, como el tratamiento de la Esofagocoloplastia en el cáncer de esófago del Dr. Franco Gómez Gotuzzo, de Artigas, la Digitalización en la Práctica Clínica, por el Dr. Luis E. Folle, Infarto Agudo de Miocardio por el Dr. Oscar Bazzino, de Rocha, Pautas terapéuticas en la Hepatitis Aguda por el Prof. Atilio Morquio y colaboradores, Ascitis en la práctica clínica, por el Prof. Carlos A. Gómez Haedo y colaboradores; el tratamiento de la Diabetes Mellitus del adulto, por la Dra. Perla Temesio; Ictericias médicas, quirúrgicas y pediátricas, con la colaboración de los Dres. Irma Gentile Ramos y Raúl C. Praderi, número éste que vio la luz cuando ya la oscuridad había cubierto a las autoridades del Sindicato. Esta publicación servía no sólo para la actualización de los médicos en ejercicio, sino también para quienes estaban preparando sus exámenes de las Clínicas, o para los que se entrenaban para sus concursos de ingreso a la carrera asistencial o docente.

Las actas de las Asambleas y del Comité Ejecutivo de aquel entonces, recogen su palabra viva, encendida y brillante, dando ánimos y conduciendo, con la valentía de la juventud y la lucidez de su inteligencia, a los colegas en las horas más tenebrosas. Ayudando a los familiares de los médicos y practicantes detenidos, haciendo gestiones ante las autoridades civiles y militares para la liberación de los médicos y practicantes presos. Realizando denuncias ante los organismos médicos y humanitarios internacionales por la protección de los Derechos Humanos de los colegas detenidos o desaparecidos, porque a veces pasaban semanas o meses sin que se tuviera noticia de ellos, luego que eran aprehendidos. En fin, acudiendo a todas las instancias que en aquel momento eran viables para pasar noticia de lo que aquí ocurría.

A partir del 1º de octubre de 1975, en virtud de la intervención dispuesta por el Gobierno de facto a la persona jurídica Sindicato Médico del Uruguay quedó separado de sus funciones directivas, conjuntamente con los demás integrantes de los órganos de gobierno legítimos de la entidad. Algunos fueron hechos prisioneros, otros marcharon al exilio, otros fueron despojados de sus cargos universitarios.

Este cuarteto de médicos jóvenes y pujantes, al cual cada uno aportaba sus particulares cosmovisiones y su capacidad de realizar, hicieron, en medio de las dificultades, un nuevo y fortalecido Sindicato Médico, donde acudían masivamente los colegas para encontrarse con esas ilustres figuras visitantes y a la vez departir, encontrarse, susurrarse o confiarse algo que en otros ámbitos, como la Facultad de Medicina, estaba ya absolutamente proscrito. En los locales universitarios y en los ministerios, debemos recordar, se solicitaba a quienes ingresaban bajo rigurosas medidas de seguridad, cédula de identidad, y a los estudiantes se les fiscalizaba el largo de su cabello, bigote o patillas, el uso de pantalones vaquero o a las chicas el uso de pantalones, lo que estaba terminantemente prohibido. La Inquisición había entrado en el país para sumirlo en una hora de penumbra y dolor que llevaría más de doce años.

Dentro de esas múltiples actividades, destaca el impulso dado a la teoría de la clínica, y diversos aspectos de reflexión acerca de la Medicina General y Familiar, algo que era pionero para la época, y que demoró muchas décadas en ponerse en el centro de los cambios en la atención de salud.

Uno de los últimos editoriales que escribió antes de la Intervención del Sindicato Médico se titulaba «La Larga Noche Precrítica», a propósito de una cadena de artículos que trataban de la Medicina General y Familiar, una serie que valdría la pena releer y difundir, para ver cuánta verdad encerraba su visión de entonces, compartida por sus compañeros. Decía entonces, en páginas memorables: «Atendemos a uno de los problemas dominantes: la recreación de la cultura médica». Y efectivamente lo hicieron, aunque lamentablemente por poco tiempo.

Pasa su largo exilio, entre 1977 y 1991 en distintos puntos de Venezuela, de la que alcanzó a ser ciudadano, y en la que revalidó su título y trabajó como médico, llegando a dirigir una unidad cardiológica de PEDEVESA (Petróleos de Venezuela Sociedad Anónima) en Maracaibo. Por ese tiempo tuvo ocasión de visitar reiteradas veces los Estados Unidos y sus principales centros médicos, como obligaciones de su cargo de supervisor médico de la actividad clínica. Fue miembro de la Federación Médica Venezolana y mantuvo estrecho contacto con la colonia de médicos uruguayos que encontraron refugio para su exilio en aquél país hermano.

Fotografía del Dr. Barrett Díaz Pose siendo Presidente del SMU

Desde su retorno en 1991 al Uruguay, fue progresivamente reanudando actividades médicas y gremiales.

Allí integró la Comisión de Educación Médica Continua y la Comisión de Colegiación Médica, siendo con el paso del tiempo Miembro Responsable de ambas. En 1999 ingresa al Comité Ejecutivo del Sindicato Médico, acompañando en su segundo período a la presidencia del Dr. Juan Carlos Macedo. Desde 2001 presidirá dicho Cuerpo hasta el 2003. Es por ese tiempo que ocurre la crisis económico-financiera del 2002, que determinaría la más grave situación de Emergencia Sanitaria Nacional, inclusive con el cierre de la Emergencia del Hospital Universitario. Se crea a nivel del Ministerio de Salud Pública un comité de crisis, que él integra, para llevar adelante algunas pautas que luego serían seguidas más allá de la situación, de coordinación de compras en el sector público y de articulación en algunas actividades con el sub-sector privado. Desarrolla buenos canales de diálogo con las autoridades de salud de cada período, para articular soluciones a las dificultades crecientes que se iban dando en las diversas instituciones de atención médica colectiva, en particular con el cierre de varias de ellas (como CEMECO, MIDU, COMAEC, Central Médica, entre otras). A mediados del año 2003 pasa a desempeñarse como Presidente de la Junta Directiva del CASMU, cargo que ha desempeñado hasta este momento.

En la actividad médica internacional, formó parte de las delegaciones y fue Vicepresidente de la Confederación Médica Latinoamericana y del Caribe (CONFEMEL), participando en sus asambleas y congresos a lo largo de los últimos ocho años. En la Asociación Médica Mundial ocupó un sitial en el Consejo, en representación de las Asociaciones Médicas de América Latina. En lo asistencial, se preocupó por atender al desarrollo de las modalidades alternativas a las jurisdiccionales, como formas válidas para tratar y resolver las diferencias en la relación médico-paciente-familia, bregando por la conciliación y mediación, tomando particularmente en cuenta las experiencias que conoció en México a través de la Comisión Nacional de Arbitraje Médico (la CONAMED), con la que el Uruguay firmó, por vez primera en la primavera de 2001, un Convenio y realizó diversos cursos y actividades para realizar esta actividad entre las que ejecutan las instituciones de salud de nuestro medio.

Su capacidad para comunicar y comunicarse con los compañeros y con el público, particularmente se puso en evidencia cada vez que se requirió su participación. Sus discursos generalmente improvisados pero con una clara guía de la exposición, se caracterizaban por la fuerza y la vibración que trasmitían a quienes lo escuchaban, su entusiasmo y dinamismo. Cuando hace unos años falleció inesperadamente su entrañable amigo Juan Carlos Macedo, le decía y nos decía, para consolarnos: «Tú sólo te nos adelantaste un poquito», mostrando la relatividad de la vida y la dialéctica de los acontecimientos. Nadie hubiera pensado, en aquel instante, que pocos años más tarde, se haría realidad. El 1º de marzo de 2005 hizo eclosión una enfermedad grave, que lo sorprendió en plena actividad, y tuvo que atravesar duros tratamientos, peleando día a día por su vida, aceptando las terapéuticas radicales y cada nueva etapa como una prueba a superar para llegar a la tan ansiada como esperanzada curación. Lamentablemente, cuando todo hacía suponer que se estaba en vías de llegar a la última valla, se quebró la resistencia y se hizo imposible seguir más allá, en las etapas que le esperaban en la vida. Nos deja el ejemplo de su lucidez, su decisión, su coraje y su creatividad para salir adelante. Su pasión y compromiso por los cambios. Esa brújula interior orientada a transformar ideas en realidades. Hasta hace pocas semanas, estuvo al frente de la Junta Directiva del CASMU, haciendo los contactos y asumiendo las dificultades propias de la hora. Su vida ha sido un ejemplo de lucha y valentía, ingresando sin duda, al lugar reservado para los grandes sindicalistas médicos y los ciudadanos más destacados por sus aportes a la sociedad.