Obituario

Prof. Em. Dr. Carlos Alberto Gómez Haedo
(1924 - 2010)

Falleció en Montevideo, el jueves 16 de setiembre de 2010. Había nacido el 9 de setiembre de 1924.

Su actuación en la Facultad de Medicina se inició siendo Ayudante de Clínica Médica “A”, junto al Prof. Julio César García Otero, en 1953. Egresó el 1º de abril de 1953, recibiendo la Medalla de Plata de su generación. A partir de allí fue Adjunto de Clínica Médica y posteriormente Asistente, en la Clínica del Prof. Fernando Herrera Ramos, que había sido su instructor de Semiología. Fue también Jefe de Sala del servicio de Emergencia Médica del Hospital de Clínicas “Dr. Manuel Quintela” y Jefe de Clínica Externa. Alcanzó los grados de Profesor Adjunto de clínica Médica en el Hospital Maciel, en 1970, culminando como Profesor Director de la Clínica Médica “B”, a partir de 1985. Designado Profesor emérito de la Facultad de Medicina, integró primero el Consejo como representante indirecto de los Estudiantes, integrando sucesivamente diversas Comisiones de evaluación docente, y de la Comisión de Ética y Conducta Universitaria. Asimismo integró la Asamblea del Claustro de la Facultad de medicina por dos períodos, entre 1991 y 1994. Miembro de la Comisión de Análisis y Propuesta de Modificaciones al Plan de Estudios de Pregrado en Medicina. Participó en numerosas jornadas y Congresos en el País y en el Exterior, a los que presentó importantes trabajos científicos. Ha sido a lo largo de su actuación un entusiasta comunicador y organizador de encuentros de actualización con los colegas del interior del País, que lo han contado decenas de veces a lo largo y ancho del territorio, en actividades precursoras de la Educación Médica Continua.

De su actividad asistencial destaca su actuación como Médico de Zona del CASMU, médico del Servicio de Urgencia, Médico Internista de Sanatorio, Médico jefe del Departamento de Medicina Interna y Médico consultante del CASMU. Fue durante toda su vida, médico exclusivo de esa institución de raíz gremial, a la que defendió con su trabajo y su amplio conocimiento. Por la década del 60 instaló en Sayago una experiencia piloto en Medicina Zonal, que muchas décadas más tarde daría origen a las UPECAS, pero que sería el fundamento del régimen de asignación de pacientes por listado tomando a un médico permanente de referencia. Lo cual vino a buscar consagrarse muchos años más tarde, reconociendo la excelencia de su propuesta.

En su actividad gremial destacan sus actuaciones como Presidente de la Junta Directiva del CASMU, Secretario del Comité ejecutivo en el período 1965-66, acompañando al Dr. Atilio Morquio. Integró las Comisiones de Ética y Calidad de Atención Médica del Ministerio de Salud Pública. Participó en la organización de Jornadas sobre Ética y Tecnología. Concurrió al Congreso Internacional de Bioética y participó en Cursos, Jornadas de bioética y Sobre Ética y Calidad de la Atención Médica, y representó al SMU en múltiples encuentros de Salud Colectiva del Cono Sur, y el 1er. Encuentro Nacional de salud Colectiva en la que participaron los países del Cono Sur.

Comunicador incansable, ha sido Director de la revista Acción Sindical y del Boletín Noticias; permanente colaborador de la Revista Médica del Uruguay, desde sus comienzos en 1974. Fundador de la Comisión de Educación Médica Continua del SMU y Asesor de la misma.

Fue Presidente de la VIIa. Convención Médica Nacional, realizada en 1984. Defensor en todas las horas, aún en las más duras, de los principios éticos que – según él – impedían al médico recurrir a la huelga o el paro para reivindicar sus reclamos.

Un gremialista auténtico, un universitario ejemplar, un profundo conocedor del alma humana, al que recurrieron como médico de cabecera los más ilustres y los más modestos pacientes, a todos los que dispensó su consejo y su cuidado con el mismo esmero, cordialidad y simpatía. Ayudándolos a sobrellevar los momentos difíciles. Fue un defensor de las Libertades y a través de la revista Compendio, de la que fue director, hizo de esa herramienta de comunicación un medio de vinculación y resistencia, a través del conocimiento, de los médicos uruguayos. Su casa, de la Avenida Sayago, fue testigo de las reuniones de los lunes, donde compartieron por décadas momentos de discusión clínica, de literatura médica y de asuntos de coyuntura, con entrañables amigos, como José Pedro Cirillo, Roberto Avellanal, Isidoro Sadi, Juan Carlos Macedo, Omar Etorena, entre algunos de los más consecuentes, ya desaparecidos.

Su espíritu tolerante y cordial, tendió puentes con todos los sectores del pensamiento nacional, ayudando a construir una comunidad de debate, buscando la justicia social. Fue un médico auténticamente hipocrático, leal en el debate, y firme en sus convicciones, que defendió sin ofender. Enseñó y practicó lo que decía Michel Balint, que el médico era también medicamento para su paciente.

Una de las más grandes figuras que tuvo el Sindicato Médico en los últimos cincuenta años. Sin duda, un referente en lo médico, en lo ético y en lo humano. Él rescató y difundió el pensamiento médico, estudiantil y gremial universitario, que anterior a la Reforma Universitaria de Córdoba de 1918, continuó atravesando todo el siglo XX hasta llegar al XXI, a través de la Asociación de los Estudiantes de Medicina, de la Universidad de la República y su Facultad de Medicina, del Sindicato Médico del Uruguay y su Centro de Asistencia.

Reunió toda esa grandeza, de legado y trayectoria, en un marco de profunda modestia, permaneciendo siempre arraigado a su querido barrio de Sayago que lo tuvo, desde que se graduó y consagró a la atención de sus habitantes, como uno de sus seres más brillantes y destacados.

Llegue a sus familiares, compañeros, discípulos y amigos, la solidaridad ante esta irreparable pérdida, de un referente de la Medicina Nacional.

Que descanse en paz.

Dr. Antonio L. Turnes
16 de setiembre de 2010